martes, 3 de febrero de 2026

 EL INDOLENTE NUEVO ECUADOR

Por Jaime Cedillo F.
Así como la señora vicepresidenta de la república, María José Pinto, fue con las cámaras a realizar una visita a un centro de salud en Quito, increpando al personal por la falta de atención a las personas que se encontraban esperando ser atendidas; sería oportuno que haga lo mismo en el hospital de lESS "José Carrasco Arteaga" de Cuenca, para que pueda constatar, con las mismas cámaras, la triste y penosa realidad que viven a diario los afiliados, jubilados, de la tercera edad, que tienen que madrugar para poder aspirar a un turno para medicina general, en unos casos, y en otros, para recibir la orden para poder retirar sus medicinas continuas, para no interrumpir sus tratamientos porque padecen enfermedades catastróficas (son dolencias crónicas de alto costo y gran impacto).
Observar a una persona anciana sentada o parada, desde las 03h00, en un rincón de la casa de salud, es realmente una tragedia sin nombre, que parece no condoler ni conmover a las autoridades locales y nacionales. Estas escenas se viven a diario en el hospital, y la pregunta que nos hacemos, es cómo puede ser posible que este gobierno que se puso el membrete del "Nuevo Ecuador", cometa tamañas injusticias en contra de los derechos a la salud, consagrados en la Constitución de la República.
Señores asambleístas del Azuay, señor Gobernador del Azuay, señores directores del hospital, personal administrativo, mientras ustedes están descansando con todas las comodidades, hay muchos seres humanos olvidados, que viven angustias, que tienen que soportar los fríos y las lluvias de madrugada, que tienen que mendigar un poco de compasión.
Señor estoy desde las 03h00, tengo más de 70 años, necesito que me vea un médico, me hace falta las medicinas, por eso estoy aquí, me acompaña mi hija, no puedo estar sola, pero ella tiene su hogar, sus hijos, tiene que ir a trabajar, las dos estamos con angustia, esperando la ayuda de Dios, para que ver si nos pueden dar un turno para un médico. Esta es la crónica de una infamia permanente. Hasta cuándo. Aportar toda una vida a la seguridad social, para tener que suplicar atención es una vileza que no tiene nombre".
El Observador

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