JUEGO SUCIO FUERA Y DENTRO DE LA CANCHA
Apenas la Selección Ecuatoriana de Fútbol piso territorio mexicano para enfrentarse con la selección conocida como La Tri, se activó una perversa campaña de hostigamiento como pocas veces se ha visto en un campeonato mundial del rey de los deportes, ante la mirada contemplativa de la FIFA, organizadora del torneo.
Fue un juego sucio de los mexicanos, bien planificado, con la participación de autoridades, desde la presidencia de la república, que minimizó las agresiones a la delegación ecuatoriana, que tuvieron que vivir una pesadilla desde que aterrizaron en suelo azteca, obstaculizando el normal traslado vía terrestre hasta llegar al hotel destinado para alojar a los jugadores y cuerpo técnico. Nuestra selección jamás recibió las más mínimas garantías de seguridad y tranquilidad.
La pesadilla continuó en horas de la noche y madrugada, previo al compromiso, con escándalos de todo calibre en los exteriores del hotel, haciendo estallar juegos pirotécnicos, el incesante sonar de los pitos de los vehículos, música a todo volúmen, y una cadena interminable de insultos al pueblo ecuatoriano, con palabras obscenas, con gritos, risas y burlas. La policía del hermano país brilló por su ausencia, no se hizo presente para poner orden, y el escándalo siguió hasta horas de la madrugada. Y, la presidenta Sheinbaum, decía muy suelta de huesos, que no pasa nada, que son cosas del momento, pasajeras, que es por el calor del cuerpo. Mientras los dirigentes de la selección mexicana disfrutaban del espectáculo grotesco.
El libreto se estaba cumpliendo al pie de la letra, y se completó en el estadio donde continuaron los improperios, las ofensas, las agresiones a periodistas ecuatorianos que transmitían el encuentro deportivo. Al final, todo lo maquiavélicamente tramado se cumplió a la perfección. México venció a Ecuador (2 a cero), pero dejó una huella de anticultura que tendrá que pasar mucho tiempo para que se borre de la memoria de todo un país, víctima del vandalismo antideportivo.
"La intolerancia, la estupidez y el fanatismo pueden combatirse por separado, pero cuando se juntan no hay esperanza".
El Observador
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