viernes, 13 de mayo de 2016

¿Imaginan acaso la desvergüenza del señor Barriga?



Publicado en mayo 11, 2016 en La Info por Roberto Aguilar
La Secretaría de Comunicación es capaz de empapelar a un ciudadano, dedicarle cadenas infamantes en radio y televisión, cambiarle de biografía, asesinarlo simbólicamente y llegar con ese mensaje hasta el último rincón de la patria. ¿Hay alguien en este país que ignore lo que el gobierno dice de Fernando Villavicencio, de Lourdes Tibán, de César Ricaurte, de Carlos Pérez Guartambel, de Guillermo Lasso? A la hora de difamar a una persona a escala nacional, la Secom alcanza una efectividad del cien por ciento. Pero cuando se trata de llegar a cien familias de Canoa y comunicarles que, pasadas tres semanas desde el terremoto, ya no hay peligro de tsunami, la Secom no mueve un dedo. Y ahí están: un centenar de familias damnificadas, lejos de los albergues oficiales, refugiadas en el cerro hasta el día de hoy en pésimas condiciones de salubridad, simplemente por falta de información adecuada.
En la extensa zona afectada por el terremoto del 16 de abril no hay una política de información pública dirigida a la población afectada. Ninguna en absoluto. En Manta hay familias que continúan viviendo en casas que ya fueron inspeccionadas por los técnicos y catalogadas como peligrosas. En Bahía, un barrio entero cree que hay que esperar por el censo frente a las ruinas de las casas, durmiendo junto a los perros enfermos de sarna en chozas cubiertas de plástico, para demostrar a los funcionarios del INEC que la casa se les vino abajo. En los cantones Sucre y San Vicente, la gente que lo perdió todo está convencida de que el gobierno les va a dar un bono de 14 mil dólares (30 mil, dicen en Canoa) para solucionar su problema de vivienda. Toda la información de que disponen los damnificados proviene de rumores, de habladurías, de suposiciones. Y, por lo general, es falsa. La única certeza que tienen las víctimas del terremoto es su propia incertidumbre.
Mientras tanto, ¿en qué andan ocupados los 289 burócratas bajo el mando de Patricio Barriga? Un grupo de ellos gasta su tiempo persiguiendo a los tuiteros que utilizaron la aplicación MashiMachine, acosando a los medios electrónicos y abusando de las leyes de copyright para presentar demandas ante los proveedores de Internet, en clarísima apropiación indebida de bienes públicos. Otros se dedican a cubrir con lujo de detalles cada movimiento del presidente de la República, como si los órganos de comunicación del Estado fueran parte de su equipo de campaña. Los equipos de producción elaboran documentales y videos publicitarios que transmiten en cadenas nacionales de televisión, en los que alaban la eficiencia y oportunidad del trabajo desplegado por los prohombres del correísmo, con Jorge Glas a la cabeza. En suma: mientras los damnificados manabitas y esmeraldeños carecen de la información más elemental, la Secretaría de Comunicación ha entrado de lleno y sin pudor en la carrera electoral para 2017.
La Secom parece entender que su papel en la crisis humanitaria sigue siendo el de siempre, el único que puede concebir: hacer propaganda. Y la única campaña de comunicación que ha desplegado a propósito del terremoto, vista desde las ciudades y pueblos en ruinas que se desgranan en hilera desde Portoviejo hasta Muisne, es para morirse de la risa. Consiste en promocionar las bondades turísticas de la zona afectada utilizando, para ello, grandes fotos de ceviches y ayacas, secos de gallina y encocados, sombreros de paja toquilla y dulces de Rocafuerte. Para justificar semejante extravagancia, una cadena nacional de la Secom emitida la noche del miércoles mintió que “cientos de visitantes recorrieron la zona afectada el día de la madre”. Cualquiera que haya estado ahí sabe que eso no es verdad, no ocurrió nunca. ¿Cientos de visitantes en Bahía, en Canoa, en Pedernales? ¿Sacándose selfies entre los escombros? Definitivamente el señor Barriga perdió el último resto de vergüenza. No sólo omite todas sus obligaciones para con la población afectada sino que tiene el descaro y la miseria de aprovechar la situación para especular con la mentira, para sacar ventaja política de la tragedia a través de la propaganda.
¿Cuáles son los derechos y obligaciones de las personas afectadas por el terremoto? ¿Qué beneficios les reporta el censo de damnificados? ¿Qué pueden y no pueden esperar de las autoridades, del COE, de la Secretaría de Riesgos, de los militares? ¿A quién deben reportar qué cosa, a quién deben acudir según qué necesidades? ¿Cómo la gente debe organizar su vida en las áreas intervenidas? ¿Cuáles son las patologías que amenazan la zona y cómo evitarlas? ¿Qué hacer en caso de enfermedad? ¿Qué hacer en caso de réplicas? ¿Cuáles son zonas seguras? ¿Cuáles son las medidas sanitarias básicas cuando se vive en una carpa? ¿Cómo se debe tratar el problema de las mascotas? ¿Qué posibilidades de trabajo existen? ¿Qué se viene en el futuro inmediato? ¿Cómo afrontar el proceso de reconstrucción, a qué atenerse? Estas son sólo algunas de las cosas que los damnificados ignoran. Y mientras la Secom se dedica, como siempre, a perseguir, a mentir y a hacer propaganda, el silencio de la comunicación pública en la zona devastada es ensordecedor y vergonzoso.

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