Recuerdo, abrazaba con fe mis sueños de niña y veía cómo, tras de ellos, flotaban mis pasos… En vano intentaba retener mis alas, pero ansiosamente, me llevaban a mundos distantes… Pasaron así mis ilusiones de la infancia… Me veía caminando por el desierto, tratando de entender el silencio de la esfinge, el secreto de las grandes pirámides, el simbolismo espiritual del río Nilo… Nada sabía de historia a mis seis años, nada más de lo que mi curiosidad me llevaba a preguntar: ¿dónde está Egipto?, ¿dónde está Belén?, cómo llegaron los reyes magos a verle al Niño Jesús?... Nada conocía de la Ciudad Santa de Jerusalén… Nada de Palestina, de Gaza o Cisjordania…
Pero, mi voz interior, sólo me hablaba de certezas. No sabía cuándo sino que el momento llegaría y así, mis sueños, como si fueran avisos premonitorios, empezaron a cumplirse… Fue entonces cuando el hado que “teje el destino”, me condujo a Eilat, sur de Israel, donde viví un año y medio… Eilat, donde el cielo y el mar me alegraban con sus pinceladas de fantasía y disfrutaba, desde allí, de la hermosura del Mar Rojo que era besado por los tonos anaranjados y rojizos de las montañas de Jordania…
Fui luego a Tierra Santa, lugar de ensueño, de descanso, de acercamiento a uno mismo y a Dios… El mensaje, el gran silencio, esa existencia inconmensurable, esa energía perceptible, transformaron mi sentir… Los pasos allí caminados no marcaron simples huellas, sino que quedaron grabados en mi interior, donde permanecerán frescos para siempre… Estar en Tierra Santa fue comulgar el amor de Jesús a plenitud… Nazareth, Belén, Jerusalén, Tiberíades, Cafarnaúm, Jericó, mantienen aún la divina presencia de quien, en su peregrinaje, escribió el camino hacia un estado de perfección y vida eterna…
En 1995, cuando Israel hizo el traslado de Belén a la Autoridad Palestina, tuve la oportunidad de asistir a la Misa de medianoche de Navidad en la Iglesia de Santa Catalina. Fue una Navidad histórica porque, por primera vez, contó con la presencia de Yasser Arafat, un líder revolucionario, estratega y muy carismático. Pese a no comprender el idioma árabe, la fuerza de su palabra en el discurso previo a la misa, que pronunció en la plazoleta central de Belén, despertó en mí el interés por el pueblo palestino y la fascinante cultura árabe. La amabilidad de la gente en Belén, su personalidad arraigada en la fe y la espiritualidad, su generosidad y hospitalidad, la apreciación por el lenguaje dulce y romántico y su profunda conexión humana, calaron en mí profundamente.
Ya en Cisjordania, visité también Hebrón, hogar de los patriarcas Abraham, Isaac y Jacob. Fui además a Jericó que, al igual que Belén, fue testigo de la vida de Jesús. Se precia de ser una de las ciudades más antiguas del mundo por los vestigios de sus murallas defensivas, los manantiales, las edificaciones de adobe y barro. Combina un paisaje desértico con abundantes oasis de palmeras datileras.
Cuánto añoro saborear el encanto de estas ciudades milenarias…
Debido al conflicto israelí-palestino no fue posible ir a Gaza pero, mi interés me llevó a la lectura sobre la vida en la Franja, ubicada en el borde costero del Mediterráneo oriental, entre Israel y Egipto.
El Estado Palestino, conformado por Cisjordania y la Franja de Gaza, atrajeron intensamente mi atención. La cultura diversa, la gente, el idioma y su historia se me volvieron fascinantes. Horas y horas de lectura, días y días de vivencias, tardes y noches recorriendo en mi mente los más bellos recuerdos… Cartas, llamadas telefónicas, visitas a Cisjordania, ahondaron más esa amistad, ese cariño que nació circunstancialmente con su gente…
Luego de dos largos años fuera de mi patria, llegó el momento de retornar a Ecuador, trayendo conmigo esa incurable nostalgia de las distancias, esa constante añoranza y dolor de la lejanía, de la separación del alma de lugares y tiempos felices. Conservo poemas, gráficos y manuscritos que reflejan afecto, amor, superando las distancias que marca la geografía…
Movida por esa conexión emocional regresé en varias ocasiones sola, por turismo, y, con mi Grupo de Danza “EXPRESIÓN LATINO AMERICANA”, siempre con esa profunda emoción palpitante en mi pecho. Pero, en 2010 cuando iba a la ciudad mixta árabe-judía Ma’alot-Tarshiha, al norte de Israel, cerca de Líbano, vi algo que lastimó mi corazón y sentí que se me desmoronaba en pedazos: Israel había construido la “Barrera de Cisjordania”, un muro de seguridad para defenderse de los ataques palestinos o, como lo llaman éstos, el “Muro del Apartheid”, muro de "separación". Presa del desconcierto, no pude ocultar mi tristeza y mis lágrimas empezaron a caer secreta y silenciosamente…
Con frecuencia las noticias hablan de conflictos entre Palestina e Israel. Pero, en 2023, tras el ataque de Hamás a Israel, se vino lo inimaginable: guerra, muerte, genocidio, barbarie, hambruna…
Con angustia empecé a averiguar sobre mis amigos… ¿Dónde están sus niños, los que correteaban por las calles en medio de risas y alegrías?... ¿Dónde están Muhammad, Yousef, Layla y Khaled? Sólo se oye ese presagio que anuncia la voz desesperada del mar… HA EMPEZADO LA GUERRA… ARDE LA FRANJA DE GAZA…
La sangre impregna la arena y se confunde con el mar… Los padres, unos heridos, otros agonizantes, escarban en las cenizas al fruto de sus entrañas… Entre el lodo y la oscuridad, entre charcos de sangre y fango, un niño confundido y sin saber lo que ocurre, emerge de los escombros… Grita, llama, pero nadie escucha sus gemidos… Tras el estruendo de las explosiones, inclina sobre la tierra su cabeza herida, anhela oír la respiración de los suyos, no importa si es entrecortada, pero, tan solo le responde el silencio y la devastación…
Las aves ya no cantan… Los olivos han sido destruidos, los frutos no han vuelto a brotar… No se respira la fragancia de los limoneros sino los gases tóxicos, el humo y, peor aún, se respira desesperanza, terror, incertidumbre y muerte…
Los bombardeos siguen destruyendo hospitales, escuelas, mezquitas, refugios… La agresión no se detiene y la gente, sin importar edad ni condición, muere calcinada por la pólvora que explotó en sus cuerpos, cargando sobre sí retazos de lo que fueran sus hogares… Les desalojaron y derribaron sus viviendas, les echaron de su pueblo, mataron sus ilusiones… Mi Dios, cuántos niños han muerto!!!
Esa acumulación de ausencias, ese ensordecedor silencio, esos espíritus celestiales, son hoy Palestina… Las voces ahogadas en la garganta, los ojos abiertos mirando al vacío, los latidos apagándose en medio de tanto fuego, son hoy Palestina… La orfandad deambulante, los rostros sin rostro, las pisadas impregnadas en la ceniza, son hoy Palestina…
Amanece y bajo el sol del cielo gazatí se tiende cuerpos mutilados de niños inocentes, de civiles, de quienes defienden su patria aún a costa de sus vidas, de personal de la salud y periodistas, confundidos entre el polvo, el barro, la desolación y la destrucción… Esos cuerpos que acogen a la muerte entre sus brazos caídos, que no fueron vistos como seres humanos, representan ese genocidio inaceptable disfrazado de defensa… Por donde se pasa sólo habla el eco de la muerte, de la nada… Cómo me duele ese silencio que sabe a sepulcro…
Alguien que también hoy ha sido martirizado me contaba cómo eran de productivas las tierras de Gaza, sus árboles cargados de cítricos, de dátiles… Cómo sus aguas marinas eran de azul intenso y casi cristalinas, semejantes a un espejo natural… Pero, hoy solo son una imagen borrosa que refleja cicatrices de guerra y vida que se extingue…
¿Será posible no llorar por Palestina?... Mi corazón no puede dejar de estar triste y mi mente es incapaz de evitar pensar en el dolor de su gente… ¿Acaso podré algún día encontrar los nombres de mis amigos en un censo de inocentes a los que mató la guerra sin motivo?... ¿Acaso podré olvidar las bombas de hambruna y muerte que impactaron a Palestina?... ¿Podré talvez ignorar los batallones de soldados impidiendo el paso de ayuda humanitaria a Gaza?... ¿Podré enterrar la mirada de las madres saboreando angustia en medio de montañas de osamentas o vigilando las cunas vacías de sus niños?... No, nada de eso podré…
Pero, Palestina seguirá y el mundo levanta su bandera para su liberación, para evitar el genocidio...
Ganarás la batalla sin armas Palestina y en ti volverá a florecer y quedar la vida intacta, con tu gente luchadora, con tus rebaños de ovejas, graneros y sembríos… Y volverán a brillar los ojos de quienes, sonriendo desde el cielo, devolverán sus lágrimas convertidas en agua de vida y libertad.
¡¡¡PALESTINA, TE LLEVO EN MI CORAZÓN!!!
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