domingo, 10 de diciembre de 2017

Los huérfanos del caudillo sin futuro

  en La Info  por 
Último golpe de teatro: Ricardo Zambrano, secretario Ejecutivo de Alianza País responsabiliza a Gabriela Rivadeneira de haber desaparecido $600 000 de las cuentas bancarias de ese movimiento. Ella jura que es falso. Esto prueba que la visita de Rafael Correa aceleró el proceso de separación de las dos facciones. Sus partidarios, conscientes de haberse llevado la peor parte en el campo político, se quedan con la caja chica antes de que les quiten hasta las llaves de las sedes.
No se sabe, no aún, qué arreglos logró hacer Correa en su visita. Pero en frases que soltó antes de su partida dio pruebas de estar plenamente consciente del panorama adverso que tiene por delante: posiblemente inhabilitado para aspirar de nuevo a la Presidencia y muy seguramente vinculado a casos de corrupción. Es decir, imposibilitado para regresar.
Correa volvió a Bélgica ahora sí con una valoración más cierta de su condición. Y de su imposibilidad de incidir a fondo en ella con enlaces digitales y tuits. El número de likes y compartidos muestra que, salvo para un puñado de convencidos, su nivel de impacto decreció notablemente.
Estas son, por supuesto, muy malas noticias para sus seguidores. Lo sucedido durante el viaje de Correa (especialmente la convocatoria a la Consulta) los deja, presumiblemente, sin líder. Esto es para ellos –políticos acostumbrados a actuar en función de sus designios– lo más parecido a un tsunami. Si se analizan las cuentas de redes sociales de estos políticos –Ricardo Patiño, Doris Soliz, Marcela Aguiñaga, Pabel Muñoz, Gabriela Rivadeneira, Augusto Espinosa, Soledad Buendía, Mauricio Proaño…– resulta evidente que no saben, en este momento, cómo asimilar el golpe. Todavía perseveran en la etapa de vender la visita de Correa como un éxito apoteósico. El resto de sus mensajes lo reparten entre ataques por traición a Moreno, ensoñaciones del pasado y ejercicios de autoelogio. Todos bailan en la misma baldosa. No hacen una autocrítica. No incluyen la realidad en esos delirios de sentirse y decirse militantes plenos de principios, atestados de una pureza candorosa. No obstante, traslucen ansiedad y soledad. El futuro prometido es volver al pasado. Su horizonte es machacar sus nostalgias. Se mueven en la dinámica de esas sectas cuyos miembros se halagan, se protegen y se defienden como si fueran los últimos mohicanos. Así lucen los huérfanos de Correa.
Ya no tienen líder. Ni Corte Constitucional. Ni CNE. Ni medios de comunicación. Ni partido. Tampoco Tribunal Contencioso Electoral. La tortilla se volteó. Les queda un bloque en la Asamblea cuyo número exacto es un misterio. Entre 20 y 30. Un bloque cuya vida útil seguirá la dinámica del ocaso del líder. Hasta el 4 de febrero, día de la Consulta, será una cosa. El 5, si el resultado les es adverso, será otra cosa.
Correa fabricó su propio antídoto: no permitió que hubiese una línea de sucesión. Con él se extingue lo que él creyó eterno. Sus cuadros son sus leales; personas capaces de repetir sus discursos (tipo Gabriela Rivadeneira). Pero personas inhabilitadas para pensar por sí mismas, hacer objetivamente el balance de su paso por el poder y encarar la complejidad de la tarea política y la necesaria renovación del pensamiento.
Los herederos de Correa no tienen buenos días por delante. Se treparon en la estrategia de impedir la Consulta: perdieron. Creyeron que el retorno de Correa levantaría las masas contra Moreno: el presidente tiene alrededor de 70% de popularidad. Querían el partido para hacer campaña, con plata del CNE, por el No: el CNE dará dinero a la directiva de Moreno que hará campaña por el Sí. Anunciaron que si no lograban parar la consulta, recogerían firmas para convocar una Asamblea Constituyente: ahora ya se contaron y saben que las masas se les fueron…
En este momento parece evidente (aunque en política nada lo es) que no habrá correísmo sin Rafael Correa (si gana el Sí en la consulta). Pero de cualquier forma, sus huérfanos están petrificados en el tiempo: para ellos la política es defender un modelo cuyo ciclo terminó, mitificar y alabar al jefe, añorar la institucionalidad que encubrió la corrupción, defender a los corruptos y complotar contra Lenín Moreno. Deplorable programa el de los huérfanos del caudillo que se quedaron sin futuro.

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