domingo, 28 de junio de 2026

 Mi Historia en las Casas de Salud más la Corrupción Política en Ecuador se  siente asqueado(a) en Ratael Correa y la porquería de socialismo del siglo XXI.

SALUD, CORRUPCIÓN Y POLÍTICA: La amistad que cuesta millones y, el incómodo vínculo de Luisa González con Daniel Mendoza Arévalo y el gran negocio de hacer política.
Por: Froilán Casco
#Nota de Análisis y Opinión: El verdadero peligro de este modelo de "franquicia electoral" o "taxi político" radica en su capacidad para operar bajo la indiferencia pública, normalizando el reciclaje de figuras cuestionables cómo Daniel Mendoza Arévalo permitiendo que las deudas con la justicia económica y social sigan pendientes de pago.
🚨​La política ecuatoriana ha perfeccionado el arte de la audacia hasta niveles que rozan lo surrealista. Existe un movimiento político que se hace llamar AMIGO, un nombre que destila una ironía tan pesada que resulta casi cómica, si no fuera porque el costo de esa amistad lo pagamos todos los ciudadanos con dinero y salud. El fundador de esta joya de la democracia es Daniel Mendoza Arévalo, un personaje que entendió el servicio público no como una vocación, sino como un emprendimiento de alto rendimiento, donde el Hospital de Pedernales fue el gran sacrificado en el altar de su ambición personal.
​Resulta fascinante observar cómo este movimiento se ha transformado en una franquicia de alquiler político. Es el vehículo perfecto para aquellos que, bajo la fachada de nuevas candidaturas, buscan reciclar el poder. Mendoza, tras ser sentenciado como autor del delito de delincuencia organizada, cumplió una condena breve, casi como un periodo de vacaciones forzadas, y salió a disfrutar de la vida sin haber saldado la abultada cuenta de ocho millones de dólares en reparación que le impuso el Estado. ¿Quién necesita saldar deudas con la justicia cuando se puede seguir operando en las sombras de la política para mantener el estilo de vida que tanto esfuerzo les costó arrebatarle al erario nacional?
​La actual estrategia de este grupo es brillante en su desvergüenza. El partido AMIGO se ha convertido en el taxi electoral predilecto para quienes pretenden llegar a cargos públicos, aprovechando que el nombre del movimiento es lo único que mantiene de limpio. Es un espectáculo ver cómo se prestan las siglas mientras los ciudadanos siguen esperando la infraestructura de salud que les fue arrebatada por esta estructura criminal. La audacia de Mendoza y sus colaboradores para mantenerse vigentes en la política nacional demuestra que para ellos la vergüenza es un lujo que no pueden permitirse, sobre todo cuando los lujos reales, los que cuestan millones, siguen estando en juego.
​La ciudadanía debe preguntarse si estas alianzas son por convicción o por conveniencia pura. Cuando se camina de la mano con los fantasmas de la corrupción, no se está construyendo un futuro, se está reeditando el pasado. La pregunta ya no es si el movimiento AMIGO tiene amigos, la pregunta real es cuántos bolsillos más pretenden llenar con el dinero que debería ir a los hospitales. La memoria es la única herramienta que le queda al electorado, y será el único obstáculo que encontrará este grupo de empresarios de la política en su camino por seguir viviendo a costa de nuestra paciencia y de nuestros recursos.
El precio de la desmemoria
​En definitiva, el caso del movimiento AMIGO y su red de conexiones no es solo una radiografía de la audacia de sus dirigentes, sino un recordatorio del peligro que corre una sociedad cuando la amnesia colectiva se normaliza.
​Permitir que estas siglas sigan sirviendo de fachada para capturar el poder local y nacional, mientras las ruinas de obras esenciales como el Hospital de Pedernales siguen siendo un monumento al desfalco, nos convierte en cómplices silenciosos del mismo sistema que nos vulnera.
​La política no puede seguir siendo el negocio más rentable de unos pocos a costa de la salud y la dignidad de las mayorías. La última línea de defensa frente a este esquema de desvergüenza no está en los tribunales, que ya demostraron su tibieza, sino en las urnas. Queda en manos de los ciudadanos decidir si el voto será el aval definitivo para que continúe este negocio de millones, o el freno ético que exija, de una vez por todas, rendición de cuentas e institucionalidad real. La memoria electoral es el único recurso disponible para evitar que el pasado más oscuro se disfrace de un futuro renovado.


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