martes, 12 de diciembre de 2017

JUSTICIA DE MARRAS



Quizá sea el término adecuado para referirnos a la justicia y sus tribunales, que son
“claramente conocidos” (marras), por sus actos dolosos en litigios que terminan
favoreciendo a los delincuentes y criminalizan a los inocentes, en función de la coima. De
esta manera cada vez se ve más lejana la batalla moral entre los jueces y la gente con
ideales y sed de justicia, que reclama el fin de la corrupción y el cese de la impunidad.
Cuando se conoce la existencia de una red dedicada a la adulteración y falsificación de
medicamentos caducados y trasladados a una bodega clandestina en Cuenca, que contaban
con maquinaria de blisterado, selladoras, etiquetadoras, encapsuladoras para colocar fechas de
caducidad adulteradas y registro, realmente no nos sorprendió la denuncia, sino la parcialización
de abogados y jueces, desde las investigaciones preliminares, negándose a buscar donde sabe que
tiene que buscar, para encontrar a los seguros culpables señalados por confesiones ya juzgadas.
Aunque está claro que tiene muy bien sus dos ojos, su cerebro procesa selectivamente la
información que recibe a través de las ventanas de su alma comprometida y “la línea que le han
bajado”. Así, para los efectos, es absolutamente tuerto. Y demasiadas veces totalmente ciego,
porque está ahí para procurar ver y no ve nada, cuando le piden que no vea.
Y su tuertez, no siempre es del mismo órgano visual. Cuando no quiere ver determinada
situación se queda ciego del lado que no quiere ver nada de eso. Después, ante una
situación distinta, tiene la habilidad de padecer de ceguera parcial del otro lado que
tampoco quiere ver nada de lo otro.
De ahí que la decisión del juez que acaba de decretar el sobreseimientos de los mafiosos y
traficantes de vidas humanas, son tuertas o de marras, cuando tiene que decidir perseguir a
los delincuentes confesos, no percibe delincuentes y realiza acuerdos confidenciales sin el
aval de la justicia y lo publica, sabiendo que no puede ni debe, pero lo hace en nombre de la
“sacrosanta ley de la república”.
Y, cuando dice estar investigando, en realidad está buscando encubrir a los que debería
investigar y no investiga porque no quiere. Indigna y molesta ver las maniobras que realiza
para tapar la olla de grillos que saltan a la vista de cualquiera, menos de este tuerto
selectivo, que es el juez. .
Procura, que los felones confesos se sientan seguros de que no van a ser perseguidos por los
delitos cometidos, aunque tenga que cerrar ambos ojos y mirar hacia dentro de sí mismo
para ver a uno de los que debería estar persiguiendo.
Es por esta razón que la sociedad no tiene ninguna confianza en su imparcialidad, igual
porque que en su capacidad de “juzgar a vivos y muertos”, caiga quien caiga.

Por eso sus culpables favoritos siempre van estar entre los “muertos” con acción judicial
prescrita, para no tener que hacer nada, aunque caigan. Para no tener que hacer nada más
que un show de mal gusto y barato.
De nada ha servido el allanamiento de la Policía en 13 farmacias de las que se incautaron
15 toneladas de medicamentos caducados. El operativo fortaleza 23 contó con 200
efectivos oficiales que, simultáneamente, llevaron a cabo la operación en Azuay (Cuenca),
El Oro (Machala), Loja (Loja) y Cañar (Azogues).
Por eso sus culpables favoritos siempre van estar entre los “muertos” con acción judicial
prescrita, para no tener que hacer nada, aunque caigan. Para no tener que hacer nada más
que un show de mal gusto, acción que la sociedad azuaya rechaza y exige la renuncia y una
sanción ejemplar para el susodicho juez de marras.
Hoy martes en horas de la tarde circula la edición No. 102 de la Revista “El Observador”,
con un amplio reportaje sobre este tema. Lea, difunda y reclame sanción al juez de marras,
por su clara parcialización a favor de los traficantes de vidas humanas. Mientras el filósofo
Hipócrates abogaba que hay que “dar la vida por la salud del pueblo”, los mafiosos de
medicamentos terminan envenenándonos.
Galo Muñoz Arce

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