jueves, 24 de septiembre de 2026
¡Hola, Jaime!
En esta edición te traemos algunas reflexiones sobre cuánto control tenemos realmente sobre lo que vemos, creamos y compartimos en internet. Además, te compartimos una guía de periodismo antirracista y te invitamos a escuchar el primer episodio de la cuarta temporada de 'El diván del periodismo' de la Red Ética.
Cada vez que creamos, publicamos o compartimos algo en internet tomamos decisiones. Elegimos qué contar, qué imágenes utilizar, qué herramientas consultar, a quién dirigirnos y qué información compartir. Muchas de esas decisiones ocurren dentro de plataformas que organizan los contenidos que vemos, y que tienen influencia en la manera en que circulan.
Reconocer qué hay detrás de esas decisiones fue uno de los puntos de partida del ciclo de talleres ¡En la jugada!, una iniciativa de la Fundación Gabo, en alianza con el Ministerio de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones, que permitió a más de 80 jóvenes explorar nuevas formas de crear contenidos y ampliar su mirada sobre los espacios digitales. Durante estos encuentros, las preguntas fueron una herramienta para detenerse a pensar en aquello que crean y consumen, en las razones que los llevan a elegir unas herramientas, contenidos o formas de narrar sobre otras, y en la relación de esas decisiones con sus intereses, valores y formas de entender el mundo.
Ese ejercicio también implicó mirar con mayor atención las tecnologías que hacen parte de nuestra vida cotidiana. “La tecnología no es necesariamente mala”, planteó Natalia Andrade, coordinadora de incidencia de la Fundación Karisma, una de las maestras del ciclo, al abrir una discusión sobre las plataformas y el modelo de datos sobre el que están construidas. A partir de esta y otras conversaciones, los participantes exploraron las dinámicas que atraviesan los espacios digitales y el papel que tienen en sus experiencias.
La inteligencia artificial (IA), los algoritmos, las emociones y la desinformación hacen parte de este ecosistema, y plantean nuevos desafíos para quienes crean contenidos y quienes consumen información. Detenernos a pensar cómo funcionan y qué papel tienen en nuestras experiencias digitales puede ayudarnos a participar en estos espacios con mayor criterio.
Por eso, estar ‘en la jugada’ implica algo más que aprender a utilizar nuevas herramientas. También supone hacer preguntas, comprender las dinámicas que atraviesan los espacios digitales y reconocer nuestra capacidad para decidir dentro de ellos.
A partir de los aprendizajes de este ciclo, compartimos diez preguntas que pueden servir como punto de partida para crear y compartir contenidos con mayor criterio :
1. ¿Para qué necesitas usar la inteligencia artificial?
Antes de abrir una herramienta o escribir un prompt, conviene preguntarnos qué queremos resolver. ¿Necesitamos desarrollar una idea, organizar información, explorar posibilidades o agilizar una tarea? Tener claro el propósito ayuda a elegir mejor la herramienta y, sobre todo, a decidir qué hacemos con aquello que nos entrega.
También implica preguntarnos qué hay detrás de las herramientas que utilizamos y cómo se presentan ante nosotros. Durante uno de los talleres, Sara Trejos, gestora cultural y co-fundadora de Sillón Estudios, invitó a identificar las estrategias de mercadeo que acompañan su promoción, pues “llamar ‘inteligencia artificial’ a un proceso de predicción permite captar la atención de los usuarios y fomentar su uso”. Reconocer estas dinámicas puede ayudarnos a tomar decisiones más conscientes sobre las herramientas que elegimos.
2. ¿Puedes confiar en todo lo que te responde una IA?
Una respuesta bien escrita no es, necesariamente, una respuesta correcta. Las herramientas de inteligencia artificial pueden producir información imprecisa, incompleta o inventada. Cuando aparecen datos, nombres, fechas, citas o afirmaciones que pueden comprobarse, es indispensable contrastarlos con fuentes confiables antes de utilizarlos o compartirlos. La responsabilidad sobre aquello que publicamos sigue estando en quien lo comparte.
3. ¿Cómo podemos ser auténticos aun utilizando la IA?
La inteligencia artificial puede ayudarnos a desarrollar ideas, explorar posibilidades y producir contenidos, pero nuestra mirada sigue siendo fundamental. La voz propia está en las experiencias, conocimientos, intereses y decisiones desde las que contamos algo. Antes de aceptar un resultado generado por IA, vale la pena preguntarnos qué queremos decir, qué queremos aportar y qué hace que aquello que creamos tenga una identidad propia.
En esa búsqueda, la creatividad sigue teniendo un lugar central. Como planteó Nathalia Restrepo, periodista y productora de video, durante el ciclo, “el buen periodismo nace de la incomodidad, de las texturas, de la diferencia y, sobre todo, de la creatividad para encontrar nuevas formas de narrar el mundo”. La tecnología puede acompañar ese proceso, pero las decisiones sobre qué contar y cómo hacerlo siguen pasando por nuestra mirada.
4. ¿Por qué algunos contenidos consiguen nuestra atención?
Las plataformas organizan y recomiendan contenidos, mientras quienes los crean buscan distintas maneras de conectar con sus audiencias. Curiosidad, identificación, sorpresa, indignación o entusiasmo pueden llevarnos a detenernos, mirar, comentar o compartir. Reconocer qué emociones moviliza una narrativa puede ayudarnos a crear con mayor intención y a observar con más distancia aquello que aparece frente a nosotros.
5. ¿Qué queremos provocar cuando contamos algo?
Antes de publicar, podemos preguntarnos qué queremos que sienta o haga quien vea nuestro contenido. Las narrativas producen respuestas, y esas respuestas hacen parte del vínculo que construimos con otras personas. Como planteó Sara Trejos durante el taller, “la búsqueda de sentido también es contable en historias”. Pensar en aquello que queremos provocar también significa reconocer qué buscamos generar cuando contamos algo, y qué lugar ocupan las emociones en esa relación.
La pregunta también funciona cuando somos espectadores. Si algo nos provoca una reacción inmediata, detenernos antes de compartirlo puede ayudarnos a entender qué produjo esa respuesta y tomar una decisión más consciente.
6. ¿Quién decide qué vemos y qué llega a otras personas?
Lo que publicamos entra en sistemas que organizan, recomiendan y distribuyen contenidos. Pero no todas las publicaciones tienen las mismas posibilidades de llegar a todas las personas.
Para quienes crean contenido, conocer las lógicas –siempre cambiantes– que rigen estos sistemas es clave para tomar decisiones más conscientes sobre formatos, distribución y relación con las audiencias. Quienes consumen información, por su parte, enfrentan otra pregunta: ¿por qué esto aparece frente a mí y no otra cosa?
Parte de este ejercicio consiste también en ampliar aquello que vemos. “Combatan la burbuja, creen un público curioso y con herramientas para explorar”, propuso Sara Trejos. Cuestionar los sesgos que construyen los algoritmos puede ayudarnos a buscar otras perspectivas, y a relacionarnos con la información de manera más consciente.
7. ¿Tienes una audiencia o estás construyendo una comunidad?
Tener muchas personas al otro lado de una pantalla no significa necesariamente haber construido una comunidad dado, pues esta se construye a partir de los intereses, necesidades o preocupaciones compartidas, y necesita de espacios de conversación, participación y confianza para existir. Por eso, además de preguntarnos cuántas personas alcanzamos, podemos preguntarnos qué relación estamos construyendo con ellas.
Como explicó Ana María Saavedra, periodista, investigadora y capacitadora de tecnología, información y democracia, durante uno de los talleres, “la comunidad no tiene que ser de un millón de personas”. También puede estar formada por grupos pequeños que se identifican con un tema, interactúan y construyen un ambiente cercano alrededor de él.
Elizabeth Otálvaro, periodista, editora y codirectora general de Mutante, planteó la posibilidad de “entendernos como un ecosistema” y señaló que esa es “la manera de empezar a construir comunidad”. Pensar en esa diversidad de personas, intereses y formas de participación permite ampliar la manera en que entendemos una comunidad digital.
8. ¿Qué necesita una comunidad para confiar en ti?
Seguir una cuenta o consumir regularmente sus contenidos no basta para construir confianza. Esta se fortalece a través de relaciones transparentes y espacios donde las personas puedan participar y sentirse escuchadas.
Quienes gestionan comunidades digitales pueden preguntarse qué información solicitan, cómo la utilizan, qué decisiones toman a partir de ella y qué condiciones ofrecen para que las personas participen con seguridad. En este sentido, Ana María Saavedra recordó que “los derechos digitales también son derechos humanos”. Pensar en las necesidades y derechos de quienes están al otro lado de una plataforma también hace parte de construir relaciones digitales más conscientes.
9. ¿Qué deberíamos comprobar antes de compartir algo?
En internet cualquiera tiene un megáfono, y puede convertirse rápidamente en amplificador de información o desinformación. Una publicación sin verificar puede pasar de una cuenta a cientos sin que alguien se detenga a comprobar si lo que dice es cierto o no.
Verificar implica revisar la fuente, contrastar la información y buscar evidencias que permitan confirmar un hecho o una afirmación. Esta práctica cobra todavía más importancia en la actualidad, cuando circulan contenidos manipulados o generados mediante inteligencia artificial.
Comprobar lo que compartimos también implica revisar aquello que revelamos sobre nosotros mismos. Natalia Andrade invitó a prestar atención a los elementos que aparecen en nuestras fotografías, pues detalles como diplomas, nomenclaturas o imágenes de familiares pueden aportar información que facilite el rastreo de una persona en entornos digitales.
10. ¿Qué tienen que ver nuestras decisiones creativas con nuestros derechos digitales?
Crear y compartir contenidos también significa tomar decisiones sobre datos, información, imágenes, plataformas y otras personas. Qué información compartimos, cómo utilizamos contenidos de otras personas, qué datos entregamos y qué condiciones aceptamos al utilizar una plataforma son preguntas que forman parte de nuestra participación digital.
Natalia Andrade señaló que “las discusiones sobre tecnología no son solo técnicas, también son políticas”, y no están separadas de los derechos. Reconocer estas dimensiones nos permite participar con mayor autonomía y entender que los espacios digitales también están atravesados por derechos y responsabilidades.
Sobre el ciclo de talleres ‘En la jugada’ Narrativas y derechos digitales para jóvenes en Colombia
Entre el 23 de mayo y el 5 de septiembre de 2026, la Fundación Gabo y el Ministerio de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (MinTIC) desarrollaron ¡En la jugada!, cuatro talleres presenciales en Medellín, Cali, Barranquilla y Bogotá. A través de ellos, cerca de 80 jóvenes exploraron distintos desafíos de la creación y la participación en los entornos digitales, desde la construcción de una voz propia frente a la inteligencia artificial y la relación entre emociones, algoritmos y narrativas, hasta la construcción de comunidades y el reconocimiento de los derechos digitales.
El ciclo brindó herramientas para comprender mejor los espacios en los que creamos, consumimos y compartimos contenidos, y para tomar decisiones con mayor criterio, creatividad y autonomía. Las diez preguntas que reunimos en esta nota recuperan parte de esas conversaciones y las llevan más allá de los talleres, como una invitación a seguir pensando en cómo participamos en los espacios digitales y en las decisiones que tomamos dentro de ellos.
miércoles, 23 de septiembre de 2026
OTRA CASA PATRIMONIAL MENOS EN EL CENTRO HISTÓRICO
EL QUE CALLA OTORGA