martes, 3 de febrero de 2026

 FELICIDADES A TODOS LOS COSTARRICENSES POR SER UN FARO DE DEMOCRACIA.

"DEFENDERÉ A LA DEMOCRACIA NO POR VIRTUOSA, SINO POR INSUSTITUIBLE".

Cuando Jorge Luis Borges con su genio incontestable lanza una de esas frases que deslumbran por su filo intelectual y seducen por qué lleva en si Desencanto Aristocrático: la democracia como el “abuso de la estadística”, como un menguado mecanismo que eleva a “hampones democráticos” al poder, a todos nos hace reflexionar y nos ponemos a pensar si estaremos equivocados en apoyar el dictamen de las mayorías.

Al englobar a la Democracia como el abuso de las estadísticas nos somete a mi criterio a un un diagnóstico parcial: la democracia no garantiza ni virtud, ni inteligencia, ni justicia. Jamás lo ha hecho. Pero aquí está el punto decisivo , el que Churchill entendió con brutal claridad histórica cuando lideró al Reino Unido (Inglaterra, Gales, Escocia e Irlanda del Norte) durante la 2da guerra mundial: ningún otro sistema lo ha hecho mejor, ni siquiera de cerca.

Nadie piensa que la democracia  es un ideal moral; sencillamente es un Método de Corrección de Errores. Y su grandeza no está en evitar el mal gobierno, sino en permitir removerlo sin derramamiento de sangre.

Analicemos friamente los hechos y comencemos por la hoy extinta Unión Soviética: durante décadas exhibió hacia afuera eficiencia, planificación y un relato deslumbrante de justicia social. En qué paro? Estancamiento económico, represión sistemática y colapso total sin mecanismos internos de corrección. El error no se rectificaba: se acumulaba hasta explotar.

Otro ejemplo que es tan palpable que pienso que nisiquiera habría que mencionarlo, Cuba: más de sesenta y siete años a enero del 2026, sin el menor atisbo de alternancia política POR LAS BUENAS. Qué produjo la “suspensión indefinida de la democracia” que Borges sugiere? Una elite intocable, una sociedad empobrecida y generaciones enteras sin voz ni salida institucional.

Ahora analicemos lo del momento, Venezuela: Con Chávez y Maduro nunca hubo democracia, sino su destrucción progresiva. Cuando las elecciones dejaron de ser competitivas para el régimen y el poder dejó de ser reversible, el desastre se volvió estructural, el resto lo conocemos todos.

En todos estos casos, el problema no fue que gobernaran “las masas”, sino que nadie podía echar a los incompetentes y ladrones.

Ahora bien, comparemos lo anterior con democracias imperfectas, las reales, no las ideales:

Estados Unidos ha elegido presidentes brillantes y presidentes mediocres. Pero ha sobrevivido a todos y sobrevivirá a mi tocayo. Nixon cayó sin un golpe de Estado; Mi tocayo fue reemplazado por votos; y Biden fue practicamente echado dentro de una contienda electoral. La república sigue en pie porque el poder no es hereditario ni irreversible.

Qué nos dice la experiencia Española? pese a sus crisis, corrupciones y tensiones internas, ha logrado algo que la historia iberoamericana rara vez consiguió: alternancia pacífica y continuidad institucional durante más de cuatro décadas.

Otro ejemplo es Chile que apesar de todas sus convulsiones recientes, resolvió una crisis constitucional no con tanques, sino con plebiscitos. Dos, incluso, para corregir el primero. Ese “abuso estadístico” que cita Borges evitó una guerra civil.

Que la democracia tolera la mediocridad, sí. Pero castiga la tiranía con el tiempo, mientras que  los regímenes no democráticos castigan a los pueblos por generaciones.

El error borgiano consiste en  desconfiar de la democracia porque observa sociedades culturalmente frágiles, corruptas o inmaduras. Pero es precisamente aquí donde  yace la confusión: la democracia no crea esas condiciones; las expone, los otros regímenes tapan esto a sangre y fuego. Postergar elecciones “trescientos o cuatrocientos años” no crea ciudadanos virtuosos; crea oligarquías perpetuas. La historia latinoamericana es contundente: cada vez que se suspendió la democracia “hasta que el pueblo estuviera listo”, el resultado fue caudillismo, militarismo o cleptocracia.

Yo no he oído nunca que hubo un dictador que devolviera el poder porque el pueblo ya estaba “educado”.

Por estas razones que les he citado, siempre estaré del lado de Churchill, él no defendía la democracia por ingenuidad, sino por memoria histórica. Había visto en carne propia como Europa sucumbía ante el Leviatán del nazismo, el fascismo, el estalinismo, los supuestos "Sistemas “eficientes”, “disciplinados”, “no estadísticos”. Y entendió algo esencial:La grandeza de la democracia no es su común error de eligir a magos de la retórica, sino que permite corregir esa mala elección.

Roma no se construyó en un día, la democracia es lenta, ruidosa, vulgar, a veces estúpida. Pero no momifica el error, no sacraliza al líder, no convierte el poder en destino.

Ya para no cansarlos les digo que Borges tenía razón en su escepticismo moral, pero se equivocó para mi en lo principal, en la conclusión política. La democracia no es una idea salvadora; es algo más sencillo, humilde y más valioso, algo que todos ustedes los ticos y las ticas saben muy bien: es un mecanismo para evitar que los errores humanos se vuelvan eternos. Por eso sigue en pie, maltratada como actualmente la vemos aquí en EE.UU, pero viva, mientras los regímenes “honestos y justos” sin urnas terminan siempre en ruinas, exilios y fosas comunes.

Churchill no la elogió. La soportó.

Y precisamente por eso, acertó.

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