ME QUITARON EL UNIFORME SIENDO MADRE, PERO NO PUDIERON QUITARME LA FUERZA DE SERLO
El poder puede firmar una baja, calificar mal una hoja de servicios, cerrar un expediente. Pero jamás podrá borrar la historia de una mujer que se levantó una y otra vez.
Pertenecía a la UIAD, la Unidad de Inteligencia Antidelincuencial de la Policía Nacional. Como todas las unidades de inteligencia, estuve presente aquel 30 de septiembre de 2010. Nueve meses después, en julio de 2011, la Orden General No. 131 me colocó "a disposición", separándome de mi unidad. Fue el primer paso de un proceso que duraría dos años más.
El 17 de julio de 2013 di a luz. Empecé mi reposo post-parto: doce semanas, hasta el 10 de octubre. El proceso en mi contra seguía su curso.
El 30 de agosto de 2013, en plena licencia de maternidad, 44 días después de dar a luz, la Orden General No. 169 publicó mi baja definitiva de las filas policiales, por "Mala Conducta Profesional".
Pedí que revisaran mi baja. Presenté un Recurso Extraordinario de Revisión. La respuesta llegó firmada por el entonces ministro del Interior, José Serrano: negaron mi recurso.
Después llegó el proceso penal. En 2016, seis años después de los hechos, la Fiscalía formuló cargos contra mí y nueve compañeros por plagio. El fiscal Fabián Salazar insistía en que me declarara culpable. Un parte informativo policial me vinculó por estar conversando con compañeros el día de los hechos. Con eso bastó para procesarme.
En tercera instancia, me declararon inocente. El juez, y luego la Sala Penal de la Corte Provincial de Pichincha, confirmaron mi sobreseimiento. Nunca hubo pruebas contra mí.
Cada vez que buscaba empleo, mi historial judicial aparecía como una sombra. Hasta que una empresa, Platino Marketing Promocional, escuchó mi historia completa y me dio la oportunidad de trabajar.
En 2019 me gradué como Ingeniera en Contabilidad y Auditoría, con mis padres y mis hijos junto a mí. Nadie me lo regaló.
Hoy, a 16 años de aquello, el mismo José Serrano que firmó el cierre de mi caso está detenido en la cárcel El Encuentro, procesado por el magnicidio de Fernando Villavicencio. No me alegra la desgracia ajena. Pero sí disfruto, hoy, la confirmación de algo que aprendí a la fuerza: el poder es efímero.
Panchito's Coffee no lo levanté sola. Detrás hay un equipo que cada día saca adelante el negocio conmigo.
Mi madre enfrenta un cáncer que le detectaron hace apenas un año. Entre mis hermanos y yo compartimos el gasto y el acompañamiento en cada cita médica, como ella nos sostuvo a nosotros cuando todo se derrumbó.
Yo perdí un uniforme siendo madre.
Ellos perdieron el poder.
CARMEN MACRINA ARMIJOS GONZÁLEZ
16 años después, la historia sigue de pie.
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