jueves, 19 de febrero de 2026
CUENCA Y LA GUARDIA QUE NO GUARDA
Cuenca no se merece este abandono.
No se merece que el Parque Calderón, símbolo de nuestra historia, se convierta en escenario de libadores, cariocas y delincuentes que abren carros frente a todos.
No se merece que la Guardia Ciudadana, creada por ordenanza, se limite a mirar mientras la ciudad se desordena.
La Ordenanza No. 150 es clara: la Guardia debe “cumplir y hacer cumplir las leyes, ordenanzas y reglamentos municipales” (Art. 4.1), “retirar obstáculos en calles y plazas” (Art. 9.5), y “auxiliar y socorrer a los ciudadanos” (Art. 9.6).
El COOTAD, en sus artículos 54 y 55, otorga a los municipios la competencia exclusiva de regular y controlar el espacio público y la seguridad ciudadana.
¿Y qué vemos?
Una Guardia que no puede ni retirar cariocas, ni impedir que se agreda a los cuencanos en pleno centro histórico, ni controlar a los libadores que proliferan en los conciertos improvisados del alcalde.
Siempre pidiendo apoyo de la Policía Nacional, como si no tuvieran mandato propio.
Entonces, ¿para qué pagamos la tasa de seguridad municipal?
¿Para mantener un cuerpo que no cumple con las funciones que la ley y las ordenanzas le asignan?
¿Para que Cuenca siga siendo un caos disfrazado de fiesta?
El carnaval fue la prueba más dolorosa: árboles dañados, prostitución en las calles, venta de comida como si el Centro Histórico fuera una verbena sin reglas, piscinas en plena vía pública. Todo frente a la mirada pasiva de quienes deberían cuidar la ciudad.
La Guardia Ciudadana no es un adorno. Es un cuerpo creado por ordenanza, con funciones claras y obligaciones precisas. No puede seguir siendo un espectador del desorden.
El alcalde y sus asesores han convertido la seguridad en un discurso vacío, mientras la ciudad se desangra en gentrificación, ruido y abandono.
Cuenca fue respeto, cultura y dignidad.
Hoy es improvisación, populismo y descontrol.
Y quienes amamos esta ciudad, no vamos a quedarnos callados.
Arq. Gerardo Ordoñez M.
CUENCA CONVERTIDA EN ZAMORA Y GOMORRA
Descompuesta y podrida está la administración municipal, convertida en Zamora y Gomorra. La Contraloría General del Estado, detectó en las auditorías, (exámenes especiales) 18 contratos con graves indicios de responsabilidad penal (período 2024-2025). Despilfarros a manos llenas, contratos direccionados, como los tres hospitales, a un solo contratista, al margen de la ley, con premeditación y alevosía; una burocracia dorada nombrada a dedo, que ganan sueldos dorados, para no hacer nada, dejando toda la carga a los empleados que sí son responsables, que están hastiados de la corrupción y las inmoralidades del equipo del odiador de mujeres.
Hay dos grupos de becados por el fantoche, unos que tienen contrato, y otros, que mensual y puntualmente, entregan la factura, por supuestos servicios prestados, que son como fantasmas, aparecen cada vez, entregan la dichosa factura, y los fantasmas, vuelven a asomar al siguiente mes. Nadie sabe de qué cobran ni por qué, pero todos saben, que son los que se llevan una tajada del presupuesto de la ciudad.
El gobierno nacional, se apresta a cortarles las uñas, mediante ley, vigilará estrictamente que el 70 por ciento de los presupuestos de los municipios y consejos provinciales, esté destinado a obras de interés social como agua potable, alcantarillado, vialidad, a mejorar las condiciones de vida de la población. Claro, los delincuentes de cuello blanco, han puesto el grito en el cielo, porque se les acaba la farra, el lleve, las comisiones, los viajes de placer, el reparto, los desvíos, los sobreprecios, las tarimas, los conciertos, y más temprano que tarde, pagarán por los delitos cometidos, porque la justicia tarda peo llega, mientras tanto, sigan empuñando lo que más puedan, porque la estupidez insiste siempre.
"Colgamos a los ladrones de poca monta, pero a los grandes ladrones los elegimos para cargos públicos".
EL OBSERVADOR
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