martes, 28 de agosto de 2018

Álvaro Conrado, el niño mártir de las protestas en Nicaragua

Álvaro Conrado fue asesinado cuando llevaba, a escondidas, agua a los universitarios que recogían víveres en la Catedral. Acababa de cumplir 15 años. Era músico, atleta y quería ser abogado. A él lo mató una bala de plomo.
29/04/2018

En la parte de atrás de un vehículo desconocido, Álvaro Conrado, de 15 años, pide que por favor no lo dejen dormirse, porque si se duerme ya no podrá despertarse. Lleva un disparo en el cuello y le duele respirar. Se está desangrando.
Minutos antes cayó herido en el sector de Metrocentro. Había comprado un par de botellas de agua en una gasolinera para llevarlas, a escondidas de sus papás, a los estudiantes que recogían víveres en la Catedral de Managua. Se fue vestido con jeans azules, zapatos deportivos y llevaba puesta una chaqueta roja que lo hizo ser blanco fácil, dice su papá que se llama como él.
A eso de las 12:30 del mediodía llegó mortalmente herido al hospital Cruz Azul, ubicado cerca de la Catedral, pero le negaron la atención, afirman los padres de Conrado. Entonces fue llevado por el mismo desconocido al Hospital Bautista de Managua. Pero, a eso de las dos de la tarde, de ese viernes 20 de abril del 2018, murió en el quirófano.
Álvaro era estudiante de cuarto año del Instituto Loyola. Esa semana estaba entrenando para ganar su cuarta medalla en una carrera de atletismo. Había cumplido 15 años doce días antes que lo asesinaran.
Era estudiante, no era delincuente
Cuando a Álvaro Conrado se le metía una idea en la cabeza, difícilmente lo hacían cambiar de opinión. Defendía lo que le gustaba y no soportaba las injusticias. Desde niño era así. Solía proteger a los niños más pequeños y tenía vocación de servicio, los describe su mamá.
 Álvaro Conrado junto a su hermano menor. LA PRENSA/ REPRODUCCIÓN
Álvaro Conrado junto a su hermano menor. LA PRENSA/ REPRODUCCIÓN
“Nosotros llegamos la conclusión que él traía el deseo de ayudar a las personas y lo demostró hasta el último momento. Desde niño decía que quería ser bombero”, afirma su mamá, Liseth Dávila.
Desde hace un año se había integrado al equipo de atletismo de su colegio. El sábado que lo velaron, por segundo día, participaría en una competencia de atletismo. Por eso estaba entrenando desde hace días.
Le gustaba el rock y últimamente estaba oyendo música de Queen y de Los Beatles. Hablaba inglés y aprendió a tocar guitarra cuando tenía entre 5 y 6 años de edad. También le gustaba el anime (dibujos animados japoneses) y aunque muchos de sus amigos lo confrontaban por eso, él nunca dejaba que esto lo afectara. Era el mayor de tres hermanos. También quería ser abogado.
“Él quería viajar. Quería ser alguien. Le decía a la hermanita: Me preparo yo y te preparo a vos”, dice Dávila.

El día que todo cambió

Doce días antes que lo asesinaran, Álvaro Conrado había cumplido 15 años. LA PRENSA/ CORTESÍA
Doce días antes que lo asesinaran, Álvaro Conrado, había cumplido 15 años. LA PRENSA/ CORTESÍA
El jueves 18 de abril del 2018, Álvaro Conrado fue en la mañana a entrenar a su colegio. Como las clases se habían suspendido pasó toda la tarde en el trabajo de su papá y allí le pidió que le explicara qué estaba pasando con los universitarios que protestaban. Después de escuchar las razones le dijo a su papá:
—¿Papa por qué no nos vamos a asomar allí?
—Es muy peligroso. A veces cuando uno se está asomando en un pleito generalmente esa persona son las que salen afectadas. Y, además, vos sos un niño todavía. Mejor miremos las cosas por la televisión, miremos cómo se arregla eso.
Al llegar a casa, cenaron y se puso a estudiar junto con su hermana. Siguió haciendo preguntas y hasta le dijo a su mamá que se cuidara si veía algo en las calles. Pasaron así hasta las 12 de la medianoche y antes de irse a dormir le envió un mensaje a una amiga que decía:
“Nuestra tierra pinolera. El lugar donde nacimos y crecimos. Nuestra bandera azul y blanco manchada con sangre de hermanos. Dónde está el respeto hacia nuestra patria. Es Nicaragua, no cualquier basura. Somos nicaragüenses. Somos uno solo. Contra eso no podrán nunca jamás”.
Al día siguiente Álvaro se levantó más temprano de lo normal. Se le veía tan inquieto que su abuela se apuró a prepararle el desayuno porque pensó que tenía hambre. Pero su preocupación era porque iban a ser las nueve y su papá no se había ido al trabajo. Desayunaron juntos.
En las redes sociales se ha hecho viral la ilustración estilo manga de Álvaro, por el artista Vagancio Nic (Juan Tijerino).
En las redes sociales se ha hecho viral la ilustración estilo manga de Álvaro, por el artista Vagancio Nic (Juan Tijerino). LA PRENSA / Tomada de Twitter
“Él no me hizo referencia de nada. Le dije: ‘Mira yo voy a trabajar, como no hay clases esperás a que tu hermana se despierte, agarrás tus libros y te ponés a estudiar’. Y me dice: ‘Sí papá no te preocupés’. Nos despedimos y eso fue lo último. Eso fue tipo 9:00 a.m. A las 11:45 a.m. yo recibo una llamada de la persona que lo recoge y me informa que el dueño de ese teléfono está entrando al hospital y que lleva una herida grave en el cuello. Llegó al hospital a las 2:10. Pero, ya no lo pude ver vivo”, se lamenta su papá.
Los papás de Álvaro Conrado desconocen con quién fue su hijo a dejar la ayuda. Saben que pasó por casa de uno de sus amigos diciéndole que se iba a unir a la lucha de los estudiantes de la Upoli y que él también debía unirse, pero este le dijo que no le daban permiso y que era peligroso. Entonces se fue por su cuenta. El día que lo asesinaron iba con dos personas más, pero hasta ahora no saben quiénes son.
En las redes sociales hay un video de 16 segundos en el que se ve el momento en que Álvaro Conrado fue auxiliado por los estudiantes que estaban en la Catedral de Managua. Él no deja de decir: “Me duele respirar. Me duele respirar”, mientras los estudiantes le sostienen un pañuelo rojo en el cuello.
Las heridas de bala que Álvaro tenía eran recuperables si se hubieran atendido a tiempo, les dijeron a los papás los médicos del hospital Bautista. En el tiempo en que lo llevaron de un hospital a otro perdió demasiada sangre y fue por eso que no resistió.
 Familiares y compañeros de clase del Instituto Loyola despiden a Álvaro Conrado en una misa de cuerpo presente. LA PRENSA/AFP
Familiares y compañeros de clase del Instituto Loyola despiden a Álvaro Conrado en una misa de cuerpo presente. LA PRENSA/AFP
“Cuando salimos el médico me dijo que podíamos denunciar al hospital Cruz Azul porque ellos tienen el deber como médicos de atender. Eso es ser partícipe,
no tener conciencia, pero como aquí no tenemos ley. Acusar a quién, para que nosotros seamos contracusados y nos dejen sin nada”, se lamenta Álvaro Conrado.
En el momento que recibió el impacto de bala Álvaro estaba llegando al predio de la Catedral. Ni siquiera pudo entregar las botellas de agua que llevaba. El disparo le pasó rozando el labio inferior y en el hospital para saber en qué parte estaba alojada la bala tuvieron que abrirle el pecho. Allí —explica la mamá de Conrado—, se dieron cuenta que fue una bala de plomo.
La familia de Álvaro teme que haya represalias después de denunciar la muerte de su hijo, pero están convencidos que no pueden callar lo que le pasó.
“Con la plática que tuve el día anterior (al asesinato) yo creí que ya lo había controlado. Jamás se me pasó por la mente que iba a ir. Yo lo controlaba. Cuando yo salía se iba conmigo. El día libre me lo llevaba al trabajo. El momento en que lo dejé solo pasó lo que pasó”, dice con tono apagado su papá Álvaro Conrado.

Más de 60 muertos
Los padres de Álvaron Conrado no sabían que él había decido ir a dejar ayuda a los universitarios que protestaban por las reformas al INSS. LA PRENSA/ ÓSCAR NAVARRETE
Los padres de Álvaron Conrado no sabían que él había decido ir a dejar ayuda a los universitarios que protestaban por las reformas al INSS. LA PRENSA/ ÓSCAR NAVARRETE
De todas las personas que han muerto durante las protestas universitarias contra las reformas del Instituto Nacional de Seguridad Social (INSS), Álvaro Conrado fue el más joven. Murió de un balazo al segundo día de protestas cuando trataba de llegar a la Catedral de Managua para dejar unas botellas de agua que él mismo pasó comprando.
Según la Comisión Permanente de los Derechos Humanos (CPDH), hasta el viernes 27 de abril del 2018 se reportaron 63 muertos y al menos 163 personas heridas de bala durante las manifestaciones. De esa última cifra, nueve personas perdieron uno de sus ojos.
Un denominador común en las muertes es que todos fallecieron por impacto de bala en la parte superior de su cuerpo. Es decir, tienen disparos en el pecho, cuello y cabeza. Por eso, desde que las muertes aumentaron se ha dicho que la Policía Nacional tiene órdenes de matar. Entre los fallecidos hay un periodista que fue asesinado en Bluefields con un disparo en la cabeza y dos policías que murieron en Managua.

Álvaro Conrado fue asesinado el viernes 20 de abril del 2018. Un día antes que participara en una competencia de atletismo, en la cual esperaba ganar su cuarta medalla. LA PRENSA/ ÓSCAR NAVARRETE
Álvaro Conrado fue asesinado el viernes 20 de abril del 2018. Un día antes que participara en una competencia de atletismo, en la cual esperaba ganar su cuarta medalla. LA PRENSA/ ÓSCAR NAVARRETE

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