viernes, 6 de febrero de 2026

 LA COLOCACIÓN DE NUEVOS BONOS: OTRO CAPÍTULO RUIDOSO Y RUINOSO DE LA DEUDA ETERNA

Alberto Acosta *

“ Un gobierno incauto, cuando menos lo piensa, resulta deudor de sumas enormes, y toca en la incapacidad de satisfacer ni los intereses de su fabuloso crédito; y, como deudor insolvente, se convierte en esclavo mudo y ciego de su adusto y exigente acreedor ”.

José Peralta, 1927

Intelecutal y político liberal

Una de las características del manejo de la “deuda eterna” ha sido la opacidad. Eso sucedió, para recordar uno de los episodios más sonados y nefastos, con la “sucretización” de la deuda externa, en los gobiernos de Oswaldo Hurtado Larrea y León Febres Cordero. Lo que acontece ahora con la colocación de nuevos bonos en el mercado financiero internacional no es la excepción. 

Frente a los anuncios de éxito por la colocación de dichos bonos, es decir por la contratación de nueva deuda externa, expresamos nuestra preocupación. El tan promocionado regreso de Ecuador a los mercados de capital internacionales no significa que la economía esté en una situación voyante. Para nada. Lo que demuestra es que el gobierno está dispuesto a cumplir los compromisos adquiridos en el año 2020 contratando deuda nueva, más cara. Dichos compromisos eran insostenibles en el mediano plazo, como comentamos en esa ocasión, cuando el gobierno de Lenín Moreno, en plena pandemia del COVID, priorizaba el cumplimiento de obligaciones con los acreedores externos antes que atender las demandas de salud. 

Por lo tanto, los anuncios gubernamentales, recibidos con entusiasmo en la gran prensa, merecen ser analizados con detenimiento. Más aún cuando hasta el momento la información proporcionada por el gobierno sobre esta nueva colocación de bonos no ha sido corroborada por instancias internacionales, es decir por los mercados.

Para empezar la baja del riesgo-país, que habría viabilizado esta operación financiera, se sostiene por la contracción de la inversión estatal en obra pública, salud, educación, bienestar social, incluso en seguridad…, acompañada con un creciente volumen de ingresos a través del alza del IVA, del alza de los precios de la gasolina y del diesel, con la consiguiente acumulación de reservas internacionales, que bordea los 10,5 mil millones de dólares. La reducción de dicho índice, que no mide el estado real de una economía y ni siquiera su efectiva capacidad de pago, es el resultado del austericidio fiscal.

Veamos otro aspecto aparentemente formal, pero no de menor importancia. Lo que significó el prematuro anuncio gubernamental sobre lo que sería su gestión. Los tenedores de los bonos emitidos hace más de 5 años, sabían que el gobierno estaba urgido de conseguir nuevos recursos, contratando deuda nueva para pagar deuda vieja. Este año 2026, al 31 de enero, había que pagar unos 700 millones de dólares, y no había ese monto.

Es decir, para poder adquirir los bonos que resultaban impagables se necesitaba dinero, que se lo obtuvo emitiendo nuevos bonos. En ambos casos en condiciones ventajosas para los tenedores viejos y para los nuevos, que bien pueden ser los mismos (incluyendo tenedores nacionales). En este escenario, como sucede siempre, el capital financiero especulativo es quien más saca tajada de este tipo de operaciones.

A la postre, los tenedores de bonos, conocidos como Eurobonos, contratados en el gobierno de Moreno, se beneficiaron de esta operación financiera, es decir del retorno del Ecuador a los mercados de capital. De la mano del Bank of America, el Citibank y el FMI, el gobierno de Noboa les ofreció condiciones muy atractivas. Se les habría comprado los bonos a valores superiores a los que tenían en el mercado.

El gobierno, con el dinero de los nuevos bonos, más caros, recompró los Eurobonos por 3.000 millones de dólares de los bonos del 2020 (deuda vieja): 2.482 millones en bonos que vencían en el 2030, pagando el valor nominal del 100%; y, 575 millones en bonos que vencían en el 2035, pagando al valor nominal del 90%. Estos bonos tenían una tasa del 6,9%.

El dinero para esa compra provino de los compradores de los nuevos bonos, que obtuvieron un rendimiento superior al de los viejos bonos. En concreto se colocaron 4 mil millones de dólares en nuevos bonos: bonos por 2.200 millones, que vencen en el 2034, a una tasa de 8,75%; y, otros bonos por 1.800 millones, a una tasa de 9,25%, que vencen en el 2039. Un saldo de esta operación quedaría para cerrar en parte el abultado déficit fiscal. Para financiar el Presupuesto General del Estado, que supera los 46 mil millones de dólares, en este año 2026 se requiere nuevos créditos por unos 16 mil millones de dólares. En definitiva, con esta operación no se obtienen recursos para inversión pública fresca.

Inicialemte, la primera emisión de bonos se anunció en 1.000 millones de dólares. Pero gracias a las mejores condiciones ofrecidas, la demanda superó la oferta inicial. Por eso el gobierno presenta como un gran logro que la demanda haya sido cuatro veces superior a la oferta. Esto, como anotamos antes, no se explica porque exista una economía pujante o que el Ecuador asome como un emisor confiable de bonos.

El nivel de cupón o rendimiento conseguido es excepcionalmente alto como sucede para una emisión de bonos dentro del grupo de países emisores de alto riesgo. Países vecinos, con niveles de riesgo más bajo han obtenido mejores condiciones, como es el caso de Brasil, Colombia, Perú. Países con niveles de riesgo elevado, como Argentina han colocado bonos / deuda a tasas de interés elevadas como el Ecuador.

Eso explica porqué la operación registró una demanda superior a la oferta. Resultó atractiva la prima de riesgo, que compensa a los inversionistas por la incertidumbre macroeconómica y los riesgos asociados a la sostenibilidad de la deuda externa ecuatoriana. Lo que confirma que la demanda dependió del precio / interés y no de una validación positiva de los fundamentos económicos. 

Lo que si debemos considerar es que la costosa nueva deuda, le alivia al Ecuador las presiones fiscales en el corto plazo. Le liberó del abultado pago que debía hacer en enero de este año y aplaza 4 años los flujos de pagos. En el mediano y largo plazos, se trata de una deuda más cara, muy ventajosa para los acreedores. Al final, con cálculos preliminares, se puede establecer que la diferencia (el mayor costo) sería de unos 1.500 millones adicionales en diez años, antes de comisiones y costos de transacción. Con esta operación se consigue, de forma costosa, postergar la resolución del problema.

La operación no reduce el endeudamiento público. Lo aumenta: la deuda pública externa e interna supera los 90.000 millones de dólares (casi 70% del PIB nominal).  En síntesis, lo que se hace es  cambiar la composición y el perfil de vencimientos de la deuda pública.

Un detalle a considerar, la deuda con el FMI le coloca al país en el segundo puesto de países deudores de la región, detrás de Argentina, y quinto país en el mundo, con una de las deudas mas altas per cápita a nivel global (casi 560 dólares al finalizar el 2025). La deuda con el Fondo bordeaba los 9.500 millones de dólares a fines del 2025; entre 2026 y 2034, el país deberá pagar cerca más de 11,6 mil millones en capital e intereses. Hay que considerar que este organismo multilateral, en el que la actual administración norteamericana tiene una enorme influencia, inverviene como una suerte de banca de última instancia en esta economía dolarizada.  

Otro punto a tener cuenta es que, como es normal en estas operaciones financieras, no se conoce quiénes compraron los nuevos bonos (Circula el rumor que sería una operación en la que habrían participado los Emiratos Árabes Unidos y que habrían exigido como garantía la explotación de gas en la costa ecuatoriana, en el marco del TLC y del Tratado Promoción y Protección de Inversiones que se negocia con dicho país, en el que se pretende incluir el arbitraje internacional, prohibido constitucionalmente: CRE Art. 422).

En estas circunstancias queda flotando en el aire la posibilidad de que Ecuador siga buscando financiamiento en el mercado internacional durante este año, y no solo con los organismos multilaterales de crédito. Las calificadoras de riesgo, que ya al finalizar el año 2025 habían mejorado las cifras para Ecuador (Fitch, por ejemplo), alentadas por esta colocación de bonos, volvieron a fortalecer esa calificación. El mejor aliado de estas operaciones y de los actores en el mercado financiero internacional es el FMI, puesto que con sus políticas económicas diseñadas para acumular reservas internacionales apuntala el objetivo de cumplir con el pago del servicio de la deuda externa, no necesariamente mejorar la situación de la economía en función del bien común.

No podemos, finalmente, olvidar que se trata de una deuda inconstitucional (CRE Art. 290,3): la deuda solo puede ser reestructurada si las nuevas condiciones son más beneficiosas a las establecidas en la deuda anterior. Algo que evidentemente no sucede.

En conclusión, esta nueva colocación de bonos no responde a una visión estratégica que busque enfrentar el tema de forma estructural, simplemente se patea el balón para adelante. Es decir se consigue un alivio temporal con deuda más cara a pagar en el futuro.

A la postre seguimos atados a la DEUDA ETERNA.

4 de febrero del 2026

No hay comentarios:

Publicar un comentario