|
|
El maestro y profesor, es un personaje noble y abnegado cultor del alma nacional: es sublime y divina la misión de enseñar, educar e instruir. Es rendir culto a Montalvo, en quien se glorifica la condición del maestro; a González Suárez, el ínclito patriota, en quien se enaltece la larga paciencia del que investiga y a Luis Felipe Borja, en el que se encuentra al maestro de labor fecunda y obstinada; me dirijo a vosotros maestros ecuatorianos para complementar estas dos palabras: profesor y maestro.
El profesor es un ser social ordinario, que toma a su cargo la delicada tarea de enseñar. El maestro en cambio es un ser social extraordinario, este no simplemente toma a cargo la tarea de enseñar, sino que siente el amor que se prodiga a las cosas amadas; se moviliza con la fe que inspiran las grandes obras; se ilumina, entusiasma y vive. El primero enseña por tarea, el segundo lo hace por amor; el primero enseña con ciencia, el segundo le añade conciencia social; el primero lo hace con la cabeza, el segundo le agrega el corazón; el primero es ave de paso, el segundo es inamovible y muere en su función. Nuestra labor no solo es servicio, es vocación entrega y compromiso con la niñez y juventud, sin renunciar a los riesgos y desafíos que conlleva impartir el pan de la enseñanza en lugares inhóspitos, sin contar con los instrumentos e infraestructura necesaria, pero nos empeñamos en decirles que extender la mano con amor para hacer del aula de clases un lugar mejor, más agradable y solidario, para hacer del aula un escenario con condiciones físicas y académicas adecuadas y lograr la asimilación y retroalimentación de los educandos. Sin embargo, a pesar de que nuestra actividad es una de las más importantes para el desarrollo de los pueblos hemos sido la clase más maltratada por casi todos los gobiernos, subvalorados, mal pagados y considerados “ la última rueda del coche”. En este sentido, cabe la pregunta: ¿ Que sería de los pueblos sino existiéramos los maestros?. Viviríamos en las tinieblas de la ignorancia y seríamos presa fácil de la explotación y dominación de los poderosos, ignorantes, analfabetos, al margen de los derechos, libertades y garantías, consagrados en la carta universal de los Derechos Humanos. Durante estos diez años de la “Revolución Ciudadana”, la situación de los maestros empeoró drásticamente por cuanto teníamos que permanecer en el lugar de trabajo durante ocho horas y media, luego alquilar los servicios de internet para enviar documentos, cuadros de calificaciones, en el menor tiempo posible y luego en la casa: planificar, corregir trabajos, realizar cuadros de calificaciones, etc, etc. Y como si esto fuera poco, durante el gobierno de Rafael Correa, fuimos víctimas del maltrato, se nos negó el derecho a la protesta, el derecho de asociación con la pérdida de la personería jurídica de UNE. Como el lema de la “Revolución Ciudadana, fue: “divide y reinarás” aparece en el escenario magisterial, la disqué “Red de Maestros”, un organismo paralelo compuesto por jóvenes profesores a quienes se les ha alienado el pensamiento y han servido de comodines al gobierno para respaldarle en todos los actos públicos como las sabatinas durante las visitas a las distintas ciudades. Otro hecho que menoscaba la independencia de los maestros es la entrega de la administración del Fondo de Cesantía del Magisterio Ecuatoriano al Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social IESS para utilizar estos fondos en los gastos administrativos del Estado. El maestro y profesor, luego de brindar su contingente a la sociedad en diferentes actividades como la salud, educación, servicio público y privado, es decir gran parte de nuestra existencia, nos beneficiamos del derecho al descanso que se llama JUBILACION. Los maestros no pedimos, exigimos se nos pague el incentivo a la jubilación porque son derechos adquiridos luego de haber dedicado los mejores años de nuestra vida a la más noble de las tareas que es la educación de la niñez y la juventud de nuestra Patria. |
No hay comentarios:
Publicar un comentario