martes, 12 de mayo de 2015


Felipe Burbano de Lara

Arrebatos presidenciales

Mucho más obsceno que el yucazo de un adolescente de 17 años al presidente de la República resulta la telenovela montada por la Secretaría Nacional de Comunicación y por el propio mandatario para tratar de justificar un arrebato autoritario. Me parece inaceptable, grotesco, abusivo, todo lo que el señor presidente de la República ha dicho de un joven de 17 años, cuyos derechos, además, fueron violados al ser detenido arbitrariamente y condenado a un servicio a la comunidad por un delito inexistente, según abogados defensores de los derechos humanos.
Han montado un show para justificar el comportamiento de un presidente que ha perdido las proporciones de su autoridad. Y lo han hecho colocando la carreta delante de los bueyes: poniéndose el presidente como víctima en lugar de admitir lo excesivo que resulta bajarse del carro presidencial, apoyado en su enorme aparato de seguridad, para recriminar acremente a un muchacho que había expresado su rechazo a la caravana presidencial. Según el testimonio del joven, el mandatario se encontraba descompuesto, le agarró del cuello y le recriminó: “Aprende a respetar, muchachito malcriado, yo soy tu presidente”. La Secretaría de Comunicación quiso luego maquillar el incidente presentándole a Correa como un padre y ciudadano benévolo, reflexivo: “¿Por qué haces esto, por qué faltas el respeto al presidente?”.
¿Cómo puede un mandatario ensañarse con un joven de 17 años para justificar su arranque autoritario? Tachó de obsceno el yucazo, luego acusó al muchacho de mentiroso; en el colmo de sus fobias ideológicas lo descalificó por ser militante del MPD, “no nos engañemos”. ¿Qué quiso decir con ‘no nos engañemos’? ¿Acaso no debemos creer al joven? ¿Que actuó como parte de un montaje político y mediático? ¿Que se justifica maltratarlo? En la sabatina, en lugar de disculparse o simplemente guardar silencio frente a un hecho que lo avergüenza, dijo una serie de barbaridades al calor de un moralismo patriarcal. Queremos rebeldes inteligentes, no patanes ni mediocres, sentenció en la sabatina. De ese modo, añadió un cuarto y un quinto insulto al muchacho. Le ha dicho obsceno, malcriado, mentiroso, politiquero, mediocre, patán e irrespetuoso. Y el secretario de Comunicación, sin una pizca de ingenio, se sumó al linchamiento al suponer muy antojadizamente que el 90% de los ecuatorianos con seguridad está de acuerdo en “corregir” al “muchacho malcriado”.
Lo han estigmatizado y maltratado para justificar los arrebatos presidenciales. El poder se les ha metido por los poros de la piel hasta desquiciar sus comportamientos. Exhiben nuestros revolucionarios un moralismo de pacotilla olvidados, seguramente, de que habrán lanzado más de un yucazo en su adolescencia a tantos malos presidentes que nos han gobernado. Y ahora, cuando están en el poder, ceñidos bandas presidenciales, inflados, altivos, exigen respeto, obediencia, sumisión, con unos comportamientos abusivos y estigmatizantes. ¡Que la Defensoría del Pueblo investigue el incidente como pide la familia del joven, para establecer quién maltrata a quién, y quiénes requieren ser reeducados, corregidos, en una pedagogía de cultura democrática! (O)

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