René Cardoso Segarra
Escribir alivia el alma -por un momento fugaz- de las penas. Esta mañana de lunes de carnaval he tenido que pasar por nuestra plaza central: ya no es nuestra. Estamos en una ciudad con su centro histórico despojado de la esa cuencanidad, difícil de definirla, pero que siempre la comprendimos como el cultivo de unos valores y tradiciones, de respetarnos entre vecinos, saludarnos, amar profundamente nuestras huellas históricas, cuidar nuestra ciudad. Ya no más. Las propias memorias que en un momento constituyeron nuestro sano orgullo, han sido borradas, expulsadas. Ahora nos quedan despojos. Las bellas casas patrimoniales conservan solo sus fachadas, otras son derrocadas impunemente, a vista de la institucionalidad creada para protegerla. La ausencia de políticas culturales, de un plan de manejo del centro histórico, de un serio programa de gestión turística, nos ha puesto contra la pared. Ahora Importa más la propaganda electorera populista. Y lo más grave, una multitud la aplaude y con la complicidad de algunos medios de comunicación -salvando excepciones, por supuesto-forman una alianza que aparenta ser invencible. Los nuevos candidatos y candidatas para la alcaldía tienen al frente un campo de batalla difícil. Pero siempre nos quedará la esperanza de que, como en el relato bíblico, Goliat sea derrotado por un humilde pastor; por la astucia sobre la fuerza bruta. Que los cuencanos, que viviendo en Cuenca nos sentimos desterrados, no perdamos nuestro amor por esta bella Cuenca, que siempre retornemos así sea para morir al pie del capulí.
No hay comentarios:
Publicar un comentario