martes, 24 de marzo de 2026

 LaParola.ec

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EL MILAGRO DE LA MULTIPLICACIÓN DE LOS PANES Y LAS TORTILLAS: GUÍA PARA LAVAR.. PERDÓN, PARA EMPRENDER
Había una vez, en una ciudad colgada de los Andes (donde comemos mote y no tacos), donde los ríos cantan y dónde se lava ropa, entre otros menesteres, un caballero que descubrió la piedra filosofal de la economía. No era alquimista: era un entusiasta de las tortillas; básicamente, un “Tortillero”.
Para que lo entiendas, te lo voy a explicar como si fueras guambra de escuela: Imagina que tienes una alcancía. Tus papás, por tus buenas notas (disque trabajar para la ciudad y dar clases en la escuela grande), te dan 5 dólares al mes. Pero de repente decides que necesitas el “combo definitivo”: una consola de 700 dólares, de esas con todos los añañais que le darían envidia hasta al hijo de Donald Trump.
Tenías ahorrados 200. Le pides a tu papi que te preste, pero solo te suelta 80. Entonces vas a la tienda del barrio porque eres pana y te dan 400 latas de crédito. Y tú, con la seguridad de un estudiante del Benigno Malo en huelga, juras que todo lo vas a pagar en menos de un año.
Cualquier niño con dos neuronas haciendo contacto te diría: “¡Ele! A ver, si ganas 5 dólares al mes, ¿DE DÓNDE PUES? ¿Cómo vas a pagar 40 de cuota? ¿Vendes órganos o qué?”. Es aquí donde aparece el ingrediente secreto: la tortilla mágica.
Hagamos números, pero de los que sí deberían cuadrarte. Para pagar esos 40 dólares mensuales (que en la vida real hay que agregar 3 ceros), nuestro Tortillero asegura que su pequeña fábrica es la fuente del milagro.
Supongamos que cada funda de tortillas deja una ganancia limpia de 10 centavos, después de pagar maíz, gas y al pobre operario que las vira en el tiesto. Para cubrir la deuda, tendrías que vender cientos de miles de fundas al mes.
Traducido al mundo real: todas las familias de la ciudad tendrían que desayunar, almorzar, merendar y, de paso, usar de almohada las tortillas del susodicho. Tres veces al día, los 365 días del año. Sin falta. Ni en feriado, ni en dieta, ni con una diarrea fulminante. Si tú vas al supermercado, verías que uno de cada tres carritos debería estar repleto de estas fundas milagrosas. Un éxito de ventas que ni la Coca-Cola en sus tiempos más creativos habría logrado.
Aquí es donde el asunto se te pone color ututo. Para producir semejante cordillera de masa se necesitan camiones y camiones de maíz. Sin embargo, en los registros, la tortillería parece comprar lo justo para no desaparecer del mapa.
Estamos ante la primera fábrica cuántica del Austro: produce millones sin insumos, vende sin rastro y factura con una fe que ya quisiera cualquier iglesia. No es contabilidad, es teología. Tú metes una factura de tortillas en el Excel y, con la bendición correspondiente, del otro lado aparece un patrimonio que ni Mandrake podría justificar ante la Fiscalía.
Pagar una mansión de $700k en un año con sueldos de profesor y burócrata, más una pyme de tortillas, es como llenar el embalse de Mazar con la tacita de té de la Marujita. Un milagro financiero digno de estudio en alguna universidad de Mexico (como Jalisco).
Al final, este no es un caso de economía, sino de FE aplicada: creer contra toda evidencia, declarar contra toda lógica y facturar contra toda aritmética. Aquí no hay déficit, hay devoción. No hay inconsistencias, hay misterios.
¿Eres un cuencano de a pie? Sigue caminando nomás mijo y no pises los charcos. Porque para comprarte la casa de tus sueños en la zona de los aniñados no hace falta que te rompas el lomo trabajando. Basta con que conozcas la receta secreta: esa donde la masa no sube con levadura, sino con milagros de multiplicación y “préstamos en efectivo”, de esos que te caen del cielo.
Buen provecho con tu tortilla… y cuidado te la comas entera, capaz te atragantas con los números.
¡Eso nomás sería!


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