CARNAVAL
Carnestolendas, es una celebración que proviene del fondo de los tiempos, quizá surgió en Sumeria o en el Egipto anterior a las arenas, incitación a entregarse a los placeres del mundo, celebración que anticipa, el fin del invierno, anuncia la llegada de un clima benévolo, rito de fecundidad, tiempo de exacerbación de la pulsión sexual, sensual y sensorial, etapa pletórica que antecede al tiempo en que la carne debe ser purificada, estadío de purgación, limpieza, periodo de las aguas, preparación para que Aries, el niño del zodíaco nazca en el solsticio e inicie el ciclo astrológico regentado por el Sol, que se prolonga por un año.
Carnaval es un latinismo, su raíz etimológica es “Carnis = carne, Levare = lavar“, carnis levare, limpiar la carne, lavar el cuerpo de impurezas. Costumbre que persistió en la Grecia clásica y se proyectó al imperio romano, en donde la fiesta fue resignificada sincréticamente incorporando la celebración del agua y la navegación, Carrus navalis, o el paseo de los carros navales, mantuvieron fidelidad a sus orígenes incorporando la tradición de los saturnales que se caracterizaban por el desenfreno, la permisibilidad, el intercambio de roles sociales, la comida y la abundancia en todo sentido.
La Hispanidad trajo a América las antiguas tradiciones paganas, en las crónicas del siglo XVI hay referencias de la celebración, la cual ha sido constante, con el pasar de los siglos. En el mundo andino, cercano a Cuenca, estaba viva la antigua tradición rebautizada como “Taita Carnaval“ que en esencia, conserva paradójicamente el mismo sentido arriba señalado, dentro de esta se mantenía vivo “El Juego del Pucára”, rito de profunda tradición “Cañári“ que consistía en el enfrentamiento entre dos comunidades rivales, en disputa por obtener el control de una colina, el ejército de comunidad estaba presidido por los Taitas, tocadores de redoblantes, pingullos, pututus y chirimías, acompañados por hombres jóvenes ataviados por gruesos sombreros de cuero y armados de hondas (guaracas), piedras boleadas, palos, mazos y otras armas de golpe, las mujeres acompañaban en espacios de retaguardia con alimentos y bebidas para los ritos previos al enfrentamiento y posteriores al mismo, adicionalmente la atención a los heridos que en gran cantidad producía el enfrentamiento, el juego de “El Pucára”, estaba ligado al ciclo ritual agrícola, en donde la tierra, necesita de ofrendas de sangre para que fecunde en frutos, se realizaba en comunidades como: Tarqui, Ludo, Jadán, Quingeo, Turi, Gullanzhapa. Los últimos registros, de “El Pucára”, datan de 1970, en el enfrentamiento entre las parcialidades de Turi y Gullanzhapa en esta última comunidad.
La Hispanidad aportó a edificar nuestra rica cultura, el carnaval, se expresó en juego y por centurias se lo ha hecho con agua, serpentinas, polvo, harinas, cascarones, colonias, anilinas, etc. etc.; con el paso de los años, aparecieron las bombas, fueron objetos codiciados para mojar a cuanto transeúnte exista, el juego comenzaba en las primeras semanas del mes de enero, prolongándose hasta carnaval, se armaban verdaderas batallas campales, sobre todo a la salida de los colegios femeninos, las piletas de los parques, o los ríos, recibían todo el tiempo a los abundantes carnavaleros, cualquier día de la semana, era bueno para el juego.
Cultura de raíz profunda, como el Mote Pata, plato carnavalero por antonomasia de la centenaria cocina cuencana, muestra de la mixtura: cebolla, ajos, pepa de zambo, sal, especias, manteca de cerdo, achiote, leche, carne de cerdo, mote, longaniza.
La matanza del chancho es casi un ritual, en esta época, milenaria tradición europea que se consolidó en España y en la península ibérica toda, y echó raíces profundas en nuestra tierra, en deleite vital: la cascarita, el sancocho, la fritada, el espinazo que se guardaba para que acompañe en la semana entrante a : la harina de alverjas o al locro de carne y col, las morcillas, blancas o negras; y la reserva de perniles a ser adobados con diversos condimentos, curados con salitre y prensados por semanas en banco de carpintero, hasta la deshidratación y maduración de la carne.
Este es tiempo de los primeros choclos, aquellos que se sembraron con las lluvias tempraneras en Santa María el 8 de septiembre, la mesa carnavalera, siempre fue dadivosa y derrochadora; a todo esto, se suman a acompañar, la pródiga variedad de dulces: higo, durazno, albaricoque, manzana chilena, membrillo, manjar blanco, manjar negro, etc. etc.
Comamos y bebamos, que mañana moriremos¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡
Chulla vida.....Chulla Vida......¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡
Hay que mojarse por dentro y por fuera ¡¡¡¡¡¡¡¡¡
En Carnaval, el aguardiente, hay en abundancia, siendo el Draque, trago de caña, mezclado con agua caliente de: naranjilla, canela y azúcar, el elíxir más apetecido por los carnavaleros; entre copa y copa, el juego con agua como imitación de una batalla, hasta que llega el baile, siempre el baile, ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡varios días de mojarse, cantar, bailar, comer y beber!!!!!!!!!!!
El carnaval era tiempo de guitarras, acordeones, en algunos casos bandoneones, y uno que otro saxofón, los cantantes y tocadores eran apreciados y estimados, hasta que llegaron las emisoras de radio, luego los discos y las radiolas, posteriormente en evolución continua y frenética cuanto aparato tecnológico permita escuchar música para el baile.
Dicen que en esta vida…" Nadie te quita lo bailado ", sabiduría profunda, y verdadera; hay de aquellos que desaprovecharon la gran invitación al baile de la vida¡¡¡¡
El juego, siempre ha sido espacio por excelencia para el cortejo, la seducción y el enamoramiento, también ámbito de indisposición y sufrimiento para otros por las afrentas de los jugadores, por la incitación al rompimiento de reglas, desagradable celebración para personas, poco afectas a las alegrías mundanas, temerosas del pecado, que cuidan escrupulosamente su salud y sus modales, porque fueron educados con la docta guía del manual de Carreño.
Los antiguos solían decir, " Los demonios, vivísimos, se esconden en los conventos "
Es razón para la nostalgia de los entrados en años, porque recuerdan, " los tiempos idos y no volvídos ", cuando gozaron de la vida en plenitud, y han llegado a viejos luego de una vida con carnavales bien jugados, bien comidos y bien bebidos, sin miedo a la reencarnación porque han vivido varias vidas en una sola.
Carnaval es tiempo de la familia ampliada, época de vecindad, de cercanía con los amigos buenos, apertura a todo lo que la vida ofrezca, tiempo de liberación y éxtasis. Carnaval, carne levare, lavar la carne, limpiar el cuerpo, purgar lo vivido; la historia de la humanidad es la historia de la lucha de las fuerzas confrontadas; no puede iniciar un tiempo nuevo, si no se cumplen los designios del período que lo precede, vivir cada etapa en plenitud, la luz no nace de la luz, nace a partir de las oscuridades que se transustancian.