Sufren una muerte atroz. Les disparan arpones explosivos que
pueden dejarlas agonizando hasta dos horas.Aunque los expertos consideran que es una técnica inhumana, el millonario Kristján Loftsson no tiene intención de detenerse. Y mientras nadie se lo impida, otros 139 rorcuales podrían morir en las próximas semanas, ya que su cuota de caza sigue vigente.
El rorcual común es un animal fascinante: se comunica a kilómetros de distancia mediante cantos, establece vínculos sociales profundos y es capaz de sentir amor, duelo y sufrimiento.
Súmate a la indignación mundial y firma ya para impedir definitivamente que Kristján Loftsson vuelva a echar al mar su mortífera flota. El gobierno islandés lleva demasiado tiempo posponiendo la decisión; ya es hora de alzar la voz para que nuestro clamor resuene en Reikiavik y en los puertos de Islandia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario