martes, 13 de febrero de 2018

En el morenismo cabe de todo

  en Columnistas/Las Ideas  por 
Con Moreno, en el mismo gobierno caben varios gobiernos. Caben personajes con versiones incompatibles y parecen no notarlo: el socialismo chavista de la mano del rentismo empresarial. La apertura comercial y el proteccionismo. La denuncia contra la corrupción y la reubicación de los acusados. La denuncia del colapso económico del correísmo y el continuismo.
Con arbitraria condescendencia se concluye que la política internacional es culpa de la ministra Espinosa y se cree que Moreno solo se deja llevar. La alienación con la ALBA reunida recientemente en La Habana, el discurso de la soberanía, el rechazo a la intervención del Sistema Interamericano en los asuntos de política interna, la protección a un acusado de delitos sexuales a quien se regaló la ciudadanía; todo ello expresa, sin duda, la identidad ideológica que Moreno ha dado a su gobierno. La Canciller encaja por su formación correísta, por haber impulsado la misma agenda durante su gestión en funciones iguales, bajo órdenes de Correa.
Pero, ¿cómo cuadra esta forma de manejo de las relaciones internacionales, con la intención del ministro Campana de buscar un acuerdo comercial con el Imperio y alinearse con la Alianza del Pacífico, megaproyecto de mercados abiertos en el que ningún gobierno chavista está integrado? Seguramente, luego de que Moreno instruye a la Canciller levantar la bandera raída de la soberanía y solicita al ministro de Defensa festejar el carácter castro-chavista de la Alba, pide al ministro de Comercio llamar al embajador norteamericano para hablar de un TLC.
Todo cabe en el gobierno de Moreno. Cabe hablar de abrir mercados y, al mismo tiempo, imponer aranceles que son medidas regresivas de protección a los amigos empresarios, o sobretasas para encarecer las importaciones. E impresiona que esta rotunda inconsistencia sea aplaudida por representantes gremiales.
Moreno, con la soltura que le da su simpleza, informó que había pedido a sus ministros reducir gastos. Ya resulta pesada esa levedad. La austeridad manejada con voluntarismo, sin tener en cuenta el impacto estructural del desbordado despilfarro. Pero si fuera real la intención de reducirlo cabe, dentro del mismo gobierno, ese discurso y la mano abierta para el clientelismo de más  subsidios a los pobres creados por la revolución y, peor aún, el inmoral uso del presupuesto deficitario para empresas politizadas y quebradas por la revolución. Tame recibirá una ayuda estatal, que viola además las normas de competencia, para sostener su colapso.
En el mismo gobierno cabe la denuncia de la crisis creada por Correa –la mentirosa mesa puesta– y la simplona conclusión de que aún nos alcanza para más deuda porque la economía crece. De ser eso así, Moreno debería retractarse de las críticas al manejo económico de Correa. Durante su periodo la economía creció y se sostuvo como se sostiene un castillo de naipes. Sobregasto y endeudamiento. ¿Comprende Moreno lo que dice? Por lo menos no está escuchando lo que le recomiendan los observadores externos que reclaman verdadera reducción del gasto estatal y medidas estructurales para ordenar las cuentas fiscales.
En el mismo gobierno cabe el discurso de la reactivación económica asentada en la inversión privada y la repetición de medidas impuesteras y nuevos controles estatales para desestimular la inversión privada. ¿Por qué a los socialistas, a esta nueva ralea de izquierdistas de zapatos Ferragamo y corbatas Hermes, les resulta tan difícil entender las evidencias empíricas de aquellas economías que confieren al inversionista las certezas y las garantías para arriesgar inversión productiva que debe tener un perfil de quince años, por amortizaciones y por penetración de mercado?
El gobierno administra un conjunto de escenarios que deben ser previstos y ejecutados globalmente. Lo que se hace en lo político, incide en lo económico. La economía responde a esas variables políticas que afectan la confianza en las predicciones positivas y que convierten a un país en destino de inversiones. Un sector del gabinete muestra una postura en lo ideológico que es incompatible con lo que intenta otro sector del gabinete: se neutraliza su posible impacto positivo.
Moreno muestra las inconsistencias de un proyecto sin proyecto que aparenta ser diferente a lo que ha criticado. Muestra la incoherencia de mostrarse distinto de Correa pero encapsulado en sus taras de un gobierno de secta. Un gobierno pensado desde la óptica fracasada del socialismo más torpe y con declaraciones que son meros intentos de salir de ese molde: eso lo exhibe confuso, contradictorio. Tanto como convocar al diálogo, tanto como calificar a su gobierno como de “todos”, pero no de “todos” sino solo de ellos excluyendo al electorado de derecha, que se aproxima al 35% y que votó a favor de la consulta convocada por el gobierno que ahora los excluye del “todos”.
En un ejercicio de sentido común transformar la estructura correísta –si esa es la intención– requiere un pacto político entre izquierda y derecha. Reinstitucionalizar la democracia y superar la crisis maquillada irresponsablemente por la ficción de la deuda, requiere decisiones políticas y leyes que deberán legitimarse con esos entendimientos mínimos. Si la intención es mantener al correísmo sin Correa, entonces que Moreno persista en el curso que los hechos marcan.

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