Publicado el 7 diciembre, 20176 diciembre, 2017 por AGN
[Aurelio Maldonado Aguilar]
La droga que pensaron revitalizaría al partido fue ya inyectada y como era de esperarse, no dio resultado positivo. El paciente que podría llamarse AP que por sus prácticas maliciosas en diez años de borrachera y droga del poder sufre la factura de la verdad e historia que no perdonan y como en cualquier organismo donde el vicio y mala vida fueron diario trajín y conducta, fallan órganos vitales y de a poco entrando en agonía de largas y difíciles boqueadas, les acerca a la muerte con ceñudos pero pocos compañeros cerca del lecho final y plañideras que romperán en llanto desesperado pero no siempre sincero de aquí en poco, marcando con desprecio el fin de una época de dispendio y prepotencia. La arrogancia y el ego desbordado vuelven a jugar las cartas.
El trastornado del ático creyó y a pies juntillas, que su presencia redimiría y arreglaría todo, incluso pensó que su llegada tenía que ser apoteósica con un mesianismo enfermizo. Nunca imaginó el repudio del que fue objeto pues no pudo pisar un metro público sin el rechazo de la gente que por fin entiende las trafasías cometidas. Tuvo que llegar en vuelo propio para no enfrentar al populacho y claro requirió sus matones para evitar la zurra que se proponían darle algunos políticos no muy cuerdos también, dicho sea de paso. En todo su recorrido por el país les fue imposible llenar plazas pequeñas, diferente cuando el dinero que fluía del gobierno llenaba enormes espacios gracias a sanduchitos y agasajos de circo y música. En Cuenca la plaza más pequeña apenas albergó decenas de simpatizantes y lo más grave es que, en ella, la picota, adminículo donde amarraban y latigueaban ladrones fue la exacta y sugestiva para su personalidad y complacencia hacia los cacos que existieron por cientos y en todo puesto grande o mediano de su gobierno, aspecto nunca, posiblemente por ignorancia en lugar natal, pensaron sus adláteres, pues la picota fue testigo mudo y con evangelio propio contra ellos. Esmeraldas que por ayudas luego del terremoto creyeron ideal para su convención, cerró rígidamente puertas de todo local apto y letreros luminosos empujaban el insulto severo y mordaz.
No pasarán muchos días para el óbito del enfermo AP y posiblemente intentarán formar otro partido con los pocos militantes “caretuco” que quedan y que pregonan de una nueva dictadura morenista, sin recordar que lo que hoy consideran acumulación de poderes en una sola mano y la sumisión de todos los estamentos del estado, ellos lo lograron con leguleyadas y decretos que reformaron todo con triste complicidad de la célebre Asamblea obsecuente que apretaba el botón “SI” y aplaudían a rabiar. Mientras esperamos la muerte segura del canceroso AP, no debemos descuidar que la legión de Moreno se encuentra realizando muy hábilmente maniobras parecidas a su antecesor, solamente que interponiendo el dulce del diálogo, pues en realidad continúan la obesa burocracia, políticas económicas, endeudamiento y ministros y autoridades verdosos permanecen en sus puestos o son reciclados con desvergüenza que molesta. Amanecemos con el novedoso cinismo de la Procuraduría que por irresponsabilidad, negligencia o algo más, dejan de ser acusadores en el juicio más importante de décadas a Don Vidrio. ¡Qué infelices! Requerimos cambios drásticos que podrían sugerir mentes nuevas y lúcidas sin banderías políticas y la tal derecha como la cual izquierda, meros anuncios para llenar discursos, no deben importarnos mayormente ante la pobreza del pueblo y corrupción institucionalizada que deberá aniquilarse y tomar medidas austeras que bien podrían venir de países como Alemania, que por dos ocasiones se levantaron del mismo polvo con un solo slogan: honestidad y trabajo. (O)
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