jueves, 7 de mayo de 2026

 Donald Sutherland viajó a Yugoslavia para filmar unas escenas y terminó enfrentándose a la muerte.

Era 1968. Tenía 33 años y venía de ganar reconocimiento con Doce del patíbulo. Ahora participaba en Los violentos de Kelly, una comedia bélica con Clint Eastwood donde interpretaba al sargento Oddball, un comandante de tanque tan extraño como inolvidable. El trabajo parecía sencillo: llegar, rodar y marcharse.
Pero durante el rodaje enfermó gravemente.
Lo que comenzó como cansancio y fiebre se convirtió en una meningitis que avanzó con rapidez. Su cuerpo colapsó. Fue llevado a un hospital en Yugoslavia, donde su estado empeoró hasta caer en coma. La situación era tan grave que enviaron un telegrama a su esposa, Shirley Douglas, con una frase devastadora: debía viajar de inmediato porque quizá no llegaría a tiempo para verlo con vida.
Sutherland sobrevivió, pero no salió intacto.
Más tarde contaría que, durante aquella crisis, tuvo una experiencia cercana a la muerte. Recordaba un túnel, una luz blanca y una sensación de paz tan intensa que parecía invitarlo a dejarse ir. Pero algo en él se resistió. No quiso cruzar. No quiso rendirse. Volvió.
Pasó semanas en coma y despertó con el cuerpo debilitado, pero con la vida todavía en las manos. Y apenas pudo ponerse de pie, hizo algo que parece casi absurdo: regresó al rodaje para terminar la película.
Quien ve Los violentos de Kelly difícilmente imagina que detrás del humor relajado de Oddball había un actor que acababa de atravesar una de las pruebas más duras de su vida. Su frase sobre las “ondas negativas” se volvió famosa, pero pocos sabían que el hombre que la decía había estado al borde de no volver.
Donald Sutherland siguió trabajando durante más de cinco décadas. Construyó una carrera enorme, llena de personajes complejos, incómodos, humanos. Nunca recibió una nominación competitiva al Óscar, aunque en 2017 la Academia le entregó un Óscar honorífico por toda su trayectoria.
Murió en 2024, a los 88 años. Pero aquella historia de Yugoslavia quedó como una de las más poderosas de su vida: el día en que un actor vio la salida, sintió la paz del final y decidió regresar.
Tal vez por eso sus personajes tenían tanta profundidad. Porque Donald Sutherland no solo interpretó la fragilidad humana. También la conoció desde el lugar más extremo.


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