miércoles, 25 de febrero de 2026

 
#ATENCION || El escándalo que sacude al Estado: poder, familia y justicia bajo sospecha Lo que debería ser un sistema diseñado para vigilar al poder se ha convertido, peligrosamente, en un espacio donde el poder parece vigilarse a sí mismo. El nombramiento de la esposa del Contralor General en un cargo clave dentro del sistema pericial no es un simple hecho administrativo: es una señal alarmante de cómo las fronteras entre el interés público y el interés privado comienzan a desdibujarse. Cuando el núcleo familiar de quien controla al Estado pasa a ocupar posiciones estratégicas dentro del aparato judicial, la independencia institucional deja de ser una garantía y pasa a ser una promesa vacía. El conflicto de interés no es una percepción, es un riesgo real. El Contralor tiene la capacidad de impulsar auditorías, denuncias y procesos que pueden definir el destino de ciudadanos y funcionarios, mientras el sistema pericial —pieza fundamental en esos mismos procesos— queda bajo la dirección de su entorno más cercano. Esta concentración de poder no solo es éticamente cuestionable, es institucionalmente peligrosa. Porque cuando el control y la influencia convergen en los mismos círculos, la transparencia deja de existir y el sistema pierde su equilibrio. Más grave aún es la aparente contradicción en la declaración oficial donde se afirma que la funcionaria no es una Persona Expuesta Políticamente, pese a ser cónyuge de una de las máximas autoridades del Estado. Este tipo de omisiones no son detalles menores: son grietas que exponen la fragilidad de los mecanismos de control. Si las normas diseñadas para prevenir abusos pueden ser ignoradas por quienes están en la cúspide del poder, el mensaje que recibe la ciudadanía es devastador: que la ley no es igual para todos. El uso del sistema penal contra quienes cuestionan estos hechos agrava la crisis. Cuando el poder no responde con transparencia, sino con acciones judiciales, la fiscalización ciudadana se convierte en un riesgo y la democracia entra en terreno peligroso. Porque el verdadero escándalo no es solo un nombramiento o una declaración, sino la consolidación de un sistema donde el poder se protege, se blinda y se impone. Y cuando eso ocurre, el mayor daño no es político: es la destrucción de la confianza en el Estado y en la justicia misma. Fuente: Leonardo López facebook.com/share/p/1F4Sh3



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