Lo que ocurrió el 3 de enero es escalofriante. No porque creamos que Nicolás Maduro sea inocente, sino porque lo que vimos nos devuelve a una historia que América Latina conoce demasiado bien: golpes de Estado, presidentes títeres y regímenes sostenidos, financiados o respaldados por Estados Unidos. Sabemos cómo empieza esa historia. Y sabemos, también, cómo termina.
Durante mucho tiempo, América Latina fue tratada como el patio trasero de Estados Unidos. En nombre del orden, la protección y la estabilidad, se impusieron torturas, persecuciones, represión, desapariciones forzadas, ejecuciones arbitrarias y guerras civiles. Ese pasado no es lejano: sigue vivo en la memoria de nuestros pueblos.
Hoy, cuando Donald Trump advierte abiertamente con intervenir en países como México, Colombia y Cuba, ese recuerdo vuelve con fuerza.
Si lo ocurrido en Venezuela no enfrenta una condena firme y colectiva por parte de América Latina, de sus jefes de Estado y del el resto de líderes mundiales estaremos dejando la puerta abierta para que nuevas intervenciones en nuestros países ocurran sin consecuencias. |
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