domingo, 7 de junio de 2015

Empapados

Francisco Febres Cordero
Domingo, 7 de junio, 2015


¡Qué bueno que estemos tan buenos! ¡Cómo me alegra eso! Es que como ahora todo gira en torno a la visita del papa, nos damos golpes de pecho, nos arrepentimos de nuestras culpas y hacemos méritos para ganar las indulgencias que nos conducirán al paraíso. ¡Ay no!, qué bruto, al buen vivir quise decir, porque en el paraíso ya estamos.
Imagínense lo buenos que somos ahora que, ¡oh!, hasta el gobierno ha reconocido que en el interior de sus filas ha habido un caso de corrupción. ¿Pueden creer eso? Nosotros que pensábamos que en la revolución la corrupción era imposible, resulta que estábamos equivocados. Pero Esperanza nos ha devuelto la esperanza de que sí vivimos en la realidad y que, por lo tanto, somos humanos y caemos en tentación. Claro que descubrir que entre sus huestes hay una penitente, al gobierno le ha tomado ocho años enteritos, pero al final logró dar con ella y, públicamente, exhibió a la réproba como una manzana podrida que podía dañar a las demás. ¡Qué alivio! Con eso, el papa puede venir tranquilo a la tierra de los más justos, de los más honrados, donde imperan la ética y la moral, los funcionarios públicos se abstienen de robar y las funcionarias también se abstienen, por lo menos hasta sacar el título universitario.
¡Milagro, milagro! está de gritar: ¡Cayó una pecadora! Con eso, todos estamos limpios y podemos tirar la primera piedra. No, mejor no. O sea en este reino angelical, aquí de tirar, nada.
Como ya nos hicimos buenos, ahora no solo que no pecamos, sino que también hacemos caridad con esa máxima evangélica que dice que la mano izquierda no tiene que saber lo que hace la derecha. Y no sabe, no se preocupen. La mano izquierda del Jairala, por ejemplo, dio doscientos mil dólares a la Iglesia para la venida del papa, y la derecha ni se enteró. Lo que creo es que al papa no le ha de gustar ese aporte, porque él defiende a la Iglesia que ayuda a los pobres y no la de los pobres que ayudan a la Iglesia, como nosotros, que estamos endeudadísimos y con el precio del petróleo bajado.
Así y todo, somos tan ricos en bondad que hasta podemos dejar de trabajar para recibir al papa gracias a que el gobierno, que está lleno de santos que no roban y de vírgenes abstinentes, decretó feriado papal, de lo tan empapados que estamos.
Y cierto, ahurita que me acuerdo, aprovechando la visita está de preguntarle al papa cómo hacen en el Vaticano para pagar el impuesto a la herencia, para que él nos ilumine con sus luces. Bueno, tal vez este papa no ha de haber pagado nada porque el anterior todavía vive. Pero, cuando se muera, ¿cuánto pagará? Peor siendo él el único heredero.
Aunque mejor que recibir sus consejos está de aconsejarle nosotros para ganar más indulgencias: vea papa, dígale a Benedicto que no le deje su herencia en el Vaticano, sino en Bélgica, y ahí usted ya no tiene que pagar nada. ¡Buenazo! (O)

No hay comentarios:

Publicar un comentario