lunes, 23 de julio de 2018

El Foro de São Paulo se suicida y Rivadeneira con él

  en La Info  por 
No hay duda de que Gabriela Rivadeneira es revolucionaria. Pero es incomprendida. Y por un video (ver enseguida), que ha tenido un gran éxito en redes sociales, se ha ganado una lluvia de insultos. Lo que ocurre es que es una revolucionaria patética que defiende la dictadura de Maduro y lo insta a resistir, cuando es él el principal responsable de la miseria y la dictadura que produce en Venezuela millones de refugiados: decenas de miles de ellos en Ecuador.

Rivadeneira es la militante modelo fabricada en olla de presión, a la sombra del Foro de São Paulo. Una mujer sin ninguna cultura histórica de los millones de muertos producidos por la ideología que tampoco conoce pero que defiende con la fe de una conversa con ataque convulsivo. Ella ahora protege a dictadores como Nicolás Maduro, Daniel Ortega que no tienen empacho alguno en lanzar a las calles de sus países escuadrones de la muerte. Con que se digan de izquierda, Rivadeneira y sus amigos correístas les expiden licencia para matar.
Rivadeneira es la militante nacida políticamente durante el reinado del Foro de São Paulo que terminó siendo la expresión más raquítica de la izquierda latinoamericana. Basta, para comprobarlo, con leer la declaración de La Habana que cerró la XXIV y que culminó este martes 17 en la noche y a la cual asistió la legisladora de Alianza País. La reunión que duró tres días, y a la cual asistieron alrededor de cien partidos  que se dicen de izquierda, sintetiza a la perfección la realidad política de esa instancia política que, a su nacimiento, facultó a muchos de sus participantes a afirmar que en São Paulo se habían sentado las bases para repensar la izquierda tras la caída del Muro de Berlín.
La realidad fue mucho más prosaica. El Foro de São Paulo se convirtió en una extensión política de los intereses del castrismo, adobaba con realidades locales, del caribe o de los Andes, del caudillismo y el populismo autoritarios. Cuba logró su cometido. Mantuvo la dictadura, le dio cuerpo y volumen a su política exterior, se ganó un millonario subsidio petrolero por parte de Venezuela, mantuvo políticamente el status de país víctima ante Estados Unidos y cortocircuitó cualquier ímpetu renovador en la izquierda latinoamericana.
Cuba congeló en el tiempo la visión de los progresistas y militantes de izquierda, a pesar los avances conceptuales alcanzados, principalmente, por la izquierda chilena y uruguaya y por el Partido de los Trabajadores de Brasil. Pero el Foro de São Paulo, lejos de concretar la regeneración política, que sí hubo en Europa tras la desaparición de la URSS, encarnó la involución en las ideas y el alineamiento de la izquierda con posibilidades de poder, a la política cubana. Es decir, a las tesis más retardatarias y más panfletarias que conjugó la izquierda jurásica durante la guerra fría.
La declaración de La Habana es estremecedora por la capacidad que tienen esos colectivos de permanecer fieles a tesis estúpidas que ya no tienen asidero en la realidad. Pero además recogen las derivas fascistas en la que cayó la izquierda desde Stalin, según las cuales había que defender el sistema comunista, a como diera lugar: negando hechos, inventando coartadas, disfrazando realidades, desapareciendo camaradas y ciudadanos.
Eso se repite. La izquierda del Foro de São Paulo, reunida en Cuba, no solo aplaude al régimen cubano que convirtió la isla en cárcel para sus habitantes, ha vivido a expensas de otros países y exporta ciudadanos a quienes incauta parte de los dólares que ganan en el exterior. Defiende a los camaradas de Venezuela y Nicaragua que, como es notorio y motivo de preocupación mundial, han instalado dictaduras sangrientas y han creado grupos paramilitares que matan con total impunidad. Rivadeneira los llama comandantes.
A esta izquierda no le interesa ni la democracia ni los derechos humanos. Usa la retahíla del imperialismo para camuflar su ineficiencia administrativa y su incapacidad para producir riqueza y empleo. Es una izquierda amoral que vive inmersa en la corrupción y en sus nexos criminales con el narcotráfico. Es una izquierda que no se hace preguntas y que convirtió la política en el arte de llegar al poder y no soltarlo por ningún motivo.
Esta izquierda ya no tiene manual ideológico. Ahí caben comunistas, nacionalistas a ultranza, líderes sociales, movimientos indígenas, guerrilleros… Todos se dicen defensores de los pobres, dividen el mundo en buenos y malos, recitan proclamas contra el imperialismo… Y todos creen que ser revolucionario es llegar al poder y atornillarse en él para siempre. Como los hermanos Castro. Así tengan que asesinar, como lo han hecho los Castro y lo están haciendo Maduro y Ortega.
Rivadeneira es una revolucionaria porque también defiende asesinos, corruptos y narcotraficantes como Diosdado Cabello. Pero ella cree que no se nota porque se dice de izquierda… y eso significa, para ella y los correístas, tener un estatus ético superior a los otros.

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