viernes, 21 de agosto de 2026

 Felipe Durán Alemán

 
Editorial
¿Gobiernan los elegidos o los dueños de los partidos?
Cada proceso electoral revive la esperanza de que un nuevo alcalde, prefecto o presidente de junta parroquial llegue al poder con ideas renovadoras y el firme propósito de transformar la realidad de su comunidad. Sin embargo, esa esperanza suele estrellarse contra una verdad incómoda: muchos de los elegidos no gobiernan con plena libertad, sino sujetos a las órdenes e intereses de quienes controlan los partidos o movimientos políticos que los llevaron al poder.
La autonomía prometida en campaña desaparece cuando las decisiones más importantes deben ser consultadas o autorizadas por las cúpulas partidistas. En lugar de responder a las necesidades de los ciudadanos, algunos terminan obedeciendo consignas políticas, repartiendo cuotas de poder o privilegiando intereses ajenos al bienestar colectivo.
Esta práctica debilita la democracia. El voto ciudadano no se deposita en favor de un caudillo partidista oculto entre bastidores, sino de una persona que asumió el compromiso de gobernar con independencia, transparencia y responsabilidad. Cuando el mandatario se convierte en un simple ejecutor de órdenes, la voluntad popular queda secuestrada por estructuras políticas que nadie eligió para gobernar.
Los partidos políticos son indispensables para la democracia, pero no pueden convertirse en cadenas que inmovilicen a quienes fueron elegidos por el pueblo. Su función debe ser formar líderes, promover ideas y fortalecer las instituciones, no imponer decisiones desde la sombra.
Ha llegado el momento de exigir que quienes aspiren a un cargo de elección popular demuestren que su mayor lealtad será con los ciudadanos y no con los intereses de una organización política. Solo así podremos construir gobiernos locales verdaderamente autónomos, capaces de impulsar el desarrollo de sus ciudades, cantones, provincias y parroquias, sin presiones ni tutelas que traicionen el mandato popular.
Porque, al final, la pregunta sigue vigente: ¿quién gobierna realmente: el funcionario elegido por el pueblo o el dueño del partido que lo llevó al poder?

 

UHN Plus
🇳🇮🇧🇷🇲🇽‼️ | El Consejo Permanente de la Organización de Estados Americanos (OEA) aprobó una reunión de cancilleres para abordar la crisis que vive Nicaragua bajo la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo. La propuesta de Estados Unidos recibió 29 votos a favor, uno en contra (Brasil) y otra abstención (México). El voto brasileño estuvo a cargo de Benoni Belli, mientras que México se abstuvo con Encinas Rodríguez. Esto no hace más que demostrar la complicidad de ambos países a favor del régimen que azota al pueblo de Nicaragua.


 PROHIBIDO OLVIDAR


 Washington acusa a una red de empresas ecuatorianas de brindar apoyo logístico, con combustible, alimentos, atención médica o servicios de vigilancia, a lanchas rápidas ligadas a carteles mexicanos.


 La prefecta de Santo Domingo de los Tsáchilas, Johana Núñez, deberá comparecer, el próximo martes 25 de agosto de 2026, a una audiencia de formulación de cargos por el presunto delito de enriquecimiento ilícito.


 

El último viaje del buque fantasma

Gabriel García Márquez
(Cuento completo)

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AHORA VAN a ver quién soy yo, se dijo, con su nuevo vozarrón de hombre, muchos años después que viera por primera vez el trasatlántico inmenso, sin luces y sin ruidos, que una noche pasó frente al pueblo como un gran palacio deshabitado, más largo que todo el pueblo y mucho más alto que la torre de su iglesia, y siguió navegando en tinieblas hacia la ciudad colonial fortificada contra los bucaneros al otro lado de la bahía, con su antiguo puerto negrero y el faro giratorio cuyas lúgubres aspas de luz, cada quince segundos, transfiguraban el pueblo en un campamento lunar de casas fosforescentes y calles de desiertos volcánicos, y aunque él era entonces un niño sin vozarrón de hombre pero con permiso de su madre para escuchar hasta muy tarde en la playa las arpas nocturnas del viento, aún podía recordar como si lo estuviera viendo que el trasatlántico desaparecía cuando la luz del faro le daba en el flanco y volvía a aparecer cuando la luz acababa de pasar, de modo que era un buque intermitente que iba apareciendo y desapareciendo hacia la entrada de la bahía, buscando con tanteos de sonámbulo las boyas que señalaban el canal del puerto, hasta que algo debió fallar en sus agujas de orientación, porque derivó hacia los escollos, tropezó, saltó en pedazos y se hundió sin un solo ruido, aunque semejante encontronazo con los arrecifes era para producir un fragor de hierros y una explosión de máquinas que helaran de pavor a los dragones más dormidos en la selva prehistórica que empezaba en las últimas calles de la ciudad y terminaba en el otro lado del mundo, así que él mismo creyó que era un sueño, sobre todo al día siguiente, cuando vio el acuario radiante de la bahía, el desorden de colores de las barracas de los negros en las colinas del puerto, las goletas de los contrabandistas de las Guayanas recibiendo su cargamento de loros inocentes con el buche lleno de diamantes, pensó, me dormí contando las estrellas y soñé con ese barco enorme, claro, quedó tan convencido que no se lo contó a nadie ni volvió a acordarse de la visión hasta la misma noche del marzo siguiente, cuando andaba buscando celajes de delfines en el mar y lo que encontró fue el trasatlántico ilusorio, sombrío, intermitente, con el mismo destino equivocado de la primera vez, sólo que él estaba entonces tan seguro de estar despierto que corrió a contárselo a su madre, y ella pasó tres semanas gimiendo de desilusión, porque se te está pudriendo el seso de tanto andar al revés, durmiendo de día y aventurando de noche como la gente de mala vida, y como tuvo que ir a la ciudad por esos días en busca de algo cómodo en que sentarse a pensar en el marido muerto, pues a su mecedor se le habían gastado las balanzas en once años de viudez, aprovechó la ocasión para pedirle al hombre del bote que se fuera por los arrecifes de modo que el hijo pudiera ver lo que en efecto vio en la vidriera del mar, los amores de las mantarrayas en primaveras de esponjas, los pargos rosáceos y las corvinas azules zambulléndose en los pozos de aguas más tiernas que había dentro de las aguas, y hasta las cabelleras errantes de los ahogados de algún naufragio colonial, pero ni rastros de trasatlánticos hundidos ni qué niño muerto, y sin embargo, él siguió tan emperrado que su madre prometió acompañarlo en la vigilia del marzo próximo, seguro, sin saber que ya lo único seguro que había en su porvenir era una poltrona de los tiempos de Francis Drake que compró en un remate de turcos, en la cual se sentó a descansar aquella misma noche, suspirando, mi pobre Holofernes, si vieras lo bien que se piensa en ti sobre estos forros de terciopelo y con estos brocados de catafalco de reina, pero mientras más evocaba al marido muerto más le borboritaba y se le volvía de chocolate la sangre en el corazón, como si en vez de estar sentada estuviera corriendo, empapada de escalofríos y con la respiración llena de tierra, hasta que él volvió en la madrugada y la encontró muerta en la poltrona, todavía caliente pero ya medio podrida como los picados de culebra, lo mismo que les ocurrió después a otras cuatro señoras, antes que tiraran en el mar la poltrona asesina, muy lejos, donde no le hicieran mal a nadie, pues la habían usado tanto a través de los siglos que se le había gastado la facultad de producir descanso, de modo que él tuvo que acostumbrarse a su miserable rutina de huérfano, señalado por todos como el hijo de la viuda que llevó al pueblo el trono de la desgracia, viviendo no tanto de la caridad pública como del pescado que se robaba en los botes, mientras la voz se le iba volviendo de bramante y sin acordarse más de sus visiones de antaño hasta otra noche de marzo en que miró por casualidad hacia el mar, y de pronto, madre mía, ahí está, la descomunal ballena de amianto, la bestia berraca, vengan a verlo, gritaba enloquecido, vengan a verlo, promoviendo tal alboroto de ladridos de perros y pánicos de mujer, que hasta los hombres más viejos se acordaron de los espantos de sus bisabuelos y se metieron debajo de la cama creyendo que había vuelto William Dampier, pero los que se echaron a la calle no se tomaron el trabajo de ver el aparato inverosímil que en aquel instante volvía a perder el oriente y se desbarataba en el desastre anual, sino que lo contramataron a golpes y lo dejaron tan mal torcido que entonces fue cuando él se dijo, babeando de rabia, ahora van a ver quién soy yo, pero se cuidó de no compartir con nadie su determinación sino que pasó el año entero con la idea fija, ahora van a ver quién soy yo, esperando que fuera otra vez la víspera de las apariciones para hacer lo que hizo, ya está, se robó un bote, atravesó la bahía y pasó la tarde esperando su hora grande en los vericuetos del puerto negrero, entre la salsamuera humana del Caribe, pero tan absorto en su aventura que no se detuvo como siempre frente a las tiendas de los hindúes a ver los mandarines de marfil tallados en el colmillo entero del elefante, ni se burló de los negros holandeses en sus velocípedos ortopédicos, ni se asustó como otras veces con los malayos de piel de cobra que le habían dado la vuelta al mundo cautivados por la quimera de una fonda secreta donde vendían filetes de brasileras al carbón, porque no se dio cuenta de nada mientras la noche no se le vino encima con todo el peso de las estrellas y la selva exhaló una fragancia dulce de gardenias y salamandras podridas, y ya estaba él remando en el bote robado hacia la entrada de la bahía, con la lámpara apagada para no alborotar a los policías del resguardo, idealizado cada quince segundos por el aletazo verde del faro y otra vez vuelto humano por la oscuridad, sabiendo que andaba cerca de las boyas que señalaban el canal del puerto no sólo porque viera cada vez más intenso su fulgor opresivo sino porque la respiración del agua se iba volviendo triste, y así remaba tan ensimismado que no supo de dónde le llegó de pronto un pavoroso aliento de tiburón ni por qué la noche se hizo densa como si las estrellas se hubieran muerto de repente, y era que el trasatlántico estaba allí con todo su tamaño inconcebible, madre, más grande que cualquier otra cosa grande en el mundo y más oscuro que cualquier otra cosa oscura de la tierra o del agua, trescientas mil toneladas de olor de tiburón pasando tan cerca del bote que él podía ver las costuras del precipicio de acero, sin una sola luz en los infinitos ojos de buey, sin un suspiro en las máquinas, sin un alma, y llevando consigo su propio ámbito de silencio, su propio cielo vacío, su propio aire muerto, su tiempo parado, su mar errante en el que flotaba un mundo entero de animales ahogados, y de pronto todo aquello desapareció con el lamparazo del faro y por un instante volvió a ser el Caribe diáfano, la noche de marzo, el aire cotidiano de los pelícanos, de modo que él se quedó solo entre las boyas, sin saber qué hacer, preguntándose asombrado si de veras no estaría soñando despierto, no sólo ahora sino también las otras veces, pero apenas acababa de preguntárselo cuando un soplo de misterio fue apagando las boyas desde la primera hasta la última, así que cuando pasó la claridad del faro el trasatlántico volvió a aparecer y ya tenía las brújulas extraviadas, acaso sin saber siquiera en qué lugar de la mar océana se encontraba, buscando a tientas el canal invisible pero en realidad derivando hacia los escollos, hasta que él tuvo la revelación abrumadora que aquel percance de las boyas era la última clave del encantamiento, y encendió la lámpara del bote, una mínima lucecita roja que no tenía por qué alarmar a nadie en los minaretes del resguardo, pero que debió ser para el piloto como un sol oriental, porque gracias a ella el trasatlántico corrigió su horizonte y entró por la puerta grande del canal en una maniobra de resurrección feliz, y entonces todas sus luces se encendieron al mismo tiempo, las calderas volvieron a resollar, se prendieron las estrellas en su cielo y los cadáveres de los animales se fueron al fondo, y había un estrépito de platos y una fragancia de salsa de laurel en las cocinas, y se oía el bombardino de la orquesta en las cubiertas de luna y el tumtum de las arterias de los enamorados de alta mar en la penumbra de los camarotes, pero él llevaba todavía tanta rabia atrasada que no se dejó aturdir por la emoción ni amedrentar por el prodigio, sino que se dijo con más decisión que nunca que ahora van a ver quién soy yo, carajo, ahora lo van a ver, y en vez de hacerse a un lado para que no lo embistiera aquella máquina colosal empezó a remar delante de ella, porque ahora sí van a saber quién soy yo, y siguió orientando el buque con la lámpara hasta que estuvo tan seguro de su obediencia que lo obligó a descorregir de nuevo el rumbo de los muelles, lo sacó del canal invisible y se lo llevó de cabestro como si fuera un cordero de mar hacia las luces del pueblo dormido, un barco vivo e invulnerable a los haces del faro que ahora no lo invisibilizaban sino que lo volvían de aluminio cada quince segundos, y allá empezaban a definirse las cruces de la iglesia, la miseria de las casas, la ilusión, y todavía el trasatlántico iba detrás de él, siguiéndolo con todo lo que llevaba dentro, su capitán dormido del lado del corazón, los toros de lidia en la nieve de sus despensas, el enfermo solitario en su hospital, el agua huérfana de sus cisternas, el piloto irredento que debió confundir los farallones con los muelles porque en aquel instante reventó el bramido descomunal de la sirena, una vez, y él quedó ensopado por el aguacero de vapor que le cayó encima, otra vez, y el bote ajeno estuvo a punto de zozobrar, y otra vez, pero ya era demasiado tarde, porque ahí estaban los caracoles de la orilla, las piedras de la calle, las puertas de los incrédulos, el pueblo entero iluminado por las mismas luces del trasatlántico despavorido, y él apenas tuvo tiempo de apartarse para darle paso al cataclismo, gritando en medio de la conmoción, ahí lo tienen, cabrones, un segundo antes que el tremendo casco de acero descuartizara la tierra y se oyera el estropicio nítido de las noventa mil quinientas copas de champaña que se rompieron una tras otra desde la proa hasta la popa, y entonces se hizo la luz, y ya no fue más la madrugada de marzo sino el medio día de un miércoles radiante, y él pudo darse el gusto de ver a los incrédulos contemplando con la boca abierta el trasatlántico más grande de este mundo y del otro encallado frente a la iglesia, más blanco que todo, veinte veces más alto que la torre y como noventa y siete veces más largo que el pueblo, con el nombre grabado en letras de hierro, halalcsillag, y todavía, chorreando por sus flancos las aguas antiguas y lánguidas de los mares de la muerte.

jueves, 20 de agosto de 2026

 LA METAMORFOSIS: DE RANA A RUNA

Cuenta la leyenda que en un pueblito andino, había una rana farandulera, que saltaba de palo en palo, de rama en rama, hasta que un buen día amaneció transformada en runa, vestida con los colores del arco iris. Y, quién esta runa, que huele a rana, preguntaron en coro los "ponchos dorados". Y, el mayordomo respondió: es la rana arrepentida. La misma que antes les humilllaba, les despreciaba, se mofaba de sus tradiciones; ahora luce sombrero y alpargatas, faja y hualcas indígenas, bien disfrazadita, quiere aparentar que es runa, pero siempre será la rana oportunista y miserable que se aprovecha de la falta de principios éticos y valores morales de la dirigencia de Pachakutik, que se acaba de vender por un plato de lentejas (dicen que esas lentejas valen 600 mil dólares).
Cuenta la leyenda que la rana que se transformó en runa, pretendió engañar a los incautos votantes para seguir disfrutando a sus anchas del dinero del pueblo, saltando de palo en palo y de rama en rama.
"Los buitres no se han ido, solo esperan que muera la memoria".
El Observador


 


 

Tiempo Real
🚨🗳️ CRISIS EN PACHAKUTIK MANABÍ: EL CNE RECONOCE UNA DELEGACIÓN NACIONAL PARA TRÁMITES DE CANDIDATURAS TRAS POLÉMICA POR LUISA 📄 Un memorando del CNE, fechado el 13 de agosto, deja constancia de que el secretario nacional de Pachakutik, Kiwar Amauta Salazar Caranqui, delegó a Cruz Sarahy Pabón Castro para realizar certificaciones y trámites relacionados con las candidaturas del movimiento en Manabí. ⚠️ La decisión ocurre en medio de la controversia por la candidatura de Luisa González a la Prefectura de Manabí bajo la lista 18. González pasó de la organización Amigo a Pachakutik después de la suspensión de Amigo. 🔥 El cambio generó malestar dentro de sectores de Pachakutik. La prefecta de Cotopaxi, Lourdes Tibán, cuestionó que la candidatura no haya sido sometida, según ella, a una consulta interna amplia y afirmó que, de haberse realizado, González no habría sido candidata. 📌 Importante: el memorando del CNE confirma la delegación de una representante de la dirigencia nacional para los trámites electorales de la provincia y plantea la pregunta ¿Es válida la candidatura de Luisa con Pachakutik? 🗳️ La controversia llega después del cierre de inscripciones y mientras las candidaturas atraviesan las etapas de revisión, objeciones y calificación. De hecho, González fue una de las primeras candidaturas objetadas, según reportes del 18 de agosto.


 ¡POR ESTA RAZÓN EL PROCESO CONTRA AMBOS QUEDARÁ SUSPENDIDO!

declaró prófugos a Augusto Verduga y Esther Cuesta. Como la presunta asociación ilícita no puede juzgarse en ausencia, el proceso contra ambos quedará suspendido hasta que comparezcan ante la justicia.


 


 LaHistoria

@lahistoriaec
·El turno de los prefectos. Johana Núñez, prefecta correísta de Santo Domingo está investigada en la Fiscalía por el presunto delito de enriquecimiento ilícito y fue llamada a declarar el próximo 25 de agosto. Ella dice que todo es por persecución política.


 


Compartido con: Público
Premio Gran Amigo de la Prensa de la SIP para la Fundación Gabo
La Fundación Gabo será distinguida con el Premio Gran Amigo de la Prensa 2026, reconocimiento con el que la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) destaca a quienes contribuyen al fortalecimiento del periodismo y de los medios en las Américas. La organización fundada por Gabriel García Márquez recibirá el galardón durante la 82.ª Asamblea General de la SIP, que reunirá en Bogotá a representantes de medios de todo el continente del 22 al 25 de octubre.
La SIP destacó las más de tres décadas de trabajo de la Fundación Gabo en la formación de periodistas y en la promoción de una cultura profesional orientada a la calidad periodística. “A través de talleres, seminarios, becas, festivales, premios y espacios de intercambio profesional, ha promovido de manera sostenida la ética, el rigor, la innovación y la búsqueda de la excelencia en el ejercicio del periodismo”, resaltó la entidad en su anuncio.
También resaltó la capacidad de la Fundación para preservar y proyectar el legado periodístico de García Márquez frente a los desafíos de cada época, así como su aporte a la renovación de las narrativas y al fortalecimiento de una comunidad profesional conectada en América Latina.