DESTRUYEN CASAS PATRIMONIALES
EN EL CENTRO HISTÓRICO DE CUENCA.
Por Jaime Cedillo F.
Cuenca, reconocida por la UNESCO desde 1999, enfrenta riesgos de perder su estatus de Patrimonio Cultural de la Humanidad debido a la falta de un Plan de Gestión del Centro Histórico actualizado.
La UNESCO realiza evaluaciones periódicas a fin de comprobar la aplicación del plan de manejo que garantiza la permanencia de ese bien, decía Hernán Crespo Toral, allá por el año 2003, respondiendo las inquietudes de El Observador, sobre los atentados que se venían dando al patrimonio de la ciudad, apenas designada como Patrimonio Cultural de la Humanidad.
Al constatar que un bien puede sufrir modificaciones que alteren sus características de originalidad y autenticidad puede retirarlo de la lista del patrimonio mundial, o declararlo bien en peligro.
Intervenir en bienes culturales trae inmensas responsabilidades. Los bienes patrimoniales no son renovables; por lo mismo, antes de tocarlos no sólo que conviene conformar equipos interdisciplinarios de técnicos, científicos y expertos en historia del arte y de la cultura, sino que se debe consultar y poner al tanto a la comunidad.
Los bienes culturales no pueden ser motivo de experimentaciones sensacionalistas o de manejo poco serios.
La arquitectura es verdadera mientras haya una relación profunda entre el espacio interior y la fachada Si vaciamos el contenido y dejamos la fachada, estamos frente a una MENTIRA CERDOSA.
Qué vamos a dejar a nuestros hijos, preguntaba Hernán Crespo Toral: una especie de falsificación. La declaratoria es una obligación de conservar los bienes de la ciudad que es un ente vivo. Si se hacen intervenciones en el Centro Histórico, tienen que haber normas éticas en la intervención.
Desde 1999 (diciembre) año de la declaratoria del Centro Histórico de Cuenca, como Patrimonio Cultural de la Humanidad, cuántos inmuebles se han destruído con la nefasta complicidad de las administraciones municipales, y el silencio de instituciones públicas y privadas, que por conveniencias políticas, por negocios económicos, por intercambio de favores, por contratos de consultorías y otras prebendas más, han jugado el papel de ciegos, sordos y mudos. La lista de la infamia es larga y dolorosa.
Sobre la reciente demolición de dos inmuebles más, bellos, incomparables, históricos, joyas culturales de la ciudad; conversamos con el doctor Felipe Díaz Heredia, autor de esa extraordinaria obra de investigación: " Epigrafía y Escultura Patrimonial de Cuenca", ciudadano, como pocos, que ha dedicado sus mejores años a defender a Cuenca y su invaluable patrimonio cultural.
Doctor Díaz, qué criterio le merece esta nueva acción perversa que han cometido, entre gallos y media noche, los enemigos del patrimonio cultural edificado en el corazón de la ciudad?
Las casas patrimoniales de Cuenca se desploman una tras otra en pleno Centro Histórico, no por accidente ni fatalidad, sino por el abandono deliberado y la negligencia criminal de los funcionarios de Áreas Históricas del Municipio. Cada derrumbe es una prueba del fracaso institucional y del desprecio absoluto por la memoria de la ciudad.
A esta situación se suma —con honrosas excepciones— el silencio de ciertos medios de comunicación que han renunciado a su deber de informar y fiscalizar para convertirse en espectadores mudos de una tragedia anunciada. Su silencio no es inocente: legitima la
destrucción.
Esta inacción institucional y periodística no solo permite, sino que facilita la desaparición progresiva del patrimonio arquitectónico y escultórico de Cuenca. Es un daño irreparable, cometido a plena luz del día, con responsables claros y con un silencio que ya no es omisión, sino complicidad. Cada inmueble que cae es una acusación directa contra quienes, teniendo la obligación de protegerlo, prefirieron mirar a otro lado. ¿Y qué más falta para reaccionar?
Y, la Dirección de Áreas Históricas y Patrimoniales del Municipio de Cuenca, qué papel juega?
Una profunda preocupación ciudadana respecto a la grave inoperancia de la Dirección General de Áreas Históricas y Patrimoniales de Cuenca en relación con la conservación, mantenimiento y protección del patrimonio arquitectónico, escultórico y material de nuestra ciudad.
Han permitido la demolición casi total de la casa que perteneció a la familia Díaz Cueva, un inmueble que data de la década de 1850 y que formaba parte del tejido histórico del centro de Cuenca. La propiedad ubicaba frente a la antigua Clínica Vega, en la calle Bolívar, entre Padre Aguirre y General Torres, en un sector de alto valor patrimonial.
El inmueble tuvo como propietario original al filántropo Tadeo Torres, quien destinó su legado económico al amparo de niños huérfanos y ancianos desprotegidos. Posteriormente, la casona
fue adquirida por don David Díaz Mosquera, importador de mercaderías europeas, hijo político del doctor Mariano Cueva Vallejo, quien se desempeñó como Vicepresidente de la República,
Presidente de la Corte Nacional de Justicia, Segundo Rector de la Universidad de Cuenca y primer Decano de la Facultad de Jurisprudencia. En esta residencia vivió sus últimos años el
doctor Mariano Cueva Vallejo. Casa que se encontraba en perfecto estado de conservación.
Asimismo, en esta casa nació el doctor Miguel Díaz Cueva, reconocido como paladín de la justicia, motivo por el cual existe una placa epigráfica de bronce en el frontis del inmueble, testimonio material de su relevancia histórica, colocada en 1984
Sólo han dejado el frontis, son las mentiras cerdosas, como decía Hernán Toral?
La desaparición interna y posterior (solo quedó el frontis) de esta casona lo hizo el arquitecto Claudio Ullauri según información del Arquitecto Juan Izquierdo. Tras la adquisición por el señor Vera Vázquez compró adicionalmente otro inmueble colindante en la calle Padre Aguirre, desde donde se procedió a la demolición interna de la casona. Este caso no es aislado.
Hay una segunda casa patrimonial destruída en la calle Juan Jaramillo?
Situaciones similares han ocurrido con la casa Carrasco (ubicada en las calles Juan Jaramillo y Luis Cordero) y la casa Vintimilla, situada en la calle Hermano Miguel, inventariada como patrimonio por encontrarse dentro de los límites históricos de la ciudad,
anterior a 1872 y de características vernáculas.
La demolición, destrucción, no constituye únicamente la pérdida de una estructura física, sino un atentado directo contra la memoria histórica de la ciudad. Resulta alarmante que, pese al valor histórico y simbólico de estos inmuebles, las autoridades competentes no hayan actuado con la diligencia necesaria para garantizar su preservación. Esta reiterada falta de acción evidencia un preocupante patrón de desprotección institucional que pone en riesgo el legado cultural que identifica y da sentido a nuestra ciudad.
Qué le parece la poco o nula intervención de entidades como el Instituto Nacional de Patrimonio Cultural, las facultades de arquitectura de las universidades, el Concejo Cantonal, sobre este política de dejar hacer, dejar pasar?
El punto central de mi pronunciamiento Jaime es abrir un debate serio y responsable sobre la verdadera función y el accionar de la Dirección de Áreas Históricas del Municipio de Cuenca,
frente a la pérdida sistemática de inmuebles patrimoniales en nuestra ciudad desde hace muchos años.
Lo que se percibe, lamentablemente, es que la actuación institucional se ha reducido a un enfoque meramente sancionatorio y recaudatorio: se derriba una casa patrimonial, se impone
una multa, se paga la sanción económica y el asunto se da por concluido. Sin embargo, la pregunta de fondo es inevitable: ¿es esa la finalidad de una entidad creada para proteger el patrimonio histórico?
Pobre el rol de la Dirección de Áreas Históricas y Patrimoniales?
Entendemos que la función esencial de Áreas Históricas debería ser preventiva antes que punitiva. Su rol no puede limitarse a registrar demoliciones consumadas y aplicar sanciones económicas. Por el contrario, su misión institucional —según el espíritu mismo de la normativa patrimonial— debe orientarse a velar por la conservación de la arquitectura vernácula y patrimonial, supervisar el mantenimiento adecuado de los inmuebles protegidos, promover su restauración, acompañar técnicamente a los propietarios y, sobre todo, evitar que las edificaciones históricas lleguen al punto de deterioro o demolición.
Cuando varias casas patrimoniales desaparecen de manera reiterada, no estamos frente a hechos aislados, sino ante un posible patrón de omisión institucional. La pérdida de estos bienes no puede considerarse un daño reparable únicamente con una multa, porque el patrimonio histórico no es sustituible ni cuantificable en términos económicos. Una vez demolido, el legado cultural desaparece de forma irreversible.
Un llamado a la reflexión, nunca es tarde?
El debate que propongo no es un ataque personal ni político; es un llamado a la reflexión ciudadana. Resulta legítimo preguntarse si la Dirección de Áreas Históricas está cumpliendo eficazmente con su mandato o si, por el contrario, existe una preocupante inoperancia que está permitiendo el progresivo debilitamiento del centro histórico.
Si la función de la institución es proteger, conservar y prevenir, entonces debe rendir cuentas claras sobre los mecanismos de control, seguimiento y acompañamiento que aplica. Pero si en
la práctica su intervención se limita a sancionar cuando el daño ya está consumado, estamos ante una falla estructural que debe ser revisada con urgencia.
Mi intención es sensibilizar tanto a la ciudadanía como a los medios de comunicación para que este tema no pase inadvertido.
El patrimonio cultural pertenece a todos y su defensa no puede
depender únicamente de trámites administrativos o de sanciones posteriores. Se requiere una política activa, transparente y eficaz.
"Cuenca merece más que buenas intenciones. De a poco se ha ido lesionando la imagen colonial".
Honorato Carvallo
Fotos: Felipe Díaz Heredia
No hay comentarios:
Publicar un comentario