LOLO ECHEVERRÍA ECHEVERRÍA
‘Lamentablemente, tenemos claros indicios de que los golpistas intentarán tomarse Carondelet (el Palacio presidencial). Quieren, en base a la violencia, derrocar a un Gobierno de inmenso apoyo nacional e internacional”, denuncia el presidente Correa y señala como organizadores a un coronel del Ejército y un coronel de Policía. El ministro del Interior, José Serrano, en una conferencia de prensa a la que asistieron también el ministro coordinador de Seguridad, César Navas, y la secretaria de Gestión Política, Viviana Bonilla, indicó que grupos opositores buscarían cercar los edificios de otras funciones del Estado y atacar en las marchas a los miembros de la Policía Nacional con pintura, palos con puntas y echar pimienta a los caballos y perros que usan los uniformados. La presidenta de la Asamblea Nacional, Gabriela Rivadeneira, dice que sectores de oposición que llaman al caos y la violencia, están en la desestabilización y desacreditan las instituciones del Estado. El ministro de Defensa, Fernando Cordero, denuncia que hordas de venezolanos han sido traídas por la derecha para conspirar contra el Gobierno. Los mandatarios de Cuba, Venezuela y el Secretario General de la Unasur dicen que hay en Ecuador intentos golpistas. El secretario general de la OEA pide al papa Francisco que medie entre el Gobierno y la oposición. Ecuador, según estas informaciones, es un país en llamas, un país al borde del caos. La imagen que se proyecta al exterior es la de un Régimen democrático asediado por enemigos poderosos. Pero todo lo relatado proviene de funcionarios del Gobierno y sus amigos. Si sumamos a esto la colección de “errores” políticos de la revolución ciudadana, como las sobretasas arancelarias, la confiscación de fondos de ahorros privados, los proyectos de ley de plusvalía y de herencias, la creación de la agencia de calidad de servicios de salud; es legítimo el preguntarse si la revolución ciudadana está apagando o encendiendo la hoguera. El Gobierno niega la crisis económica y alborota la crisis política; ¿pretenderá una solución política para la crisis económica? Es comprensible que la revolución ciudadana vea como un escenario tenebroso esperar que la crisis económica vaya golpeando a sectores más amplios y más pobres y le vaya imponiendo un costo político hasta terminar con un rechazo generalizado. Este escenario le puede llevar a agitar la protesta para buscar un desenlace cuando todavía le queda capital político. Algunos sectores políticos intuyen ese deseo y niegan intenciones golpistas asegurando que el presidente Correa debe hacerse cargo de la crisis. Otra tentación puede ser la salida política asumiendo más poderes para “profundizar la revolución” al estilo de Venezuela confiados en que contarían con respaldo interno de los más pobres y externo de los presidentes del sindicato de izquierda.
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