
Francisco Febres Cordero
El yucazo
¿Qué pasaría si quien fue aludido se acercara al excelentísimo señor presidente de la República y, agarrándole del pecho, le dijera por qué haces esto, por qué me llamas enano y, como si eso fuera un delito, estigmatizas mi condición humana? ¡Aprende a respetar, yo soy tu mandante!
¿Qué pasaría si quien se sintiera aludido irrumpiera en la tarima durante una sabatina, se acercara al excelentísimo señor presidente de la República y, agarrándole del pecho, le dijera por qué me llamas basura e ignorante? ¡Aprende a respetar, yo soy tu mandante!
¿Qué pasaría si quien escucha que el excelentísimo señor presidente de la República le califica de enfermo, puerco, bruto, ignorante, estúpido, imbécil se acercara y, agarrándole del pecho, le dijera ¡Aprende a respetar, yo soy tu mandante!?
Lo que pasaría es que el excelentísimo señor presidente de la República terminaría, luego de cada alocución, zarandeado, convertido en un guiñapo, desencajado, porque si a algo se ha resistido a lo largo de sus largos años de ejercicio del poder es a respetar la honra, la dignidad, la condición intelectual y humana de quienes piensan distinto.
Y entonces ¿por qué exige para él un respeto que él no es capaz de guardar a los demás?
Ya resultan incontables las veces en que el mismo incidente se repite con igual sincronía: se baja del vehículo en que viaja escoltado por una numerosa caravana y, movido por la ira, se enfrenta a aquel que desde una esquina le hace un gesto que, visto a la distancia, ni siquiera guarda proporción con el lenguaje que él emplea para descalificar, para zaherir a quienes se atreven a contradecirle. ¿O es que no son yucazos los calificativos de idiotas, de puercos, de tipejos, de perros, de miserables, de bocones, de buitres, de canallas, de cínicos, de cobardes, de corruptos, de desequilibrados, de fascistas, de gallinazos que él emplea a troche y moche?
Y si quien le lanza desde la esquina un yucazo termina aprehendido por los guardaespaldas ¿por qué el excelentísimo señor presidente de la República queda impune? ¿Por qué? ¿O es que acaso el excelentísimo señor presidente de la República es el único en este país que tiene mujer e hijos que se sienten agraviados por la afrenta y, con su honor herido, tienen derecho a una reparación?
La última vez el del yucazo fue un muchacho y la reprimenda que recibió (más el castigo) bien pudo haberse revertido al mandatario: ¡Aprende a respetar! ¡Dame tú, bravucón, intolerante presidente, ejemplo de respeto! ¡Si me enseñas violencia yo, como estudiante, asimilo esa violencia!
Para el excelentísimo señor presidente de la República la culpa no está en él que, si quiere que un hecho no exista, lo minimiza, lo esconde aunque estuviera grabado y fuera difundido en las redes sociales. La noticia sobre su acción fue una infamia más de la prensa a la que él, con su intemperancia, su apropiación de la verdad y su autoritarismo impune, califica de corrupta porque no quiere sujetarse a sus designios para ocultar lo que él quiere que se oculte y callar lo que él quiere que se calle. (O)
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