martes, 8 de septiembre de 2026

 EDITORIAL.

LA INCOMPETENCIA COMO INSTRUMENTO DE CORRUPCIÓN EN LAS INSTITUCIONES PÚBLICAS, ESPECIALMENTE EN LOS GAD.
Colocar o contratar para un puesto público a una persona que carece de la capacidad profesional, la experiencia y el perfil requeridos para desempeñar correctamente el cargo, no por desconocimiento sino deliberadamente, con el propósito de poder manejarla a voluntad y obtener de ella obediencia ciega, constituye una forma perversa de corrupción.
Quien designa de manera consciente a un funcionario incapaz no está simplemente cometiendo un error administrativo: está convirtiendo el servicio público en un instrumento de poder personal. Busca a alguien que no tenga los conocimientos suficientes para cuestionar sus decisiones, que no pueda discutir técnicamente sus órdenes y que, por temor a perder el puesto o por dependencia personal, termine obedeciendo sin preguntar.
Así se construye el funcionario dócil: alguien que ocupa un cargo para el cual no está preparado, pero que resulta conveniente para quien lo nombró precisamente porque no tiene la capacidad —o la independencia— para decir “eso no corresponde”, “eso es ilegal” o “eso no se puede hacer”.
El daño no termina en el nombramiento. Lo paga la ciudadanía. Un puesto público ocupado por una persona sin el perfil adecuado significa recursos públicos mal utilizados, decisiones deficientes, instituciones debilitadas y servicios que dejan de responder al interés colectivo.
La administración pública no puede convertirse en una colección de cargos repartidos entre amigos, familiares, militantes o personas obedientes. Los puestos públicos existen para servir a la sociedad, no para satisfacer la necesidad de control de quien circunstancialmente ocupa una posición de poder.
Por eso, cuando la incompetencia es buscada deliberadamente para garantizar obediencia, la incompetencia deja de ser una simple deficiencia y se convierte en una herramienta del poder corrupto.
Y quizá esa sea una de las formas más peligrosas de corrupción: aquella que no necesita comprar voluntades, porque primero se encarga de nombrar personas que nunca tendrán el valor o la capacidad de cuestionar al que manda.
FELIPE DURÁN ALEMÁN.

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