martes, 7 de febrero de 2017

Por Glas, Correa se mete hasta en las cloacas

  en La Info  por 
En la sabatina 511 Rafael Correa se precipitó desde las alturas hasta el lodo. Se hallaba en la esfera celeste, extasiado en la contemplación de su inmortalidad, y se vio arrastrado a las alcantarillas de la política real donde se mueve con sospechosa soltura. A media semana, a bordo del avión presidencial que lo traía de Europa había enviado un mensaje para celebrar sus tres millones de seguidores en el Twitter. “Un hito”, escribió, o mejor dicho cinceló “desde algún lugar sobre el Atlántico”. Ahí estaba el presidente: flotando sobre los remotos confines de los piélagos ignotos, como el decapitado, vibrante de emoción vesperal su alma de pasillo. Viajar a Europa, donde lo toman por referente mundial en tantos órdenes de la vida, lo reconforta. Pero volver agotado de tanto servir a la patria y aun darse tiempo esa semana para hacer historia inaugurando obras, entregando el complejo judicial más-grande-de-América-Latina, batiendo el récord de centros de salud abiertos en un mismo día… Eso sin duda lo glorifica. A él y a esta-revolución-que-ya-es-leyenda. Sí: la última sabatina se perfilaba como una destinada a hablar exclusivamente de su gloria. No pudo ser: El viernes, Carlos Pareja Yannuzzelli, su amigo de tantos años, lo bajó de la nube. Directamente al  lodo, donde se ve muy bien.
De las cuatro horas de sabatina Correa reservó la última casi completa para tratar el tema, pero éste lo atormentó desde el principio. No era para menos: en sus videos ante el polígrafo Capaya dice cosas tan graves como que el sistema de comercio internacional de petróleo es una feria donde bien pudieran haberse perdido 2.400 millones de dólares. Y que Jorge Glas lo sabía todo. Semejante sospecha empañó los logros del presidente en Europa y le echó a perder la sabatina.
El tema le rondaba la cabeza cuando narraba sus recuerdos de viaje: la apoteosis de plazas y coliseos repletos y unánimes en España y en Italia; las llaves de las ciudades españolas que faltaban en la colección que llevará su nombre; la reunión con el rey Felipe a quien llama “amigo personal”, como si los hubiera de otro tipo; las conferencias magistrales en Génova y en la Complutense; los elogios de alcaldes y rectores… Aun con tan gratos recuerdos, el hilo de sus pensamientos conducía al presidente, de manera inexorable y obsesiva, a la maldita cosa: los videos de Capaya. Y de rato en rato volvía contra él: ese payaso traidor que parecía año viejo junto al polígrafo, ya basta de tanta infamia, y todo es una conspiración de los Isaías, ya se lo voy demostrar al final del enlace, para que vean a quiénes tenemos que enfrentar, hasta cuándo compañeros, etc. En suma: él.
La respuesta de Correa a los videos de Capaya debió ser elaborada el viernes más o menos al apuro a partir una vieja historia (la conspiración de los Isaías) insertada en un novedoso contexto: las elecciones. Los Isaías ya no pretenden desestabilizar al gobierno sino orquestar una campaña sucia que lo perjudique en las urnas y lleve a Guillermo Lasso y Andrés Páez a Carondelet. Para eso utilizan a Capaya, a cambio de negociarle un asilo en Estados Unidos. Los Isaías quieren volver y Capaya quiere quedarse. Una historia espectacular, casi verosímil, cuyos detalles son otros tantos guiños cinematográficos a la cultura popular sobre el tema de las conspiraciones: la reunión secreta en la mansión de Coral Gables, los contactos oscuros, la complicidad de políticos corruptos, la labor de los aparatos de inteligencia…
Y aquí es donde el presidente se mete en la alcantarilla. En los márgenes del aparato de inteligencia hay un espionaje que desarrolla su actividad libre de todo control político y de espaldas a los jueces; en los márgenes del aparato de propaganda están las legiones de mercenarios remolcados por el gobierno para hacer cargamontón en las redes sociales. Ambos grupos de marginales viven en pública y retorcida connivencia. La información que los unos roban a los ciudadanos es usada por los otros en su contra y difundida en campañas de desprestigio. Espiar para exponer. Aun sin fondos del Estado sería una forma muy canalla de hacer política. Empezaron practicándolo en el periódico de papá pero fue demasiado escandaloso: no hay argumento jurídico, profesional o ético que El Telégrafo pueda esgrimir para justificar la publicación de los correos electrónicos robados a Martha Roldós. Así que cambiaron de estrategia: ahora la información privada obtenida mediante sofisticados métodos de espionaje electrónico e interceptación telefónica pasa directamente a las redes sociales. Al Twitter, donde las responsabilidades se diluyen. Sólo entonces las retoma el presidente.
Este sábado Correa dijo que Andrés Páez era “un dañado en su vida pública y en su vida privada”. Se refería obviamente a los correos, chats y fotografías que expusieron las relaciones íntimas del candidato a la vicepresidencia con sus supuestas amantes, que fueron obtenidos mediante espionaje ilegítimo y que los propios trolls del gobierno viralizaron el mes pasado. ¿Cómo calificar a un presidente que utiliza información obtenida por espionaje ilegítimo para descalificar en público la moral privada de un ciudadano? Fascista es la primera palabra que viene a la mente.
De las viscosas relaciones entre el espionaje ilegítimo y la comunicación informal el presidente sacó aun más provecho el sábado. Ocurre que los espías robaron a Tania Tinoco, de Ecuavisa (lo denunció en el Twitter), el video con la entrevista no terminada de editar que hizo a Capaya en Miami. Luego los trolls se inventaron un tinglado en el YouTube con el nombre de Isaías Leaks, editaron el video a su antojo y lo difundieron. Finalmente, Rafael Correa lo usó en la sabatina para exponer el supuesto brazo mediático de la conspiración que, como se sabe, siempre es un pulpo. En este punto hay que detenerse y contener la respiración. Porque en el asqueroso mundo de este cyber-lumpen-activismo correísta que actúa en los márgenes del Estado, el presidente resulta ser una suerte de escarabajo estercolero. Va recogiendo la porquería que encuentra en el camino, arma vistosos paquetitos y los entrega servidos en bandeja cada sábado a la población incauta. Tengan ecuatorianos, coman.
Y todo esto, que conste, es campaña electoral. Correa dice que lo hace porque es su obligación defender el honor de “esta revolución que ya es leyenda”. Dada su afición a divagar por los confines de los piélagos ignotos hasta podría ser cierto. Pero los simples y prosaicos hechos, que nada saben de leyendas, dicen otra cosa: lo que hizo el presidente fue destinar casi una hora de cadena de radio y televisión a lavar la cara de su candidato Jorge Glas y atacar al binomio Lasso-Páez. Tanto tiene esto que ver con la campaña que al presidente, vivísimo él, se le ocurrió proponer la encantadora idea de no hablar de corrupción hasta después de elecciones. Y se curó en salud hasta el 19, anticipando que en los próximos días vendrán nuevos ataques (o sea: nuevas revelaciones).
Por Glas, Correa pone las manos al fuego: “una persona íntegra –dice–, ni roba ni deja robar”. Y desde su posición de presidente de la República anima contra Lasso y Páez una campaña que no es cualquier campaña. Es, como se ha visto, una campaña sucia (aquí Correa reiteraría: muy sucia). Por ejemplo, el ataque contra la intimidad de Andrés Páez que este sábado sirvió a Correa para descalificarlo moralmente por televisión se cebó en la vida privada y familiar de cuatro mujeres que fueron espiadas y expuestas. Así de sucia es esta campaña. A Tania Tinoco le roban información privada para usarla en su contra y la que termina siendo acusada por el presidente de hacer campaña sucia es ella. Así de ofensiva es esta campaña. A eso se dedica ahora Rafael Correa cuando no está en la estratósfera de la historia: a hacer política sin valores.
Con más de un CENTENAR de firmas de respaldo ciudadano, ejerciendo el derecho de participación ciudadana y control social, presentamos al Rector de la Universidad de Cuenca, una solicitud en los siguientes términos. Estaremos a la expectativa de los resultados, y solicitamos que se sigan sumando a esta petición.
Cuenca, 26 de Enero del 2017
Señor Ingeniero
Pablo Vanegas
Rector de la Universidad de Cuenca
De mi consideración:
La Ley Orgánica de Educación Superior, de carácter humanista, cultural y científica, en concordancia con el Régimen del Buen Vivir, consagrado en la Constitución de la República del Ecuador, fue instituida, entre otros, con el objetivo de contribuir a la transformación de la sociedad, a su estructura social, productiva y ambiental, formando profesionales y académicos con capacidades y conocimientos que respondan a las necesidades del desarrollo nacional, y a la construcción de ciudadanía.
Algunos enunciados de la Ley Orgánica de Educación Superior:
El Art. 4, respecto al Derecho a la Educación Superior, contempla que: "(…) acceder a una formación académica y profesional con producción de conocimiento pertinente y de excelencia".
El Art. 5, sobre los Derechos de las y los estudiantes, señala que: "son derechos de los estudiantes, entre otros, el siguiente: b) "Acceder a una educación superior de calidad y pertinente(…)".
El Art. 6, sobre los Derechos de los profesores o profesoras e investigadores o investigadoras, señala, entre otros, el siguiente: g) "Participar en el proceso de construcción, difusión y aplicación del conocimiento".
El Art. 8, sobre los fines de la Educación Superior, entre otros, establece que: a) "Aportar al desarrollo del pensamiento universal(…)".
d) "Formar académicos y profesionales responsables, con conciencia ética y solidaria, capaces de contribuir al desarrollo de las instituciones de la República(…)".
El Art. 13, sobre las Funciones del Sistema de Educación Superior, instituye, entre otras, que: a) "Garantizar el derecho a la educación superior mediante la docencia, la investigación y su vinculación con la sociedad, y asegurar crecientes niveles de calidad, excelencia académica y pertinencia".
ñ) "Brindar niveles óptimos de calidad en la formación y en la investigación".
El Art. 93, sobre el Principio de Calidad, reza que: "El principio de calidad consiste en la búsqueda constante y sistemática de la excelencia, la pertinencia, producción óptima, crítica, la crítica externa y el mejoramiento permanente".
El Art. 151, sobre la evaluación periódica integral, revela que: "Los profesores se someterán a una evaluación periódica integral, según lo establecido en la presente Ley y el Reglamento de Carrera y Escalafón del Profesor e Investigador del Sistema de Educación Superior (…)".
Como es de su conocimiento, Señor Rector, conforme evidencia el detalle de Registro de Asistencia del Doctor Caupolicán Ochoa Neira, con cédula de identidad 0100870435, remitido por Usted al suscrito, mediante oficio No. UC-RC-2016-1373-O, de fecha 20 de Diciembre de 2016, cuya documentación adjunto; el referido profesional del derecho, Docente de la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad de Cuenca, en el transcurso del período académico septiembre 2016-febrero 2017 (16 de septiembre de 2016 a 28 de noviembre de 2016), registra una superioridad de faltas de asistencia a dictar las cátedras a él asignadas; es así que, en lo que corresponde a horas NO LABORADAS, registra un total de 61 horas aproximadamente, frente a tan solo un total de 29 horas laboradas, llegando inclusive al extremo de no concurrir a dictar la cátedra por seis días consecutivos, sin justificación alguna, y en los días que asiste lo hace con frecuentes atrasos, lo que evidentemente constituye, a nuestro entender, una falta muy grave de las contempladas en el Art. 120 del Estatuto de la Universidad de Cuenca, que en literal c) dice: "Cometer actos graves de desprestigio o deslealtad contra los intereses o la dignidad de la Universidad”, que es sancionado con destitución; entre otros.
Sobre este engorroso tema, Señor Rector, vale destacar que en agosto del año 2005, la Revista El Observador (edición 29), cuyo ejemplar adjunto, hizo público una denuncia con medidas de hecho, generada por estudiantes de la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad de Cuenca, reclamando las continuas faltas de asistencia del Dr. Ochoa Neira, a cumplir con su deber como catedrático en dicha facultad, actitud que ha sido y es característica del referido docente, que pone en evidencia la falta de probidad para coadyuvar a lograr niveles óptimos de calidad en la formación y en la investigación, a través de una educación pertinente y de excelencia, objetivo fundamental de la Educación en general, y de la Educación Superior, en particular.
Considerando que el hecho narrado constituye una falta muy grave, y que como reza el Art. 83.8 de la Constitución de la República del Ecuador: "Son deberes y responsabilidades de las y los ecuatorianos, sin perjuicio de otros previstos en la Constitución y la Ley (...) 8. Administrar honradamente y con apego irrestricto a la ley el patrimonio público, y denunciar y combatir los actos de corrupción (…)”; y, de que además, conforme lo establece el Art. 116 del Estatuto de la Universidad de Cuenca, que refiere que: "Los procesos disciplinarios se instauran de oficio o a petición de parte, a aquellos estudiantes, profesores e investigadores que hayan incurrido en las faltas tipificadas por la Ley Orgánica de Educación Superior y el Estatuto de la Universidad de Cuenca (...)"; solicito se proceda conforme lo estatuido en esta norma, y se establezca sin temores, lo que ha sido y es un “secreto a voces”, las responsabilidades y sanciones correspondientes a autores, cómplices y encubridores, sobre el hecho denunciado.
La Gloriosa Universidad de Cuenca, que el próximo mes de octubre, cumplirá 150 años de fundación, caracterizada por su calidad y excelencia, no debe admitir que actos reñidos con la moral y la ley, desprestigien la buena fama conquistada a lo largo de su fructífera vida institucional. Estamos seguros, Señor Rector, que a la presente se le dará el tratamiento que el caso amerita, respondiendo al interés público y no al interés individual y corporativo.
En virtud de que mi petición de fecha 5 de diciembre de 2016, no fue atendida conforme lo solicitado, se servirá disponer que se agregue el registro de firmas de asistencia del Dr. Caupolicán Ochoa Neira, del año lectivo inmediato anterior ( 2015 – 2016 ); así como, los informes que justifiquen su actividad como no docente, y los resultados de la evaluación periódica integral, durante los periodos señalados.
La presente la suscribo con firmas de respaldo.
Atentamente
Lcdo. Jaime Cedillo Feijóo
DIRECTOR DE LA REVISTA Y RADIO EL OBSERVADOR
c.c.
Decano de la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad Cuenca.
Defensor del Estudiante de la Universidad de Cuenca.
Presidente de la FEUE, Filial del Azuay.
Presidente de la Asociación Escuela de la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad de Cuenca.
Consejo de Participación Ciudadana y Control Social.
Comisión Anticorrupción del Azuay.
Colegio de Abogados del Azuay.
Medios de Comunicación.

 

lunes, 6 de febrero de 2017

Un debate que sirve para casi nada

  en La Info  por 
Ahora se entiende por qué Lenín Moreno fue al diálogo organizado por El Comercio. Porque él (como cada uno de los otros candidatos) puede decir lo que quiere. No es diálogo. Peor debate. Es un monólogo, como diría Rainer Maria Rilke, en la múltiple compañía de sí mismo.
Decir lo que quiere es el sueño de cualquier político. Decirlo sin que nadie lo confronta, repregunte, lo contradiga, lo corrija o le pida concreciones, precisiones o datos. Decir por ejemplo que va a aumentar el número de profesores o de médicos. Que va a incrementar el monto del bono solidario. Que va a regalar electricidad a los pobres, dar créditos baratos a los agricultores, pensiones a todos los abuelos o crear fondos de emprendimiento para los jóvenes. Decirlo sin que tenga que hacer ni siquiera sumas y restas y cotejarlas con un presupuesto insostenible y con una deuda impagable en las actuales circunstancias.
Debatir o dialogar así con los políticos que piden el voto para ir a Carondelet es entronizar la irresponsabilidad y, además, ungirla en ritos simulados. Ni hay debate. Ni hay diálogo. Es una secuencia de ejercicios retóricos en la cual los candidatos dicen lo que quieren, como quieren y, además, se les agradece por ello. Todos se creen victoriosos mientras el elector constata, con impotencia y desesperación, que estos encuentros no sirven para casi nada. Y así seguirá siendo mientras se entienda que a estos debates simulados puede asistir todo aquel que se inscriba como candidato. Tanto Lenín Moreno que supera, al parecer, el 30% de intenciones de voto, como Iván Espinel y otros candidatos que no llegan al 1%. En este caso, toca agradecer que solo haya ocho candidatos en vez de 13 como sucedió en 2006!
Mientras no haya mecanismos de medición que permita dilucidar que candidatos son los más opcionados –por ende, los que tienen que precisar sus propuestas y debatirlas ante los electores– cualquier formato resultará un verdadero atraco a la fe pública. Se entiende, entonces, por qué Lenín Moreno contaba con este “diálogo” para poder decir que no rehúye los debates. Todo se resume en las actuales condiciones a estar presente. Esta vez estuvo y, por supuesto, que, aunque no debata, la televisión es un medio que desnuda a quien se exhibe ante las cámaras.
Moreno mostró que no tiene programa específico suyo en sector alguno. El formato cerró la puerta a su esquema coloquial y supuestamente chistoso en el cual lo que menos importa es lo que dice. Un minuto o minuto y medio para sus respuestas le creó una camisa de fuerza en la que se le vio inquieto, parco, fuera de lugar. Moreno fue al diálogo con una idea evidente: dividir las aguas entre los otros y él. El resto como portavoces del pasado; él como representante de un continuismo que quiere renovarse. Su problema fue ese: que no mostró diferencia alguna con el correísmo y, lejos de singularizarse, se refugió en el discurso impotable a estas alturas de Rafael Correa; solo apto para su electorado duro.
Si se piensa que el foco de atención iba a estar sobre Lenín Moreno (por ser el primero en los sondeos y porque no había ido en Guayaquil), pues falló el ejercicio que, en este caso, no se mide por la capacidad que tenga de suscitar emociones sino por la coherencia y rapidez que muestre para sintetizar sus propuestas. Genérico y errático el candidato oficialista exhibió ese aire de superioridad política y moral que tanto machaca Rafael Correa y que lo hace impotable. Sus estrategas quisieron que marque la diferencia con los otros y por eso los agredió. Un error de bulto que contradice ese discurso buenoide y empalagoso con el que pretende ganar.
Moreno facilitó la tarea de Guillermo Lasso quien lo ignoró olímpicamente. El candidato de CREO prefirió centrarse en su propuesta mayor (un millón de empleos en cuatro años) que, además de singularizarlo en la campaña, le permite evitar las ofertas populistas. Si se juzga por el empeño que puso en anclar la propuesta del millón de empleos, se debe concluir que sus estrategas la juzgan rentable electoralmente. Pero eso mismo convirtió su discurso en una retahíla de la cual tampoco dilucidó cómo la hará efectiva, en qué sectores y bajo qué condiciones. Lasso sacrificó la versatilidad de las propuestas que los electores desean saber al lema de campaña que ciertamente lo conecta con una de las necesidades mayor sentidas por los ciudadanos. Lució menos que en Guayaquil.
Cynthia Viteri no atacó a Lasso: algo más aprendió de la pésima presentación que tuvo en Guayaquil: se retiró los lentes que ocultaron su rostro y jugó, en ese ambiente tenso y sobrio que impone un set de Tv., a ser jovial y fresca. Su problema está en no poder, hasta ahora, justificar políticamente su candidatura. ¿Qué la hace necesaria en esta elección? ¿Qué aporta al espectro de ofertas electorales ser la única mujer en esta campaña? Sus estrategas, que midieron el error que cometieron al llevarla a encarnar el papel de chimbadora, parecen haberse refugiado en dos líneas de trabajo: que haga propuestas populistas y que use poses y un tono de cercanía, de pana, de cheveridad, que le dan un aire de actuación forzada. Lo mismo ocurre con el uso de su yo en sus propuestas: “yo daré”, “yo crearé”, Yo… Yo… Viteri habla como si en vez de aspirar a administrar el Estado y sus instituciones, pretendiera convertirse en dueña de las mismas. Al parecer olvida que los dueños del país llevan hablando así desde hace diez años.
Paco Moncayo hace honor a su biografía. Veterano, curtido en muchos escenarios, se muestra como un hombre que sabe y que tiene experiencia. No aprendió de Guayaquil donde perdió mucho tiempo en diagnósticos o presentación de un tema, antes de formular sus propuestas. El formato no da tiempo para eso. Moncayo maneja temas que enriquecen la agenda presidencial (ecología, derechos de minorías, reforestación, tratamiento del agua… ) que ayudan a singularizarlo. La pregunta de fondo es si el momento político se presta para la tercera vía que propone. O si el electorado tiene que dirimir entre continuar con lo mismo o cambiar radicalmente dando paso a la ley del péndulo.
El debate no aportó tampoco nada con respecto a los otros candidatos: mejoró Washington Pesantez, más articulado, rápido y coherente en su discurso. Patricio Zuquilanda no se acomoda al formato y esto es para él un tema estructural. En cuanto a Iván Espinel y Abdalá Bucaram cualquiera se pregunta por qué pretenden ser presidentes a la edad que tienen. Bucaram es un retórico y un populista consumado. Espinel es la mejor expresión de que un candidato como él nunca debería participar en un debate en el cual deben participar las personas que tienen condiciones y posibilidades reales de llegar a la primera magistratura del Estado. También él, por ahora, carece de las dos.

domingo, 5 de febrero de 2017

Con más de un CENTENAR de firmas de respaldo ciudadano, ejerciendo el derecho de participación ciudadana y control social, presentamos al Rector de la Universidad de Cuenca, una solicitud en los siguientes términos. Estaremos a la expectativa de los resultados, y solicitamos que se sigan sumando a esta petición.
Cuenca, 26 de Enero del 2017
Señor Ingeniero
Pablo Vanegas
Rector de la Universidad de Cuenca
De mi consideración:
La Ley Orgánica de Educación Superior, de carácter humanista, cultural y científica, en concordancia con el Régimen del Buen Vivir, consagrado en la Constitución de la República del Ecuador, fue instituida, entre otros, con el objetivo de contribuir a la transformación de la sociedad, a su estructura social, productiva y ambiental, formando profesionales y académicos con capacidades y conocimientos que respondan a las necesidades del desarrollo nacional, y a la construcción de ciudadanía.
Algunos enunciados de la Ley Orgánica de Educación Superior:
El Art. 4, respecto al Derecho a la Educación Superior, contempla que: "(…) acceder a una formación académica y profesional con producción de conocimiento pertinente y de excelencia".
El Art. 5, sobre los Derechos de las y los estudiantes, señala que: "son derechos de los estudiantes, entre otros, el siguiente: b) "Acceder a una educación superior de calidad y pertinente(…)".
El Art. 6, sobre los Derechos de los profesores o profesoras e investigadores o investigadoras, señala, entre otros, el siguiente: g) "Participar en el proceso de construcción, difusión y aplicación del conocimiento".
El Art. 8, sobre los fines de la Educación Superior, entre otros, establece que: a) "Aportar al desarrollo del pensamiento universal(…)".
d) "Formar académicos y profesionales responsables, con conciencia ética y solidaria, capaces de contribuir al desarrollo de las instituciones de la República(…)".
El Art. 13, sobre las Funciones del Sistema de Educación Superior, instituye, entre otras, que: a) "Garantizar el derecho a la educación superior mediante la docencia, la investigación y su vinculación con la sociedad, y asegurar crecientes niveles de calidad, excelencia académica y pertinencia".
ñ) "Brindar niveles óptimos de calidad en la formación y en la investigación".
El Art. 93, sobre el Principio de Calidad, reza que: "El principio de calidad consiste en la búsqueda constante y sistemática de la excelencia, la pertinencia, producción óptima, crítica, la crítica externa y el mejoramiento permanente".
El Art. 151, sobre la evaluación periódica integral, revela que: "Los profesores se someterán a una evaluación periódica integral, según lo establecido en la presente Ley y el Reglamento de Carrera y Escalafón del Profesor e Investigador del Sistema de Educación Superior (…)".
Como es de su conocimiento, Señor Rector, conforme evidencia el detalle de Registro de Asistencia del Doctor Caupolicán Ochoa Neira, con cédula de identidad 0100870435, remitido por Usted al suscrito, mediante oficio No. UC-RC-2016-1373-O, de fecha 20 de Diciembre de 2016, cuya documentación adjunto; el referido profesional del derecho, Docente de la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad de Cuenca, en el transcurso del período académico septiembre 2016-febrero 2017 (16 de septiembre de 2016 a 28 de noviembre de 2016), registra una superioridad de faltas de asistencia a dictar las cátedras a él asignadas; es así que, en lo que corresponde a horas NO LABORADAS, registra un total de 61 horas aproximadamente, frente a tan solo un total de 29 horas laboradas, llegando inclusive al extremo de no concurrir a dictar la cátedra por seis días consecutivos, sin justificación alguna, y en los días que asiste lo hace con frecuentes atrasos, lo que evidentemente constituye, a nuestro entender, una falta muy grave de las contempladas en el Art. 120 del Estatuto de la Universidad de Cuenca, que en literal c) dice: "Cometer actos graves de desprestigio o deslealtad contra los intereses o la dignidad de la Universidad”, que es sancionado con destitución; entre otros.
Sobre este engorroso tema, Señor Rector, vale destacar que en agosto del año 2005, la Revista El Observador (edición 29), cuyo ejemplar adjunto, hizo público una denuncia con medidas de hecho, generada por estudiantes de la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad de Cuenca, reclamando las continuas faltas de asistencia del Dr. Ochoa Neira, a cumplir con su deber como catedrático en dicha facultad, actitud que ha sido y es característica del referido docente, que pone en evidencia la falta de probidad para coadyuvar a lograr niveles óptimos de calidad en la formación y en la investigación, a través de una educación pertinente y de excelencia, objetivo fundamental de la Educación en general, y de la Educación Superior, en particular.
Considerando que el hecho narrado constituye una falta muy grave, y que como reza el Art. 83.8 de la Constitución de la República del Ecuador: "Son deberes y responsabilidades de las y los ecuatorianos, sin perjuicio de otros previstos en la Constitución y la Ley (...) 8. Administrar honradamente y con apego irrestricto a la ley el patrimonio público, y denunciar y combatir los actos de corrupción (…)”; y, de que además, conforme lo establece el Art. 116 del Estatuto de la Universidad de Cuenca, que refiere que: "Los procesos disciplinarios se instauran de oficio o a petición de parte, a aquellos estudiantes, profesores e investigadores que hayan incurrido en las faltas tipificadas por la Ley Orgánica de Educación Superior y el Estatuto de la Universidad de Cuenca (...)"; solicito se proceda conforme lo estatuido en esta norma, y se establezca sin temores, lo que ha sido y es un “secreto a voces”, las responsabilidades y sanciones correspondientes a autores, cómplices y encubridores, sobre el hecho denunciado.
La Gloriosa Universidad de Cuenca, que el próximo mes de octubre, cumplirá 150 años de fundación, caracterizada por su calidad y excelencia, no debe admitir que actos reñidos con la moral y la ley, desprestigien la buena fama conquistada a lo largo de su fructífera vida institucional. Estamos seguros, Señor Rector, que a la presente se le dará el tratamiento que el caso amerita, respondiendo al interés público y no al interés individual y corporativo.
En virtud de que mi petición de fecha 5 de diciembre de 2016, no fue atendida conforme lo solicitado, se servirá disponer que se agregue el registro de firmas de asistencia del Dr. Caupolicán Ochoa Neira, del año lectivo inmediato anterior ( 2015 – 2016 ); así como, los informes que justifiquen su actividad como no docente, y los resultados de la evaluación periódica integral, durante los periodos señalados.
La presente la suscribo con firmas de respaldo.
Atentamente
Lcdo. Jaime Cedillo Feijóo
DIRECTOR DE LA REVISTA Y RADIO EL OBSERVADOR
c.c.
Decano de la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad Cuenca.
Defensor del Estudiante de la Universidad de Cuenca.
Presidente de la FEUE, Filial del Azuay.
Presidente de la Asociación Escuela de la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad de Cuenca.
Consejo de Participación Ciudadana y Control Social.
Comisión Anticorrupción del Azuay.
Colegio de Abogados del Azuay.
Medios de Comunicación.

 

Tránsito hacia la pobreza


Francisco Febres Cordero
Domingo, 5 de febrero, 2017 - 00h58


La misa era, entonces, algo cotidiano para los niños que estudiábamos con los padres salesianos en el Spellman. Comulgábamos también con una frecuencia diaria porque, entre otras cosas, queríamos ir al cielo pero después, cuando muriéramos. Antes, teníamos que pedir a María Auxiliadora y a santo Domingo Savio para que al profesor le cayera un rayo el rato en que nos iba a tomar el examen.
Y así, hasta que llegaba el domingo, que era un día que se iba haciendo horrible conforme transcurrían las horas, pero comenzaba siendo luminoso hasta que caída la tarde nos dábamos cuenta de que no habíamos hecho los deberes y todo se ensombrecía, se entristecía, se enllorecía. Pero cuando el domingo estaba aún alumbrado con la luz del mediodía, vestido con traje de domingo, con zapatos de domingo, con ilusión de domingo, llegaba a la iglesia de Santa Teresita para escuchar mi segunda misa de domingo (la primera la había oído temprano, en la capilla del Spellman). Santa Teresita olía a jazmines y agua de colonia, porque estaba llena de señoras elegantes y maridos elegantes e hijas de diez años que, además de elegantes, eran bellas y cuando pasaban a comulgar yo quería que se fijaran en mí pero nunca se fijaban, tan devotas como iban, tan tapadas la cara con las palmas de sus manos, tan en trance para recibir el cuerpo de Cristo.
Imperceptiblemente (¿cuánto tiempo habrá transcurrido, cuántas niñas inalcanzables que se iban haciendo señoritas, cuántas avemarías implorando sus miradas?) comencé a notar que la misa experimentaba un quiebre en su ritual, el instante en que el cura –que era siempre el mismo, más bien pequeño y algo regordete– subía al púlpito y comenzaba a hablar con una voz tiple, que se proyectaba altísima y filuda como un dardo. Empecé a poner atención a sus sermones y, poco a poco, sus palabras me fueron deslumbrando: eran palabras precisas, a veces latigueantes, a veces de infinita dulzura, a veces desconocidas, inalcanzables, pero siempre subyugantes. En tres minutos –que era el tiempo exacto que duraban sus sermones– yo me elevaba hacia la magia, hacia el prodigio del verbo.
Después lo perdí de vista, porque también perdí a Dios en el camino. Hasta que un día, cuando ocurrió en el Azuay la tragedia de La Josefina, lo volví a encontrar: él ya era obispo y yo un sacristán del periodismo. Él ya no hablaba en un ámbito que olía a jazmines y a colonia, sino a sudor, a campo, a esa pobreza con la cual estaba comprometido. Pero hablaba, en los pantanosos recodos del camino, con su misma voz tiple y con su verbo sabio, humanísimo, cargado de rebeldía y también de ternura, de amor e inconformismo. Mientras recorríamos el devastado territorio de la tragedia, entendí que había tomado la bandera de las causas más nobles y la enarbolaba a favor de los más necesitados, en cumplimiento fiel del mandato evangélico. El destino –¿o su fe?– lo había conducido a encontrar a Cristo entre los más necesitados.
Ahora dicen que agoniza. Pero el padre Alberto Luna Tobar, monseñor, el monse, deja una impronta que seguirá guiándonos en la lucha por encontrar la verdad, por encontrar la justicia, por situarnos al lado de los leprosos, de los parias, de los olvidados, de los postergados.(O)

Somos los responsables

Publicado el 2017/02/03 por AGN

[Bridget Gibbs Andrade]
Qué frase más acertada del Presidente de la República. “Somos los responsables políticos por la corrupción”, ha dicho desde Esmeraldas en la penúltima sabatina. Sonriente como siempre, por primera vez, desde el inicio de los escándalos petroleros admitió lo irrebatible, la responsabilidad, más no la culpabilidad de su gobierno en el escándalo de corrupción que envuelve a su administración. Me pregunto cuál será su declaración cuando el gobierno de los Estados Unidos revele la lista de funcionarios ecuatorianos que recibieron sobornos del departamento “corruptible” de Odebrecht, creado específicamente para comprar conciencias y voluntades maleables. Y aunque reconoce que existen fallas en su gobierno no se atreve a asumir las consecuencias al afirmar a los cuatro vientos que no son culpables ni corruptos… más bien, se autodenominan “honestos”.
Sorpresivamente, los primos considerados “traidores” días atrás por Correa ya no lo son. Ahora los llama al uno “infiltrado” (Capaya) y al otro “psicópata” (Capaco). Según el Presidente el primero se “coló” por nueve años en la cúpula petrolera de la Revolución Ciudadana, y el segundo era el que armaba empresas en paraísos fiscales. ¡Qué belleza de primos! Actualmente este par están prófugos y dichosos gozando de los placeres de los petrodólares que obtuvieron con el sudor de su frente y sus mentes cuánticas… sobre las manos no puedo hablar, me censuran… Tal parece que lo “cuántico” ha sido tendencia en este gobierno, como afirmó Lenin en una de sus conferencias cuando declaró que mientras más aplicaba la física cuántica en el proyecto Manuela Espejo, mejor le iba… signos de interrogación…
Por ahora las denuncias de corrupción que el gobierno está lanzando sobre otros actores políticos huele a revancha. Como les descubrieron parte de sus “travesuras” quieren encontrar algo turbio en la oposición. Con esto a la vista no pueden dejar de surgir algunas preguntas: ¿Si sabían de los actos de corrupción como lo afirman, porqué no los denunciaron antes? ¿No les convierte en encubridores de los mismos? ¿Por qué esperaron hasta ahora para disparar acusaciones, no será para desviar la atención de los problemas de fondo?
Para finalizar, usurpo las palabras del Presidente y las hago nuestras. Digo nuestras porque todos “somos los responsables” del cambio que ansiamos. Y nuestra es la responsabilidad de promover y crear conciencia ciudadana al votar masivamente en contra del continuismo. No debemos cruzar los brazos, ni cerrar los labios, peor hacernos los ciegos, “somos los responsables” de que en quince días el destino de nuestro querido país cambie de color. De verde revolucionario a un blanco pacífico… (O)

La verdad minera sin tapujos



Publicado el 2017/02/04 por AGN
[Alberto Ordóñez Ortiz]
A mediados del año pasado, el doctor Nicanor Merchán Luco, Director y Columnista de este Diario, en un artículo al que con justificada razón denominó: “Carta al señor Alcalde de Cuenca”, tuvo el acierto de prevenirle sobre los catastróficos daños que se provocarían de ejecutarse la entonces anunciada explotación minera en las áreas de Quinsacocha y Loma Larga, pertenecientes a El Cajas. Con esa oportunidad le solicitó que como máxima autoridad edilicia interpusiera sus buenos oficios para evitar la catástrofe. La carta en cuestión, a más de su premonitorio contenido puso énfasis en que debía precautelarse sobre todo la explotación en las cercanías del río “Blanco”, proveedor del agua potable que consumimos los cuencanos. Por tanto resulta incuestionable que el señor Alcalde de Cuenca estuvo advertido con suficiente antelación sobre el desastre que se veía venir en el horizonte de los entonces posibles acontecimientos.
Respecto a la cuestión en análisis, se vuelve imperativo destacar -por sus proyecciones esclarecedoras- que en abril del 2016 el Alcalde de Cuenca celebró un convenio con las Universidades de Cuenca y del Azuay para que un equipo de técnicos determinara si dicha explotación provocaría perjuicios ecológicos. El costo del convenio ascendió a la suma de dos millones cien mil dólares. En declaraciones que el Alcalde diera a la fecha: “señaló que los estudios tienen un plazo de 5 años, (¿Porqué tanto tiempo si se trataba de un asunto más que emergente?); sin embargo, -agregó- que aspiraba a “contar hasta finales del 2017 con los primeros resultados de los análisis…”.
El tema que ha concitado el interés ciudadano ha generado, -como es normal, versiones y versiones-, entre las que consta la que sostiene que tal convenio y la falta de resultados se habría constituido en la excusa perfecta para soslayar toda responsabilidad municipal; pues que, sin los mismos el Municipio podría haber alegado la imposibilidad de adoptar decisión alguna.
Sin embargo la reciente resolución edilicia en contra del extractivismo, demostraría de forma categórica que el costoso convenio no fue necesario. ¿Por qué se lo suscribió si se iba a dictar dicha resolución? Lo que además no me queda claro es porqué la declaratoria no se efectuó antes del convenio y porqué se realiza recién ahora, no obstante que el año pasado se inició la explotación. Es destacable que en el tema del tranvía -la incomprensible demora en la terminación unilateral del contrato-, como en el relacionado con el extractivismo, la política municipal sería la de los hechos consumados. Y lo sería, porque resulta extrañamente extemporánea. El caso del tranvía estaría en trance de ir a la Asamblea Nacional. La situación del Alcalde se tornaría candente. Es importante subrayar que en este Diario y en esta columna -gracias al periodismo investigativo- se denunció por primera vez el delicado asunto del tranvía. Lo que dejo dicho se corresponde con la luz que nos conduce de lleno al “veritatis esplendor” o, esplendor de la verdad. ¿Qué opina Usted? (O)