¿DÓNDE RAYOS ESTUVIERON LOS CONCEJALES?
Dr Fernando Arias
Los cuencanos hemos observado estupefactos cómo se acumulan las denuncias sobre presuntas irregularidades en la administración de Cristian Zamora, que involucran contratos municipales, funcionarios de su entorno y familiares. Las investigaciones fiscales, los allanamientos y los informes de Contraloría han puesto estos hechos bajo escrutinio público.
Pero hay algo que Cuenca no puede olvidar: ¿quiénes denunciaron y quiénes prefirieron mirar hacia otro lado?
Diana González, como presidenta de la Comisión de Fiscalización, denunció ante la Contraloría irregularidades administrativas. Según publicó El Mercurio el 28 de octubre, 19 casos presentaban indicios de responsabilidad penal. No eran simples discrepancias políticas: eran alertas que exigían investigación y respuestas.
También se investigó un supuesto troll center que habría funcionado para atacar a opositores utilizando recursos públicos. La Fiscalía realizó allanamientos e incautó equipos en el marco de una investigación por presunto peculado. Si se confirma el uso de dinero municipal para financiar ataques políticos, estaremos ante un hecho de enorme gravedad.
¿Y qué ocurrió cuando Diana cumplió su deber de fiscalizar? Zamora lanzó contra ella una brutal ofensiva de ataques y descalificaciones. La gravedad de esos hechos llegó al Tribunal Contencioso Electoral, que lo sancionó por violencia política de género y dispuso la suspensión de sus derechos de participación política durante seis meses.
¿Y sus compañeros de Concejo? Salvo un par de honrosas excepciones, guardaron silencio. No defendieron a Diana, no cuestionaron los ataques y, peor aún, respaldaron políticamente al alcalde. Entre quienes mantuvieron esa posición estuvo Marisol Peñaloza, hoy alcaldesa subrogante.
Ese silencio no constituye un delito penal, pero sí representa un horror político y una vergüenza institucional. Cuando una concejala es atacada por fiscalizar, callar no es neutralidad: es abandonar la responsabilidad para la que fueron elegidos.
Y ahora, cuando las investigaciones avanzan, algunos de esos mismos concejales pretenden convertirse en adalides de la ética, la transparencia y los valores humanos.
¡Qué conveniente despertar de conciencia!
La ética no se estrena cuando cambia el viento político. La valentía no consiste en pronunciar discursos cuando el poder ya no intimida. Cuenca merece representantes con principios permanentes, no convicciones de ocasión.
Los cuencanos tenemos memoria. Ese silencio y ese respaldo político deben tener consecuencias ante la ciudadanía. También existe una factura política, y los ciudadanos tenemos el derecho de pasarla.
¿DÓNDE RAYOS ESTUVIERON LOS CONCEJALES CUANDO DIANA GONZÁLEZ NECESITABA QUE DEFENDIERAN LA FISCALIZACIÓN, LA DIGNIDAD Y LA DEMOCRACIA?

No hay comentarios:
Publicar un comentario