miércoles, 17 de abril de 2019

JUAN CUVI
Master en Desarrollo Local. Director de la Fundación Donum, Cuenca. Exdirigente de Alfaro Vive Carajo.
Assange y la turbiedad del poder
Si algo caracteriza al affaire Assange es la turbiedad. Por eso, los intentos para explicarlo son tan abundantes como las posibilidades que ofrece la imaginación humana. Hay análisis que van desde las versiones más aterradoras hasta las más disparatadas.
Entre las primeras sobresale la tesis de la estrategia del gobierno de Donald Trump para bloquear al acceso a información pública a nivel global. Entre las segundas aparece aquella que sostiene que uno de los puntos de la carta de intención que suscribió el gobierno ecuatoriano con el Fondo Monetario Internacional exige el levantamiento del asilo a Julian Assange.
Lo único sobre lo que medianamente podemos tener certeza es que el Ecuador se halla inmerso en una trama de espionaje cibernético del más alto nivel, de la cual difícilmente llegaremos a enterarnos en su totalidad. Pasarán muchos años para que los detalles se filtren. Hasta tanto, no tenemos más que seguir conjeturando.
La primera pregunta que salta a la vista es qué obtuvo a cambio el anterior Gobierno para concederle el asilo a Assange y qué obtuvo el actual para darlo por terminado. Porque en una situación diplomática tan compleja y delicada, resulta ingenuo aceptar las retóricas oficiales respectivas a propósito de la soberanía, la lucha contra el imperialismo o el respeto a la dignidad nacional. Lo que primó en ambas decisiones son intercambios puros y duros, presiones y chantajes. Dicho de otro modo, juegos de poder.
EN UNA SITUACIÓN DIPLOMÁTICA TAN COMPLEJA Y DELICADA, RESULTA INGENUO ACEPTAR LAS RETÓRICAS OFICIALES RESPECTIVAS A PROPÓSITO DE LA SOBERANÍA, LA LUCHA CONTRA EL IMPERIALISMO O EL RESPETO A LA DIGNIDAD NACIONAL. LO QUE PRIMÓ EN AMBAS DECISIONES SON INTERCAMBIOS PUROS Y DUROS, PRESIONES Y CHANTAJES. DICHO DE OTRO MODO, JUEGOS DE PODER.
En ese sentido, los cueros al sol que se han sacado Moreno y Correa a propósito de sus culpas pasadas y presentes no son más que sombras de una realidad complicada e inaccesible. Como en la caverna de Platón, los ecuatorianos únicamente hacemos suposiciones a partir de una información que nos llega por goteo. Y, además, distorsionada.
La turbiedad del caso aumenta ahora que han entrado en escena los servicios de inteligencia británicos. En consecuencia, también irrumpen sus aliados incondicionales, los servicios de inteligencia gringos. Las negociaciones las harán ellos directamente con Wikileaks, y el mundo tiene que prepararse para innumerables sorpresas. La vehemencia con que reaccionaron las autoridades rusas anticipa graves tormentas (y eso sin mencionar el sospechoso silencio del gobierno chino).
El Ecuador, mientras tanto, queda fuera del escenario internacional. Por lo mismo, el bochinche entre el anterior y el actual mandatario alrededor de la filtración de información se reduce al ámbito local. No pasará de una bronca de mercado. No obstante, por higiene pública debemos esclarecerla. Porque aquí también se juegan negocios ocultos. Sobre todo, por la corrupción imperante durante las administraciones de Alianza PAIS.
Que Assange haya salido de la embajada en Londres no implica que, por arrastre, la corrupción haya sido extirpada del espacio público nacional.

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