domingo, 22 de febrero de 2026
sábado, 21 de febrero de 2026
¡DEJEN NO MÁS!, esa expresión coloquial, la hemos usado desde siempre, con el énfasis que implican las mayúsculas y los signos de exclamación, para pedir, rogar, exigir, que algunos dejen de hacer algo, se abstengan de repetir lo que habían hecho antes o simplemente no hagan lo que se proponen (la intensidad depende del contexto en el que se emita ese llamado a parar la acción).
El dejen no más, implica que las cosas están o estaban bien sin la intervención propuesta, accionada o ejecutada; que se va a dañar aquello en lo que se quiere actuar; o que, una situación ya complicada o crítica va a empeorar si hay injerencia sobre ella; en definitiva que lo mejor es no hacer nada o dejar que los que saben o a quienes les compete actúen.
Luego de lo que han tenido o hemos tenido que soportar los cuencanos, sobre todo en los últimos feriados –fin de año/año nuevo, carnaval-, dejen no más, es no solo lo que provoca decirles, sino lo que tenemos que exigir a quienes fungen como alcalde, prefecto y más autoridades de los Gobiernos Autónomos Descentralizados (GAD) cantonal y provincial, ya que con sus acciones e inacciones –en particular de los municipales- están llevando a que la ciudad y la provincia se conviertan en un muladar, así de duro, si no paran hacia allá nos están llevando.
Varias voces de alerta se han levantado, sobre todo en los últimos meses, a las que ningún caso hacen quienes tienen la obligación de velar por la convivencia armónica, el desarrollo ordenado y el bienestar de los habitantes de la ciudad y la provincia, algunos de los cuáles les han permitido con su voto (12% del total de los convocados a ejercer el sufragio) ocupar los cargos que hoy ostentan y de los que abusan.
Arman conciertos, eventos y chacotas para incentivar el turismo dicen. Otra vez les decimos ¡dejen no más!, pues algunos afuereños llegan, desordenan, ensucian, ocupan espacios públicos como les da la gana, porque los que los invitan no están para cuidar la casa, ni establecer las normas de comportamiento que se espera de los visitantes.
En los dos últimos feriados, el Parque Calderón y el Centro Histórico de la ciudad han sido mancillados, contaminados por el ruido de parlantes instalados en cualquier lado o en vehículos estacionados donde les dio la gana a sus conductores. El propio municipio fue artífice del desorden en fin de año al organizar la presentación de artistas en plena esquina del Parque existiendo otros lugares aptos para conciertos y baile general.
En carnaval la cosa empeoró, el centro de la ciudad se volvió peligroso, supuestos jugadores de carnaval agredieron a peatones y a quienes transitaban en vehículos, sin que los entes de control y protección intervinieran de manera alguna.
¡Dejen no más!, no hagan más conciertos ni eventos para atraer ese turismo que no es el que queremos ni necesitamos.
Decirles también al alcalde y al prefecto, que en Cuenca y en el Azuay, no necesitamos que nos incentiven a jugar carnaval, protagonizando espectáculos lamentables como el de alterar el desarrollo normal de las actividades de los mercados, instalando piscinas o permitiendo que se lo haga, para luego meterse en ellas, embadurnarse con espuma y otros menjurjes, poniendo en peligro a los compradores al esquivar el agua o cualquier otra cosa que se les lance o por los resbalones o caídas al caminar en pisos resbaladizos que se vuelven peligrosos. Tampoco recorriendo barrios y parroquias mojados y cubiertos de polvos o carioca, en lugar de dedicarse a trabajar que es como deben cumplir con sus obligaciones.
Dejen de gastar millonadas en conciertos y otros festejos. En este carnaval 2026: $700.000 de recursos municipales, $200.000 de la prefectura, que seguro pudieron y debieron destinarse a mejores fines, sin contar lo que implica destinar tiempo y otros recursos como movilización y presencia de las autoridades y otros servidores públicos en las promociones y el jolgorio.
Estas son las cosas que motivan proponer reformas legales como las que se discuten hoy para el COOTAD. Dejen de hacer cosas que no deben, dedíquense a lo que deben, el relajo y el bochinche gusta a algunos, la mayoría queremos vivir en una ciudad y una provincia bien gobernadas.
Tatiana Neira Alvarado
LOS GAD SOLO DEDICAN ENTRE 20 Y 25 POR CIENTO DE SUS INGRESOS A INVERSIÓN REAL
Las cifras oficiales del Banco Central del Ecuador evidencian un problema estructural en la gestión fiscal territorial. En 2024, el conjunto de gobiernos autónomos descentralizados registró ingresos por USD 5.436,2 millones y destinó a activos no financieros USD 1.371,1 millones. El propio BCE define a los activos no financieros como formación bruta de capital fijo, obra pública y bienes de larga duración para inversión, el resultado es inequívoco. Esa y no otra es la verdadera inversión. En promedio, apenas alrededor del 25,2 % de los ingresos se transformó en inversión real, mientras la mayor parte del flujo de recursos se absorbió en otros componentes del gasto. Ese comportamiento explica el atraso acumulado en mantenimiento, reposición de infraestructura y servicios, aun cuando la ciudadanía financia a los GAD mediante impuestos, tasas, contribuciones y transferencias.
En 2025, con el corte de enero a noviembre, la relación inversión-ingresos se deteriora todavía más. Los ingresos acumulados alcanzan USD 6.040,4 millones y la inversión devengada apenas suma USD 1.226,4 millones, lo que implica que únicamente un 20,3 % del ingreso se ha convertido en inversión real. Es una reducción significativa de la capacidad del sistema para producir obra pública y bienes duraderos. Además, existe un riesgo adicional que no puede omitirse. Dentro de los rubros registrados como activos no financieros seguramente existen componentes que, en la práctica, no son inversión, no generan activos verificables ni resultados físicos medibles, por lo que el indicador podría incluso sobreestimar la inversión real.
Es indispensable añadir una precisión conceptual para evitar lecturas incorrectas. Los ingresos reportados por el BCE en estas operaciones no incluyen recursos provenientes de endeudamiento interno o externo. El endeudamiento no se registra como ingreso, sino como financiamiento del resultado fiscal, es decir como la forma de cubrir la brecha cuando los egresos son mayores a los ingresos. Por tanto, el porcentaje de inversión calculado sobre ingresos no está inflado por deuda. Esto refuerza el diagnóstico. Los Gobiernos Autónomos Descentralizados del Ecuador convierten en inversión real solo entre una quinta y una cuarta parte de sus ingresos anuales.
Este escenario exige una reforma seria, orientada a resultados. La inversión debe definirse de forma estricta y operativa, circunscrita a inversión con ejecución física comprobable, y su cumplimiento debe evaluarse con indicadores verificables, metas físicas y reportes comparables, sin margen para reclasificaciones discrecionales. Si el sistema mantiene como norma que solo entre 20 % y 25 % del ingreso se traduzca en inversión real, persistirán la menor obra pública y el deterioro sostenido de la infraestructura, junto con una creciente pérdida de legitimidad fiscaly una mayor exigencia de transparencia y rendición de cuentas frente a GAD que no convierten proporcionalmente los recursos en servicios y activos para la población.
¿Qué factores explican que los gobiernos autónomos descentralizados destinen cada año un porcentaje tan bajo de sus ingresos a la inversión real en el Ecuador y qué dudas razonables surgen, a partir de ese resultado, sobre la eficiencia, las prioridades y la transparencia en el uso de los recursos públicos?
Econ. Marco Flores T.
Febrero 21 de 2026
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