jueves, 7 de mayo de 2015

ALFREDO NEGRETE

 Electrónico vs. real



No se trata de un clásico del fútbol español sino de
una competencia que podría originarse en el Ecuador entre la circulación del

dólar real -tangible y visible- frente al electrónico que es un mecanismo de

transacción contable. Esta práctica, con las debidas seguridades y diferentes

modalidades, existe en varios países, siempre bajo la vigilancia de un órgano

estatal competente. La peculiaridad consistiría en que en el país el órgano

emisor y controlador del sistema sería el Banco Central del Ecuador. Una

lección de la época colonial dice “sacristán que tiene cera, sin tener cerería, de

donde pecata mea si no es de la sacristía”. La propuesta de un dinero virtual

circulando en las redes de la comunicación digital parece tomar forma por

algunos índices. La circulación de billetes de 50 y 100 dólares tiende a

desaparecer a causa del miedo a una falsificación o a una delictiva procedencia.

También puede ser una medida táctica para evitar una erosión dineraria a

escala en una economía en crisis. Es razonable, en estas circunstancias, que las

transacciones se realicen de manera virtual, siempre y cuando exista la

seguridad de la convertibilidad de los valores en dinero físico; de lo contrario, el

electrónico puede convertirse en ficticio y estaríamos frente al fin de la

dolarización. Por eso, si esta variedad monetaria llegara al ámbito de las

finanzas públicas la situación pudiera ser similar a lo que ocurrió en Argentina

donde se rompió una paridad que se mantuvo durante el período favorable.

Luego, pasados la tragedia y los traumas de los patacones y el “corralito”, la

paridad de un peso por dólar concluyó para transformarse en 3 pesos por dólar

hasta llegar al 2015 cuando el cambio oficial es de ocho pesos y el de la calle

fluctúa entre 13 y l4. De extenderse el uso del dinero electrónico y no

comunicarse adecuadamente el sistema de emisión pudiera ocurrir que se

produzca un efecto que en la historia de la economía es conocida como ley

Gresham. Esta sostiene que la moneda mala se come o desaparece a la buena;

en términos más dramáticos: se gasta la mala y se guarda a la buena

convirtiéndose en un elemento desestabilizador. Estas especulaciones y

cualquier otra de malos presagios pueden evitarse con una información que

contengan los elementos básicos del género como son la oportunidad y la

precisión. Los datos de la economía en un país de naturaleza exportadora

primaria no debieran dar lugar a debates de esta naturaleza. El precio del

petróleo es alto a pesar de su descenso, los productos agrícolas y marítimos de

exportación atraviesan un buen momento y estamos a meses de que el sistema

hidroeléctrico provea de sus megavatios al país, con opciones de exportación.

Por eso, salvo que exista una grave falla o error en la administración

económica, el dinero electrónico debiera servir solo para que la ciudadanía se

cubra del robo y el hurto.

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