martes, 26 de febrero de 2019

El diezmo electoral o por qué se aceptan candidaturas perdedoras

   en Columnistas/Influencers4P  por 
Contrariamente a lo que intuitivamente se podría creer, no todas las candidaturas tienen como objetivo ganar las elecciones. Si bien en tarimas y medios de comunicación unos y otros se declaran como los ungidos por el voto popular, tras bastidores hay una serie de razones que explican por qué algunas personas aceptan intervenir en lides electorales en las que, desde el inicio, es claramente previsible que no conseguirán el cargo al que postulan. Las razones son de diversa naturaleza. Algunas tienen un trasfondo político, otras son atribuibles a debilidades propias de la naturaleza humana, como el ego o el ansia de ser reconocido. Las más repudiables se vinculan con el interés de hacer de un proceso electoral el medio para beneficiarse económicamente a costa de los recursos que entrega el Estado para la promoción de las candidaturas.
Para algunos actores políticos la candidatura fallida es imprescindible pues es el medio para mantener presente la imagen y mensaje de su partido o movimiento ante la ciudadanía y la opinión pública. El proceso electoral, por tanto, es observado como un espacio de fortalecimiento partidista, generación de nuevos cuadros políticos y un juego de ensayo-error frente a las siguientes elecciones. En este caso, el candidato perdedor pone en juego su actual capital político de cara a mejores resultados en el futuro. Si bien sabe que no alcanzará su objetivo, quizás su presencia en la campaña electoral puede apuntalar a que otros miembros del partido alcancen espacios de poder. En esta descripción se encuentran los líderes de organizaciones políticas que luchan por sobrevivir en un mercado electoral plagado de distorsiones de diferente naturaleza.
Otras candidaturas se justifican en la egolatría y la humana necesidad de ser reconocidos socialmente. Para algunos de los incluidos en este grupo, obtener un espacio de exposición en medios escritos, radiales o televisivos es suficiente. Eso basta y sobra. Una vez concluido el proceso electoral retomarán a sus actividades previas con la esperanza de que alguien recuerde su voz o su rostro en el transporte público, el restaurante o la tienda del barrio. Para otros, aceptar una candidatura fallida se justifica en el hecho de mantenerse vigentes en la arena político-electoral y esperar así por mejores opciones a futuro. No pertenecen a partido o movimiento alguno por lo que su juego no va en beneficio de un proyecto político ni candidato en particular. Su apuesta, por tanto, es a ser considerado en el siguiente proceso electoral por alguna agrupación política con posibilidades reales de ganar. Hasta tanto, una pequeña inversión de tiempo y dinero valen la pena.
Un tercer grupo de candidatos, siempre pensando en aquéllos que desde el inicio conocen de su nula posibilidad de éxito electoral, está compuesto por quienes encuentran en el proselitismo y la campaña política un medio para beneficiarse de los recursos públicos. En este caso no hay pensamiento estratégico ni egolatría ni inversión a futuro. Aquí simplemente es cuestión de sacar provecho económico a costa del Estado. Solamente hay que ser “sabido” para buscar las vías. Por ejemplo, si el Consejo Nacional Electoral (CNE) no entrega a los candidatos dinero en efectivo para la difusión de las candidaturas, una opción es tranzar con quienes recibirán la pauta publicitaria la devolución de una parte de los recursos transferidos. Así, lejos de ser un patrimonio de la legislatura o del IESS, el diezmo es parte constitutiva de la lid electoral y explica por qué algunas personas aceptan candidaturas destinadas al fracaso desde el inicio.
El diezmo electoral, adicionalmente, explica por qué a muchos actores políticos no les interesa reformar la ley electoral de cara a restringir las posibilidades de que movimientos cantonales o provinciales mantengan su registro ante el CNE. En efecto, para quienes viven de extraer los recursos del Estado vía procesos electorales, la sola idea de propiciar partidos políticos sólidos y con alcance nacional no es un buen negocio. En definitiva, aunque el diezmo electoral no es la única razón por la que algunos aceptan candidaturas fallidas y por la que otros se oponen a reformas institucionales de fondo, es un buen punto de partida para empezar a descifrar esa caja negra que constituyen los procesos electorales en Ecuador. A los ciudadanos nos corresponde identificar a quienes son candidatos perdedores por cálculo político o egolatría. Al CNE le compete investigar a los que son parte del proceso electoral para beneficiarse de los diezmos vía franjas publicitarias.
Santiago Basabe es académico de la Flacso.

Oscar 2019: "Yalitza se vuelve objeto de lo peor que tiene este país", cómo los ataques a la actriz de "Roma" exponen el racismo enquistado en México

Yalitza AparicioDerechos de autor de la imagenREUTERS
Image captionYalitza Aparicio, de 25 años, hizo su primer trabajo de actuación en "Roma".
Como mexicano residiendo en el extranjero, me gusta contarles a los demás lo bello y diverso que es mi país.
Un México con gente noble y solidaria, afortunada de tener una gran riqueza natural, cultural y gastronómica, así como heredero de una gran y larga historia producto de la mezcla de dos mundos desde hace siglos.
Y ser el país con más hablantes de español del mundo, 130 millones, inclina la balanza cuando hay dudas en BBC Mundo sobre qué palabras usar en los titulares de las noticias.
Pero justamente el lenguaje que han usado muchos mexicanos en los últimos meses sobre la película "Roma" y su protagonista, Yalitza Aparicio, no me enorgullece de mi país.
La joven es la primera mujer indígena en la historia en ser nominada al Oscar a la mejor actriz, pero para muchos en México este logro es lo de menos cuando tienen que decir algo sobre ella.
Desde el actor que la llamó "pinche india", o las críticas por cómo la fotografiaron en las portadas de revistas, o los incontables comentarios en redes sociales sobre cómo se viste, hablar de su trabajo en "Roma" pasa a segundo término.
"Aunque la mona se vista de seda…", decía alguien en Twitter que oculta su identidad.
Un post de TwitterDerechos de autor de la imagenTWITTER
Incluso muchos mexicanos con nombre y apellido en sus cuentas de redes sociales sacan a relucir su racismo, clasismo, machismo y discriminación.
La lógica de muchas personas dice que la libertad de expresión es el derecho a publicar un comentario tras 10 largos segundos de reflexión en el mejor de los casos.
Y los "likes" que se logren por un comentario "graciosamente" racista valen la pena para "sacar el cobre", como decimos los mexicanos. La peor mentalidad.

Ignorar y negar

Para el director de "Roma", Alfonso Cuarón, la temática de su película abrió la conversación sobre un problema enquistado en México desde hace siglos: el racismo.
Alfonso Cuarón y Yalitza Aparicio en una escena de RomaDerechos de autor de la imagenNETFLIX
Image captionAparicio interpreta el personaje de Cleo en "Roma", una sirvienta de una casa de clase media del México de los 70.
"La película ha abierto conversación. Una conversación acerca del racismo que existe en mi país y que lo hemos ignorado", dijo el cineasta a ONU Noticias.
"Y no solo ignorado, el mexicano ha vivido negándolo…la realidad es que es profundamente racista y se ha abierto esa conversación alrededor de los pueblos indígenas, de los pueblos originarios", añadió.
Cada vez que BBC Mundo ha publicado en Facebook y Twitter sobre "Roma" y Yalitza Aparicio, he visto una pila de comentarios racistas, clasistas y hasta misóginos que no me sorprenden.
Y ese es precisamente uno de los problemas de los mexicanos, la normalidad de convivir con el racismo en el día a día que ya no nos causa asombro.
Una mujer con un niño en una calleDerechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionEl origen racial determina buena parte de las oportunidades que tienen los mexicanos de prosperar.
"Es un problema de composición de nación, de cultura, al que el mismo país ha sido sometido con falsas ideas de primer mundo", me dice la socióloga mexicana Areli Ramírez, de la Universidad Iberoamericana.
"La diversidad cultural de México no está integrada ni en una visión de país, ni de ciudadano, ni de raza", sostiene.
A los mexicanos nos sorprenden las noticias sobre el racismo de Estados Unidos, nos molesta la discriminación de su presidente, pero en nuestra realidad no nos importa ser racistas entre nosotros o con otros latinos del sur.
Hemos sido criados y educados para evitar a la clase de abajo, aquella que normalmente es de piel morena y a la que podemos discriminar y hacer sentir menos, si no a placer, sí por descuido y menosprecio.
¿Por qué llamamos a Yalitza por su nombre de pila, y a Cuarón por su apellido?, me pregunto.
En México seis de cada diez personas reconocen que se les insulta por el color de su piel y un 40% cree que es excluido de empleos o al solicitar un servicio por el hecho de ser morenos, según el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación.
Y a pesar de eso somos un país que discrimina hasta a los de nuestro propio color de piel.
Para Aparicio, no es problema que hablen de su color de piel, "muy mexicana, oaxaqueña y muy humana. Del color de mi tierra y la diversidad de sus colores", le dice a Vogue.
Pero para otros mexicanos, el color de su piel parece ser un problema.
Se dice que en la casa se educa y en la escuela se aprende, pero tristemente parece que hablar de quiénes somos como nación, una mestiza y pluricultural, es la página que se perdió en el libro de texto.
"Con la exposición mediática a la que se ve sometida, Yalitza Aparicio se vuelve objeto de lo peor que tiene este país, que es una falta de conocimiento de lo que somos, de nuestra composición étnica, genética y cultural", me señala Ramírez.

Porcentaje de población hablante de lengua indígena en México

Fuente: INEGI

No somos todos, pero…

Por supuesto que no todos los comentarios de la gente hacia Aparicio son racistas y discriminatorios.
Hay muchas personas que la admiran, que destacan su trabajo y respetan su apariencia. Y si no les pareció buena su actuación ni "Roma" les parece una genialidad, lo expresan sin adjetivos.
Pero ¿qué tanto es en sí la figura de Yalitza Aparicio el objeto de las críticas racistas?
"Al final del día, son mensajes de odio no contra ella, sino contra lo que representa", me explica la socióloga Ramírez en una charla en la que como mexicano me siento en una sesión de terapia.
Yalitza AparicioDerechos de autor de la imagenAFP
Image captionAparicio dice que desea que más mujeres "reales" aparezcan en el cine.
La especialista resume en tres aspectos las posibles explicaciones a esta conducta que ha sido un tema de grandes pensadores como Octavio Paz en "El laberinto de la soledad", Alfonso Reyes en "México es una nuez" o Miguel León Portilla con "La visión de los vencidos".
"Hay un proceso colonial y de colonización racial y cultural que no está resuelto. Hay un imaginario de un México que no existe, pero que lo refuerza la televisión, internet, donde se supone que todos los mexicanos somos altos y blancos. Y hay un desconocimiento muy grande de nuestra propia historia".
Encontrar respuestas al porqué se nos da con facilidad el racismo y la discriminación no es tan fácil, pero se puede empezar por cosas tan cotidianas como las palabras que usamos en redes sociales.
Yalitza Aparicio y Marina de TaviraDerechos de autor de la imagenREUTERS
Image captionLa también mexicana Marina de Tavira también está nominada a un Oscar por su papel en "Roma", pero ella no ha sido objeto de críticas.
"Hay que ponernos a reflexionar cómo nos vemos a nosotros mismos, un examen de conciencia de nuestras propias historias. Pero no sécuánta gente está dispuesta a revisar la historia que nos constituye", me dice Ramírez.
Yo por lo menos deseo encontrar cada vez menos comentarios racistas y discriminatorios de mexicanos en las redes sociales.
Porque sé que lo que decimos se proyecta al mundo más que nunca y quiero seguir hablándole a mis colegas de las cosas buenas de México.