miércoles, 7 de enero de 2026

 

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Lo ocurrido en Venezuela exige una condena clara, firme y colectiva de los jefes de Estado. Si guardamos silencio hoy, abrimos la puerta a que nuevas intervenciones se repitan en América Latina sin consecuencias. Firma este llamado para defender el derecho internacional y por la soberanía de los pueblos:
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Queridos amigos y amigas:
Lo que ocurrió el 3 de enero es escalofriante. No porque creamos que Nicolás Maduro sea inocente, sino porque lo que vimos nos devuelve a una historia que América Latina conoce demasiado bien: golpes de Estado, presidentes títeres y regímenes sostenidos, financiados o respaldados por Estados Unidos. Sabemos cómo empieza esa historia. Y sabemos, también, cómo termina.

Durante mucho tiempo, América Latina fue tratada como el patio trasero de Estados Unidos. En nombre del orden, la protección y la estabilidad, se impusieron torturas, persecuciones, represión, desapariciones forzadas, ejecuciones arbitrarias y guerras civiles. Ese pasado no es lejano: sigue vivo en la memoria de nuestros pueblos.

Hoy, cuando Donald Trump advierte abiertamente con intervenir en países como México, Colombia y Cuba, ese recuerdo vuelve con fuerza.

Si lo ocurrido en Venezuela no enfrenta una condena firme y colectiva por parte de América Latina, de sus jefes de Estado y del el resto de líderes mundiales estaremos dejando la puerta abierta para que nuevas intervenciones en nuestros países ocurran sin consecuencias.
Seamos honestos. El gobierno de Nicolás Maduro ha cometido graves crímenes contra el pueblo venezolano. Violaciones de derechos humanos, represión, corrupción y persecución política han causado un sufrimiento profundo y real. Ese dolor no se niega, no se relativiza y no se olvida. La justicia que el pueblo venezolano merece sigue siendo una deuda urgente.

Pero la democracia no se impone con invasiones extranjeras. Y nadie sabe eso mejor que los pueblos latinoamericanos.

Si permitimos que Trump salga de esto sin consecuencias, la pregunta es inevitable: ¿quién sigue? Ya advirtió también al presidente colombiano, al gobierno mexicano y al cubano.

Si permitimos que la ley del más fuerte pase por encima del derecho internacional y de la soberanía de los países, renunciamos a un principio fundamental. Lo que está en juego no es la defensa de un gobierno, sino la defensa de un orden internacional donde la ley esté por encima de la fuerza y donde la rendición de cuentas no sea selectiva.

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