La primera mujer en comandar la Policía Nacional del Ecuador terminó detenida en su propia casa, señalada de ser el escudo de la mafia albanesa dentro de la institución que ella misma dirigió. Le decían la madrina. Y si la fiscalía tiene razón, ese apodo lo ganó haciendo exactamente lo que hace una madrina, proteger a los suyos.
Solo que los suyos no eran los policías que tenía a cargo, eran otros. 40 años de carrera. La primera general de distrito en la historia de la institución, la primera en llegar a la comandancia. cuatro décadas subiendo, escalafón por escalafón, en las zonas más violentas del país. Y entonces asumió el mando del país con el peor momento de su historia en seguridad, con un albanés que ya llevaba más de una década moviendo cocaína hacia Europa y lavando millones en propiedades y porches pagados en efectivo, con una mafia que no usaba
sicarios, usaba abogados, empresas exportadoras y según la fiscalía, a alguien muy adentro de la policía que garantizaba que las investigaciones incómodas murieran antes de llegar a ningún lado.
Había un expediente, tenía nombres, rutas, fechas. Se llamaba León de Troya y justo cuando más apretaba, el equipo que lo construyó fue dispersado, los agentes trasladados y la causa archivada por falta de elementos.
Los elementos existían, los que los tenían ya no estaban. Lo que la fiscalía encontró después fue un audio. Cinco palabras que destruyeron 40 años de cohartada. A mí no me importa esto. ¿Quieren bajarle? Bájenle. Y cuando los propios subalternos de Varela se sentaron ante la fiscalía como testigos protegidos y admitieron todo, ella quedó sola en la punta del expediente, sin barrera, sin escudo, con el celular y la computadora ya en manos de los forenses.
Esto es lo que pasó adentro de la Policía Nacional del Ecuador y es peor de lo que cualquiera quería creer. Jueves 18 de diciembre de 2025. Antes del mediodía, cinco grupos tácticos se movieron al mismo tiempo en Pichincha y Manabi. No fue un allanamiento, fueron cinco, coordinados al segundo entre la Fiscalía General del Estado y la Policía Nacional. El objetivo era la cúpula.
En Pomaski, norte de Quito, los peritos de criminalística entraron a la casa de Taña Varela. La primera mujer en comandar la Policía Nacional del Ecuador fue detenida ahí en su propia residencia. Le incautaron el celular y la computadora, los mismos aparatos que ahora están en manos de los forenses.
Mientras eso pasaba en Quito, en Manabí el cerco se cerraba sobre el coronel José Luis Erazo, jefe del distrito policial de Manta. Lo detuvieron dentro de la propia jefatura en el aeropuerto Mariscal Sucre. Al mismo tiempo, interceptaron al excapitán Rodney Rengle. Estaba ahí en el terminal cuando lo pusieron bajo custodia.
Tres nombres, cinco allanamientos, un solo cargo central. Artículo 180 del Código Orgánico Integral Penal. Difusión de información de circulación restringida. En términos simples, alguien sacó documentos que eran secretos y los entregó a quien no debía tenerlos. Al día siguiente, viernes 19 de diciembre, la Corte Provincial de Pichincha instaló la audiencia de formulación de cargos.
La fiscal Mayira Soria fue directa, pidió prisión preventiva para los tres. El argumento fue concreto. Varela y los suyos conocen exactamente cómo opera el sistema de rastreo policial. Tienen recursos económicos para moverse y los registros migratorios muestran que los tres habían salido del país varias veces antes. Riesgo de fuga, dijo la fiscal alto...

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