Mangas: la encrucijada de Moreno
En realidad, la novedad del escándalo es que las declaraciones las hace un funcionario del más alto nivel, no solo cercano al Presidente Moreno, sino hombre de su más absoluta confianza. Porque lo que ha hecho público el señor Mangas era de dominio informal desde hace mucho tiempo. Mejor dicho, desde inicios del correato. Se lo conocía, se lo comentaba, se lo suponía. Se lo rumoraba en los corrillos políticos.
06 de diciembre del 2017

POR: Juan Cuvi
Master en Desarrollo Local. Director de la Fundación Donum, Cuenca. Exdirigente de Alfaro Vive Carajo.
Sus opiniones, debe enten-derse, no expresan una posición personal. Muy al contrario, reflejan un cuida-doso juego de intereses y disputas en los cotos reser-vados del poder político".
Al parecer, las infidencias de Eduardo Mangas, secretario de la Presidencia, podrían destapar la podredumbre de diez años de correato. No de otro modo se explica la coincidencia entre morenistas y correístas para cerrar filas a favor de su blindaje.
En realidad, la novedad del escándalo es que las declaraciones las hace un funcionario del más alto nivel, no solo cercano al Presidente Moreno, sino hombre de su más absoluta confianza. Porque lo que ha hecho público el señor Mangas era de dominio informal desde hace mucho tiempo. Mejor dicho, desde inicios del correato. Se lo conocía, se lo comentaba, se lo suponía. Se lo rumoraba en los corrillos políticos.
El debate, entonces, no debe centrarse en los contenidos de estos comentarios, sino en su validez. ¿Son oficiales? ¿Están respaldados por Moreno? ¿Responden a una estrategia del gobierno? Porque de la respuesta a estas preguntas dependerá que generen un impacto en la política nacional.
Eduardo Mangas no es un improvisado funcionario de gobierno, a pesar de haberse comportado como tal. Lleva muchos años desbrozando la ruta para la consagración de Moreno. Pacientemente lo asesoró en sus años ginebrinos. Colocó a su esposa como titular en la Cancillería. Es un puente seguro con la dinastía nicaragüense de los Ortega. Y, según sus propias palabras, mantiene estrechos vínculos con sectores progresistas de América Latina. Es decir, es todo un operador político a nivel regional.
Sus opiniones, debe entenderse, no expresan una posición personal. Muy al contrario, reflejan un cuidadoso juego de intereses y disputas en los cotos reservados del poder político. Por eso, el escándalo suscitado por la filtración de sus exhortaciones a un grupo de militantes de Alianza PAIS no puede pasar desapercibido; evidencia un complejo entramado de conflictos de cuyo manejo dependen asuntos de interés nacional. Por ejemplo, el diálogo y la lucha contra la corrupción que, en palabras de Mangas, han sido concebidos como simples edulcorantes para seducir a la ciudadanía.
El listado de argumentos, explicaciones y justificaciones expuestos por el secretario de la Presidencia son un auténtico manual de cinismo político, de falta de escrúpulos. Son la contracara del discurso bonachón y conciliador del Presidente. Por eso, Lenín Moreno tiene que aclarar el alcance y la pertinencia de esa intervención. Porque se trata, en síntesis, de su brazo derecho. Y –ahora lo sabemos– del hombre encargado de lo que en el argot político se denomina como trabajo de fontanería.
En todo gobierno hay trapos sucios que lavar en casa, misiones non sanctas que exigen las vicisitudes de la política. No obstante, cuando salen a flote pierden su pátina misteriosa y reservada. Tienen que ser ventiladas en público.
En este caso estamos frente a una práctica que se entronizó durante diez años de opacidad, arbitrariedades y abusos de poder. La perorata de Mangas es la clave para descifrar el criptograma del correato. Es la fórmula para explicar el manejo perverso del poder durante la última década. Es la confirmación de que los dispositivos del anterior régimen han sido heredados por el actual. Esto, precisamente, es lo más peligroso. Por eso el escándalo no puede ser enviado a la congeladora. Darle largas sería un desaire a la ciudadanía. Moreno tiene que intervenir con firmeza y asumir el costo de la imprudencia de su amigo cercano.
Los españoles le dicen corte de manga a lo que nosotros denominamos dar yuca. Si el Presidente Moreno no toma cartas en el asunto y no da una explicación clara y convincente a propósito de este incidente, estaríamos asistiendo al primer corte de Mangas del morenismo. A su primer yucazo al país.
En realidad, la novedad del escándalo es que las declaraciones las hace un funcionario del más alto nivel, no solo cercano al Presidente Moreno, sino hombre de su más absoluta confianza. Porque lo que ha hecho público el señor Mangas era de dominio informal desde hace mucho tiempo. Mejor dicho, desde inicios del correato. Se lo conocía, se lo comentaba, se lo suponía. Se lo rumoraba en los corrillos políticos.
El debate, entonces, no debe centrarse en los contenidos de estos comentarios, sino en su validez. ¿Son oficiales? ¿Están respaldados por Moreno? ¿Responden a una estrategia del gobierno? Porque de la respuesta a estas preguntas dependerá que generen un impacto en la política nacional.
Eduardo Mangas no es un improvisado funcionario de gobierno, a pesar de haberse comportado como tal. Lleva muchos años desbrozando la ruta para la consagración de Moreno. Pacientemente lo asesoró en sus años ginebrinos. Colocó a su esposa como titular en la Cancillería. Es un puente seguro con la dinastía nicaragüense de los Ortega. Y, según sus propias palabras, mantiene estrechos vínculos con sectores progresistas de América Latina. Es decir, es todo un operador político a nivel regional.
Sus opiniones, debe entenderse, no expresan una posición personal. Muy al contrario, reflejan un cuidadoso juego de intereses y disputas en los cotos reservados del poder político. Por eso, el escándalo suscitado por la filtración de sus exhortaciones a un grupo de militantes de Alianza PAIS no puede pasar desapercibido; evidencia un complejo entramado de conflictos de cuyo manejo dependen asuntos de interés nacional. Por ejemplo, el diálogo y la lucha contra la corrupción que, en palabras de Mangas, han sido concebidos como simples edulcorantes para seducir a la ciudadanía.
El listado de argumentos, explicaciones y justificaciones expuestos por el secretario de la Presidencia son un auténtico manual de cinismo político, de falta de escrúpulos. Son la contracara del discurso bonachón y conciliador del Presidente. Por eso, Lenín Moreno tiene que aclarar el alcance y la pertinencia de esa intervención. Porque se trata, en síntesis, de su brazo derecho. Y –ahora lo sabemos– del hombre encargado de lo que en el argot político se denomina como trabajo de fontanería.
En todo gobierno hay trapos sucios que lavar en casa, misiones non sanctas que exigen las vicisitudes de la política. No obstante, cuando salen a flote pierden su pátina misteriosa y reservada. Tienen que ser ventiladas en público.
En este caso estamos frente a una práctica que se entronizó durante diez años de opacidad, arbitrariedades y abusos de poder. La perorata de Mangas es la clave para descifrar el criptograma del correato. Es la fórmula para explicar el manejo perverso del poder durante la última década. Es la confirmación de que los dispositivos del anterior régimen han sido heredados por el actual. Esto, precisamente, es lo más peligroso. Por eso el escándalo no puede ser enviado a la congeladora. Darle largas sería un desaire a la ciudadanía. Moreno tiene que intervenir con firmeza y asumir el costo de la imprudencia de su amigo cercano.
Los españoles le dicen corte de manga a lo que nosotros denominamos dar yuca. Si el Presidente Moreno no toma cartas en el asunto y no da una explicación clara y convincente a propósito de este incidente, estaríamos asistiendo al primer corte de Mangas del morenismo. A su primer yucazo al país.
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