miércoles, 12 de agosto de 2026

 


 


 Ecuador Eterno

EL ORIGEN DEL ORO ILEGAL
En el año 2016 quedó al descubierto de dónde nace la minería ilegal en el Ecuador. No nace en un socavón ni en la selva. Nace en oficinas de Machala y Guayaquil con papeles falsos y con protección política en Quito.
Ese año, la Policía Nacional en el operativo denominado Atardecer documentó una red que movilizó más de cuatrocientos millones de dólares en operaciones de compra y venta de oro sin justificar el origen del mineral. Las empresas centrales de la investigación fueron Spartan del Ecuador y Clearprocess. Clearprocess, registrada en Machala en 2012, reportó cero ingresos entre 2012 y 2013 y al año siguiente declaró ingresos por más de ciento ochenta y nueve millones de dólares. Spartan, dedicada desde 1979 a la venta de químicos, pasó a recibir transferencias millonarias ligadas a la comercialización de oro.
El mecanismo de blanqueo fue el uso fraudulento del Régimen Impositivo Simplificado RISE, creado para los mineros artesanales. Según la Fiscalía, se presentaron notas de venta a nombre de doscientos treinta supuestos proveedores del RISE, con suplantación de identidad y falsificación de documentos. Oro proveniente de distintos orígenes, incluido oro ingresado desde Perú, era justificado como compra a mineros ecuatorianos de bajos ingresos. Las cifras oficiales evidenciaron la inconsistencia. Entre 2012 y 2014 la producción nacional de oro fue de seiscientos setenta y cinco millones de dólares, mientras las exportaciones registradas por el Banco Central alcanzaron los mil ochocientos veintitrés millones.
La investigación criminal de ese año apunta directamente a una figura del entorno del poder político de entonces. De acuerdo a los documentos y fuentes de la pesquisa oficial, la red contó con la ayuda de Caupolicán Ochoa, abogado personal del presidente Rafael Correa.
La documentación completa de este caso, con transcripciones de interceptaciones telefónicas autorizadas por el Fiscal General de la época, puede ser verificada en la fuente original:
En esas interceptaciones, realizadas en 2015 y 2016, se registra cómo los empresarios investigados mantenían comunicación constante con Caupolicán Ochoa y con su hijo César Ochoa, quien se desempeñó como viceministro de Justicia entre marzo y junio de 2014 durante el gobierno de Rafael Correa. Los audios recogen pedidos de dinero para frenar acciones judiciales y gestiones para interceder ante jueces y ante el Ministerio del Interior.
Por esos hechos, en junio de 2016 la fiscal del caso, Diana Salazar, solicitó la detención de siete personas y se allanaron veintiún inmuebles vinculados a Spartan y Clearprocess por presunto lavado de activos.
Y ahora se entiende quién le dio el oro a los grupos delictivos.
Cuando se crea un sistema que compra oro sin preguntar de qué socavón, de qué río contaminado o de qué frontera viene, y lo convierte en oro legal con un papel falso y con un juez comprado, se crea el negocio perfecto para el crimen organizado. Los grupos delictivos no necesitan exportar. Solo necesitan venderle su oro ilegal a la comercializadora de Machala. Esa comercializadora, protegida desde Quito, se encarga de lavarlo, ponerle papeles del RISE y mandarlo a Miami como si fuera oro limpio.
Así fue como el oro ilegal se volvió legal. Y así fue como los grupos que hoy extorsionan, ponen retroexcavadoras en los ríos y matan por un pedazo de montaña, encontraron quien les comprara el oro y quien les abriera la puerta del sistema financiero.


 DE "MENDIGO" A MILLONARIO.


 CUENCA EN MANOS DE LA DELINCUENCIA

La delincuencia hace de las suyas en Cuenca. Y, los operativos de la policía, sin resultados positivos. En las calles aledañas al mercado 27 de Febrero, proliferan los amigos de lo ajeno, que en menos de los que canta un gallo, desmantelan los accesorios del interior de los vehículos. Para los avesados delincuentes es igual que sea de día o de noche. El sábado último, a las 09h00, dejaron este vehículo estacionado en la calle Julio Torres, a pocos metros del mercado, para hacer compras. Cuando el dueño regresó, encontró su vehículo así (foto), se llevaron el cerebro y otros los accesorios.
Los perjudicados llamaron a la policía para que tome cartas sobre el robo (haga el respectivo parte), y qué creen... esperaron, esperaron y esperaron. Y, las famosas mesas de seguridad...puro cuento, de nunca acabar.
"Los políticos y pañales tienen que cambiar a menudo, y por la misma razón".
El Observador

 


martes, 11 de agosto de 2026

 Casi sesenta años separaron a dos hombres perdidos en el Sahara. Uno regresó para escribir algunas de las páginas más recordadas de la literatura francesa. El otro sobrevivió a una ultramaratón después de que una tormenta de arena borrara literalmente su camino.

El primero fue Antoine de Saint-Exupéry.
El 29 de diciembre de 1935 despegó de París acompañado por su mecánico y navegante André Prévot. Volaban en un Caudron Simoun e intentaban establecer un récord entre París y Saigón. Para cargar más combustible habían prescindido incluso de la radio.
Después de casi veinte horas de vuelo, mientras atravesaban el norte de África rumbo a El Cairo, el avión descendió en la oscuridad y golpeó violentamente una meseta del desierto. Ambos sobrevivieron.
El accidente era solo el comienzo.
Tenían cantidades mínimas de comida y bebida: algo de café, vino, fruta y pequeñas provisiones. No sabían con precisión dónde estaban. Durante los días siguientes caminaron tratando de encontrar alguna señal humana mientras la deshidratación comenzaba a alterar su percepción.
Saint-Exupéry escribiría después sobre espejismos y alucinaciones producidos durante aquella marcha. Cuando sus reservas se habían agotado y ambos estaban cerca del límite físico, una caravana beduina los encontró y les proporcionó ayuda.
La experiencia no desapareció cuando regresó a Francia.
Se convirtió en uno de los episodios centrales de Terre des hommes, publicado en 1939. Cuatro años después apareció El Principito, cuya primera situación resulta imposible separar de aquella experiencia: un aviador sufre una avería y queda aislado en medio del desierto. La propia historia editorial de Saint-Exupéry reconoce el accidente de 1935 como una de las experiencias fundamentales detrás de su obra.
En 1994, el Sahara produjo otra historia extraordinaria.
Mauro Prosperi era un policía italiano y antiguo pentatleta olímpico de 39 años cuando participó en el Marathon des Sables, una prueba de unos 250 kilómetros por el desierto marroquí.
Durante la cuarta etapa estaba entre los primeros cuando apareció una tormenta de arena.
Prosperi siguió avanzando.
Cuando el viento terminó horas después, las referencias del recorrido habían desaparecido y estaba caminando en la dirección equivocada. Un helicóptero de búsqueda llegó a pasar tan cerca que Prosperi pudo distinguir al piloto, pero nadie lo vio desde el aire.
Encontró después un marabú abandonado, una pequeña construcción religiosa que utilizó como refugio. Allí comió huevos de aves y, según su relato posterior, murciélagos crudos. Cuando se quedó sin agua recurrió también a su propia orina.
En aquel lugar ocurrió uno de los episodios más extremos de su relato.
Convencido de que probablemente moriría y preocupado porque su familia pudiera no recibir determinadas prestaciones si nunca encontraban su cuerpo, Prosperi intentó acabar allí con su vida. Años después contó que despertó a la mañana siguiente y descubrió que el sangrado se había detenido rápidamente. Él lo atribuyó a la extrema deshidratación y decidió interpretar que todavía debía seguir caminando.
Abandonó el refugio y avanzó hacia las nubes que veía en el horizonte.
Después encontró huellas, cabras y finalmente una comunidad bereber. Había permanecido perdido aproximadamente nueve días y medio y había terminado en Argelia, a más de 200 kilómetros de la ruta oficial. Cuando recibió atención médica pesaba alrededor de 43 kilos. La historia oficial del Marathon des Sables todavía registra su desaparición de 1994 como uno de los episodios más extraordinarios de la carrera.
Saint-Exupéry y Prosperi entraron al Sahara por razones completamente distintas y separados por casi seis décadas.
Uno buscaba un récord aéreo. El otro intentaba terminar una carrera.
Ambos terminaron descubriendo que, cuando desaparecen las rutas, el agua y cualquier certeza sobre dónde se encuentra uno, sobrevivir puede reducirse a continuar avanzando un poco más.