domingo, 14 de octubre de 2018

Cultura del robo



Aurelio Maldonado Aguilar
Por AGN - 11 octubre, 2018193
El gran problema del Ecuador actual, es la corrupción generalizada. El decir que nos aqueja como país un cáncer letal, no es una falacia ni una hipérbole. Comprobado hasta la saciedad y en forma repetida y habitual, nos sorprende la corrupción en mil y una imaginativas formas de presentación, pues va desde sobreprecios, coimas y diezmos, que pasando por fallos judiciales y títulos falsos, se regodea como una práctica y conducta casi normal y habitual, amparada en aportes voluntarios obligatorios, cosa entre privados, coimas que no dañan al estado y otras muchas sandeces repetidas con descaro y con total inmunidad.
Tenemos sin duda alguna un cáncer agresivo difícil de erradicar, pues el tumor primario está en las altas élites de la función gubernamental, para luego cundir con sus metástasis lesivas como una loca pandemia a todo nivel, pues los casos se repiten igual de dolosos, aunque en diferentes magnitudes y montos, pues conforme vamos descendiendo en la cadena burocrática, siguen omnipresentes. La cirugía mayor requerida para sanear nuestro país, es tan brutal que no se animan los cirujanos a entrar tan siquiera al quirófano, pues la instrumentación que pretendería sanarnos es tan masiva y radical que ni los expertos en cirugía política atinan a seguir y comenzar los cortes y vamos morosos y atribulados con la dolencia a cuestas.
Cultura, es la palabra. Mientras sigamos con la cultura del latrocino y de encaramarse a como de lugar en la cúspide política para enriquecerse rápidamente e incluso afrontar como posibilidad un destierro o una pequeña temporada de cárcel para luego salir muy campantes y desvergonzados a lucrar de lo mal habido como observamos con algunos personajes con grillete en sus tobillos por ladrones que continúan queriendo seguir en la palestra y campaña con inmunidad.
Pues mientras no cambiemos la cultura del robo con la positiva cultura de la honestidad, patriotismo y pundonor, no podremos salir de la vorágine perversa que nos rodea. Algunos países que son hoy ejemplo, lograron en poco tiempo el cambio de cultura de la que hablamos, pero implementando muy drásticos correctivos que incluyen pena capital para los corruptos. El miedo infunde conducta y marca la recta honesta, pues bien saben que estando en puestos políticos, tienen que ser honestos o no sobrevivirán. Se dice que cada hombre tiene su precio y que se rompe su honesto proceder cuando se llega a este. Si es verdad. Sin embargo si lográramos cultivar la dignidad y honestidad las cifras requeridas para torcer un espíritu decoroso, es cada vez más alto y en algunos casos será imponderable alcanzarlo como han demostrado grandes líderes y personajes que honran la humanidad misma.
Pues entonces ¿qué nos toca? El adalid actual de la justicia, el Doctor Trujillo, no alcanza con el monumental proceso de saneamiento burocrático por él y su equipo emprendido. Lenin es una marioneta que se encuentra en la disyuntiva de encarcelar a sus antiguos camaradas e incluso, sabiendo que son muchos de ellos corruptos, los perpetúa solapando y ofreciéndoles cargos claves que no darán resultados positivos.
Él siente que la corrupción pasada, la más enloquecida y organizada lo colocó en el solio presidencial y le debe favores inmensos, de tal manera que evita colocar las manos en esos cuellos para que no le tilden como la hacen regularmente de traidor. Atado, aunque reconozco que ha hecho mucho en su gobierno pero siempre por auxilios ajenos, va ya en buen tiempo de gobernar y yo no siento que haya logrado ni de lejos, lo esperado con la cirugía mayor ofrecida. Seguimos teniendo trásfugas y malandrines enquistados en la Asamblea y en altos cargos y la cultura de la corrupción continua con su cátedra organizada y lesiva, lastimosamente, mientras boqueamos. (O)
DIARIO EL MERCURIO

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