lunes, 5 de febrero de 2018

Lenín Moreno, un triunfador en serios aprietos

  en La Info  por 
El cambio de guardia en Carondelet, la mañana siguiente al triunfo del Sí en la consulta popular del 4 de febrero, no fue una ceremonia más como las que se hacen todos los lunes desde que Rafael Correa impuso la tradición. En esta ocasión la ceremonia llevaba una especial impronta triunfalista.
Ahí estuvieron casi todos los ministros, que no son pocos, y hubo toda una logística para que en la Plaza de la Independencia haya más gente. Incluso se incorporó a la ceremonia la declaración y presentación oficial de un nuevo héroe nacional: Alonso de Illescas, cacique negro que durante la colonia declaró efímeramente la independiente de su pueblo de la corona española. Fue todo un acontecimiento.
La escena, sin embargo, es un espejismo. En estricto sentido de la realidad, los ministros y sobre todo el Presidente tienen más motivos para estar angustiados que triunfalistas por lo que se viene luego del triunfo del Sí. Moreno y su equipo de Gobierno deben saber que el resultado de la consulta es, más que el inicio de una etapa de fortaleza y poder como aparentan, el fin de una etapa de tregua política.
Si Moreno y los suyos no son capaces de entender aquello ahora, pronto sentirán que un importante sector de la sociedad, sobre todo la que opina, milita y delibera, le había concedido unos meses de tranquilidad porque estaba convencida de que primero había que ganar en la consulta antes de exigir los cambios y las medidas que considera fundamentales.
DURANTE EL TRIUNFALISTA CAMBIO DE GUARDIA EN CARONDELET
En ese sentido, es evidente que del triunfo del Sí salieron dos personajes en aprietos: Correa porque está fuera, al menos por un tiempo, del campo de batalla electoral y Moreno porque tendrá que entender las demandas de las fuerzas sociales que le dieron el triunfo al Sí. Unas demandas que, tarde o temprano, le exigirán que sacrifique a figuras de su entorno, muchas de ellas entrañables para él, que representan precisamente aquellas cosas que la sociedad aglutinada tras el Sí no quieren más en el poder.
¿Moreno y los suyos son capaces de entender el mensaje global del Sí o únicamente aquella parte que, aparentemente, les hace sentir más fuertes? Existen declaraciones y actitudes de la corte morenista que hacen pensar que el mensaje global no ha sido procesado. La canciller María Fernanda Espinosa, por ejemplo, dijo durante una entrevista en Teleamazonas luego de conocer los resultados, que ha llegado la hora de poner en práctica el plan de gobierno con el que Lenín Moreno ç ganó las elecciones. La afirmación de Espinosa implica, sin duda, que se desconozca olímpicamente el hecho de que la mayor fuerza tras el Sí no fue el el proselitismo que pudieron haber hecho funcionarios como ella o sus colegas del Gabinete sino el masivo descontento y rechazo que existe en la sociedad ante el legado autoritario y corrupto del correato. 
Independientemente de las dudas que aún existen sobre el resultado de las anteriores elecciones, poner en marcha el plan de Gobierno de Lenín Moreno significa, primero, cumplir con un proyecto que fue diseñado por el propio Correa quien dio la bendición para que Moreno sea candidato. Ese plan de Gobierno implica además, continuar con conductas y políticas que abominan las fuerzas sociales que estuvieron tras el Sí. Entre esas la vergonzosa alcahuetería de Espinosa al militarismo populista y mafioso del gobierno de Venezuela y su convencimiento, puesto de manifiesto en la Agenda de Política Exterior, que los acuerdos comerciales son perniciosos para el Ecuador.
Seguir fieles a lo que Espinosa llama el plan de Gobierno que ganó en las elecciones es, además, continuar con otras políticas que rechazan quienes hicieron ganar al Sí. Entre esas la política económica que sigue sustentada en un inmenso gasto público y en la visión estatista de la sociedad, así como en mantener a un equipo económico que socapó las trampas y mentiras que Rafael Correa hizo para pagar su incontinencia fiscal.
El tema de la minería es otro que debería tener inquieto al morenismo.  El triunfo del Sí se consiguió gracias al apoyo de fuerzas sociales que apoyaron la pregunta relacionada con el fin de la minería en zonas protegidas. Eso signfica que habrá que revisar algunas concesiones que están en marcha y todo un modelo heredado del correato que da prioridad al extractivismo sobre la opinión y la volunad de las comunidades. ¿Van a cumplir con el mandato expresado en la consulta? Hacerlo ocasionará sin duda un cierto nivel de estrés para las finanzas públicas de un país acostumbrado a mantener el elevado gasto público gracias a la explotación de materias primas.
El estado emocional del Ecuador post correísta y post consulta no parece estar dispuesto a entregar cheques en blanco al gobierno y eso debería ser un motivo de inquietud y no de triunfalismo en el poder. Con el triunfo del Sí, se ha dado un espaldarazo para cambiar al Consejo de Participación y Control Social del correato, pero si Moreno decide actuar como su antecesor y coloca ahí a sus amigos, el costo político será significativo.
Existe un estado generalizado de hartazgo e indignación con la corrupción y el abuso de poder del correísmo y montar un Consejo de Participación que llegue a nombrar a nuevo Fiscal, Contralor o Procurador que en lugar de proteger a Rafael Correa proteja a Moreno sería insoportable. Moreno debería saber, al igual que sus colaboradores, que esa sociedad que estuvo tras el Sí no va a ver con buenos ojos que se nombre, por ejemplo, un Fiscal o un Contralor que no estén dispuesto a hurgar en los supuestos actos de corrupción no solo de quienes ahora están en el bando de los correístas rabiosos sino también de los que se quedaron en el Gobierno y que ahora se fotografían jubilosos y triunfalistas en el cambio de guardia.
¿Estará Moreno dispuesto a nombrar a un Consejo de Participación que nombre a un Fiscal que eventualmente podría investigar sus gastos en Ginebra o a su Fundación que se alimentaba de los honorarios que ganaba dando charlas de superación en instituciones del gobierno de Rafael Correa? ¿O la desaparición de la deuda del Biess mediante una pirueta contable hecha por su mimado Richard Espinosa?
Hay más de un motivo para pensar que el triunfo del Sí se debe más al cabreo nacional frente al despilfarro, la corrupción, el autoritarismo y el abuso de poder del correísmo que al trabajo de proselitismo de Moreno y los suyos. Por más que Moreno haya tenido la iniciativa de dar viabilidad al proceso para desterrar a Correa de la política, existe una corriente bastante grande que no perdona que en su gabinete o en las instituciones sigan figuras identificadas con el correato como María Fernanda Espinosa, Rosana Alvarado, Fánder Falconí o José Serrano.
No faltan motivos para que en Carondelet haya habido un relevo de guardia jubiloso y triunfalista. Quitarse de encima a la sombra de Rafael Correa con su corte de Gabriela Rivadeneira, Ricardo Patiño o Augusto Espinosa no es poca cosa. Sin embargo, el Sí llega de la mano de una serie de procesos sociales que representan una enorme presión para el Gobierno.
Lenín Moreno, si tiene la capacidad para leer el momento del Ecuador post consulta, tarde o temprano terminará traicionando a quienes heredó del antiguo gobierno y que están convencidos de que el resultado de la consulta fue una botella de oxígeno para el Gobierno.  Si no lo hace, habrá hecho méritos para perder todo su capital político. 

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