Se graduaron como médicos generales en Ecuador, pero sobreviven como taxistas, comerciantes o emprendedores

Por Diego Bravo
Antonio es un médico general machaleño, de 35 años, que desde hace un año ejerce el taxismo en la ciudad de El Coca, provincia de Orellana, en la Amazonía de Ecuador. Decidió radicarse en esa ciudad debido a la falta de empleo en su profesión. Es casi imposible trabajar en el sector público, debido a que hay pocas vacantes y una gran cantidad de colegas que compiten por ellas.
A esto se suma que, en el ámbito privado, los salarios son en su mayoría bajos y las jornadas de trabajo suelen ser extenuantes. Era el mediodía del domingo 28 de junio de 2026 cuando el galeno aceptó ser entrevistado por Ecuavisa.com. “Hoy laboro hasta las 13:00 y a esa hora tengo que devolver el taxi a su dueño. Luego de esa hora podemos conversar”, escribió por Whatsapp.
Ha trabajado en clínicas y centros médicos privados en Machala, Cuenca y Quito en condiciones de precaridad, pero ahora está desempleado y debe mantener a su familia.Su último empleo fue en una institución ubicada en el norte de la capital, pero no tenía afiliación al IESS ni vacaciones, y las jornadas laborales se extendían hasta 24 horas, con poco tiempo de descanso. Así mantuvo a su familia como pudo durante un año hasta que llegó un día en el que le dijeron que su puesto iba a ser destinado a la hija de un doctor amigo del dueño de la clínica, quien recién se había graduado de la universidad.
“Es una historia de llorar la mía”, narra Antonio. Recuerda que todo fue muy difícil tras finalizar su año de medicatura rural. Durante la rural -cuenta el profesional- recibía un salario de entre USD 800 y 840. Pero cuando terminó esa etapa, se encontró con una realidad que no esperaba: demasiados colegas jóvenes buscando empleo, muy pocas plazas disponibles y sueldos paupérrimos en la mayoría de establecimientos particulares.
Esa es la realidad actual de los médicos generales en el sector privado de Ecuador. Ecuavisa.com dialogó con al menos 20 galenos, en su mayoría jóvenes, y todos coinciden en lo mismo. No les afilian al Seguro Social, tienen guardias de 24 horas por una paga muy baja, no cuentan con vacaciones y muchos trabajan sabiendo que detrás de ellos hay cientos de profesionales de la salud dispuestos a aceptar esas condiciones de trabajo con tal de ganar experiencia y abrirse campo.
El catedrático y gastroenterólogo Enrique Hidrobo ha dedicado años a realizar estudios sobre la realidad laboral de los profesionales de la salud en el país y afirma que la situación es complicada y tiende a empeorar. De hecho, publicó el estudio llamado La oferta y la demanda de médicos en el Ecuador 2016-2030, en el que advierte que el panorama ya es crítico y que podría agravarse en los próximos cinco años debido al constante incremento de graduados provenientes de universidades.
En 2016, Ecuador tenía 33 925 médicos, lo cual equivale a una tasa de 20,52 por 10 000 habitantes, contando a residentes, rurales y de postgrado, señala el documento. Al 2017, aumentó a 37 293 con una tasa de 22,2. Esos números se ajustan a los parámetros de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que recomienda un mínimo de 23 por cada 10 000 habitantes. Pero casi 10 años después, en 2024, la tasa casi se duplicó a 40,35 e Hidrobo prevé que, en el año 2030, llegue a ser de 59,31 con más de 100 000 galenos en territorio nacional.
Esta es una de las causas por las que ha aumentado la precarización, principalmente tras la pandemia de COVID-19. Con esto coincide David, de 38 años, quien antes de la emergencia sanitaria podía conseguir trabajo como médico general con salarios que superaban los USD 1 000, pero la situación ha cambiado. Su último empleo con afiliación al IESS y beneficios de ley fue en una empresa de catering en 2019, donde percibía USD 1 600 como médico ocupacional e incluso tenía utilidades.
Un año después, la emergencia sanitaria estalló y quedó desempleado. Luego de eso vino el calvario de pasar de un centro particular a otro con remuneraciones incluso por debajo del salario básico unificado. “Antes podían pagar 10, 15, 20 o hasta 25 dólares la hora en medicina ocupacional. Ahora ofrecen USD 4 o 5”.
“Estudié medicina pensando en un futuro estable, pero terminé buscando cómo sobrevivir”
Cuenta que se graduó como médico en abril de 2013 en la Universidad Central de Quito, una etapa que lo llena de orgullo y desencanto a la vez. No fue un estudiante cualquiera: estuvo entre los 10 mejores egresados de su promoción. Se preparó durante largas jornadas que incluyeron horas de desvelo hasta la madrugada, siempre con el objetivo de que su sacrificio se recompensara con estabilidad profesional. Ahora, eso es una utopía.
“Para mí fue un choque muy duro”, narra. “Cuando yo era universitario, veía a los docentes con sus consultorios, con estabilidad y pensaba que también podía ser el camino”. Por suerte -agrega David- no tiene esposa ni hijos; de lo contrario, su situación sería más penosa. Para sobrevivir, se dedica al retail de productos que trae desde China. Además, realiza asesorías para la regularización de permisos de funcionamiento.
Es su única alternativa para subsistir hoy. Igualmente, algunos de sus compañeros de la universidad viven situaciones similares y se alejaron de la medicina; abrieron pequeños negocios, emprendieron en zonas rurales, se dedicaron a la avicultura, la venta de carros, montaron licorerías, centros de diversión o comercio minorista.
Algo parecido ocurrió con Antonio, quien agradece a Dios por contar con una licencia profesional que le permite conducir un taxi. Hay jornadas buenas -cuenta el machaleño- en las que llega a ganar hasta USD 70 diarios, en otras ocasiones solo reúne 40. Paradójicamente, esa cantidad es casi igual a lo que ganaba en una clínica privada cuando empezó en la profesión.
Cuando recién se graduó de la Universidad de Cuenca, en 2019, Antonio dio sus primeros pasos en un centro particular de su natal Machala donde le pagaban USD 45 por el turno de 24 horas. Tenía una gran responsabilidad: se encargaba de atender consultas, visitaba pacientes, apoyaba en quirófano, revisaba tratamientos y verificaba que la medicación estuviera bien administrada.
No le alcanzaba el sueldo y decidió montar un puesto de comidas rápidas en la zona rosa. Al poco tiempo, las bandas criminales comenzaron a extorsionarle con USD 100 diarios. “Sabían todo de mí, que estaba casado, que tenía una hija y que era médico. Me investigaron y pensaban que tenía plata, lo cual era falso”.
Nunca les pagó a los maleantes, y no tuvo otra opción que renunciar a su trabajo como médico en Machala y mudarse a Quito para trabajar en lugares distintos. Muchas veces —cuenta Antonio— las clínicas privadas justificaban los bajos sueldos y la precariedad diciendo que le estaban dando una oportunidad y terminaba aceptando, pues detrás había cientos de colegas desempleados dispuestos a “ponerse la camiseta”.
Afirma que le tocó casi “regalar su trabajo”. Otro problema que afrontó fue que algunos centros privados le quedaron debiendo dinero. Una clínica nunca le canceló USD 900. En otro sitio, no le dieron USD 240 por colaborar como asistente en seis cirugías.
En el caso de David, trabajó ocho horas diarias casi un mes, y apenas recibió USD 180. “Eso fue un robo”, afirma sin rodeos. Al principio ni siquiera querían pagarle. Le dijeron que el biométrico estaba dañado y solo constaban tres asistencias al hospital. “Me dijeron prácticamente que agradeciera que me pagaran”. Igualmente, mantuvo un proceso legal para que otra clínica le pagara USD 1 600 que le adeudaba. No lo hicieron, apenas recibió USD 300.
Alberto Narváez fue docente de la Facultad de Medicina de la Universidad Central y ahora forma parte de la Comisión Científica del Colegio de Médicos. A su juicio, la precarización laboral de los médicos no responde únicamente a una sobreoferta profesional. La situación es crítica por la falta de inversión pública, ausencia de regulación salarial en el sector privado y debilitamiento de los gremios de médicos.
"El grave problema es que el Estado dejó de contratar médicos; más bien comenzó a despedir".
La crisis también radica en que el sistema público no ha ampliado la cobertura ni ha fortalecido el primer nivel de atención. Esto ocurre pese a que hay sitios y sectores de la población con acceso limitado o nulo a servicios de salud, no solo en zonas rurales, sino también en sitios urbanos marginales, principalmente en las grandes ciudades de la Costa. “No hay voluntad de ampliar la cobertura”.
Ante la falta de empleo en lo público, los médicos jóvenes terminan en lo privado: clínicas pequeñas, fundaciones, organizaciones no gubernamentales o redes de prestación de servicios. En estos casos, las condiciones laborales suelen ser inestables. Uno de los principales problemas es que les pagan por facturación.
Advierte que en el sector privado no hay una tabla salarial, lo cual permite que algunos empleadores ofrezcan bajos sueldos. A esto se suma que la organización gremial ha perdido fuerza en los últimos años y no ha defendido a los médicos jóvenes, principalmente a los generales que están desempleados.
A su juicio, la precarización médica también puede afectar a la calidad de atención que reciben los usuarios. La razón: un galeno mal pagado, cansado, inestable y obligado a trabajar en varios lugares no puede ejercer en condiciones adecuadas.
Migración de médicos: fuga de cerebros
Miles de profesionales de la salud nacionales han buscado oportunidades fuera del país. El artículo denominado La fuga de cerebros y su impacto en el sector salud en Ecuador: Un análisis de los desafíos y consecuencias, publicado en la Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, en 2025, concluye que las causas del problema son las brechas salariales, las condiciones laborales precarias y la falta de oportunidades de desarrollo.
Ecuavisa.com entrevistó a Paúl, un médico tungurahuense, de 32 años, que logró viajar a España con su familia. “En Ecuador estudié tanto y no podía ganar un sueldo básico”, afirmó con tristeza. Acabó sus estudios en 2019 en la Universidad Técnica de Ambato y en 2021 finalizó la rural.
Nunca tuvo estabilidad. Antes de viajar, pasó la mayor parte del tiempo entre el desempleo, trabajos mal pagados y la búsqueda de oportunidades, ya que es imposible ingresar a los hospitales públicos.
Narra que en una clínica particular llegaron a ofrecerle USD 300 mensuales con facturación, menos de un salario básico que es de USD 482. Es decir, debía abrir su RUC, emitir factura y trabajar sin una relación laboral de tipo formal con la institución.
Sus compañeros de la universidad pasaron penurias. A un amigo le asignaron recoger desechos infecciosos y basura de una clínica al final de la jornada, lo cual le afectó emocionalmente. “Conversábamos y decíamos, qué necesidad de haber estudiado tanto para terminar limpiando hasta la basura”.
Para irse a Europa, hizo los trámites de homologación de su título, que tardaron casi dos años. Finalmente, con la ayuda de un amigo, encontró empleo en un hospital del sur de España. Le hicieron un contrato y viajó con su esposa, que también es doctora, y su hija.
Uno como padre aspira más para sus hijos. Aquí, en España, mi niña va a tener más oportunidades que si vuelvo a Ecuador a sufrir lo que ya vivimos".
Otros chicos que estudian en Argentina no tienen previsto volver a Ecuador. Conocen la grave situación y optarán por quedarse en ese país o migrar a Europa. Otros buscan irse a Estados Unidos, aprovechando que tienen familiares allá. “Mi hijo estuvo en una clínica por el norte de la capital en donde le pagaban USD 200 y le daba órdenes una enfermera grosera, que era la más antigua de ese lugar. Tenía turnos de 24 horas y llegaba muy cansado”, cuenta Esther, una migrante ecuatoriana radicada en el estado de Maryland.
Ahora, la mujer le tramita la residencia para que él pueda viajar. No quiere saber nada de ejercer la medicina en Ecuador. Ante tantos casos como este, el documento ‘La fuga de cerebros y su impacto en el sector salud en Ecuador: Un análisis de los desafíos y consecuencias’ señala que la pérdida de talentos, especialmente en el sector salud, se ha convertido en un fenómeno alarmante que refleja la crisis estructural del país.
Consultorios privados, una alternativa con débiles resultados
Ecuavisa.com accedió al estudio Desempleo y subempleo en médicos del Ecuador, 2023. Posibles causas y factores de riesgo, cuyo autor es el galeno Santiago Piedra. El documento afirma que hasta 2020 había 40 587 médicos, según las estadísticas del INEC. De ellos, 29 586 trabajaban en el sector público, mientras que 8 217 lo hacían en el privado con fines de lucro. No muestra datos específicos sobre los galenos que son dueños de consultorios o clínicas.
Los profesionales entrevistados coinciden en que abrir consultorios es otro canto a la precariedad y la pobreza. La doctora Rita, de 30 años, graduada en la U. Central afirma que no lo hizo para cumplir un sueño, sino por la urgencia de no tener trabajo. Envió decenas de hojas de vida y jamás le llamaron, tocó puertas y no tuvo respuestas. Lo único que le queda es ver a su hijo, de seis años, crecer y seguir luchando por sacarlo adelante.
Su única experiencia ha sido la medicatura rural y una clínica privada en el extremo norte de Quito, donde le pagaron USD 300 por medio tiempo. Como siempre ocurre en estos casos, no tenía afiliación al IESS ni estabilidad laboral. Recuerda que sus colegas no permanecían allí durante mucho tiempo. Entraban por temporadas como si siempre estuvieran a prueba. Era una especie de modus operandi que seguían los dueños del centro asistencial.
“Solo les interesaba que la gente rote. No les importaba afiliar (al Seguro Social)”.
Estuvo tres meses en ese lugar y el desempleo pasó a formar parte de su vida. Por eso, tomó una decisión que no la describe como un emprendimiento, sino como una salida ante la crisis: abrir su propio consultorio en el centro de Quito. “Es como un acto de desesperación. Una ya agota todos los recursos, sobre todo para seguir”.
La competencia es voraz -cuenta Rita- y sostener su consultorio no es fácil. Hay pocos pacientes y las consultas médicas se han abaratado tanto que, en algunos sitios, se ofrecen atenciones como medicina general por USD 3 o USD 5. “Con eso no se puede competir”.
Le ha tocado bajar el precio para atraer a más usuarios. Actualmente, cobra USD 10 por consulta, pero no le alcanza para subsistir. En su hogar, su pareja se encarga de los gastos más fuertes. Continúa atendiendo a la gente porque es su profesión y necesita mantenerse activa, porque el sistema laboral le exige años de experiencia y no pierde la esperanza de ingresar a un buen sitio.
En los trabajos a los que una postula piden experiencia. En el sector público piden cuatro o cinco años. Pero cada vez se gradúan más médicos. Entonces, ¿de dónde vamos a sacar la experiencia".
Otros médicos desempleados que atraviesan la misma situación que Rita buscan no perder conocimientos. Por ejemplo, David hace voluntariamente guardias sin paga o acude a espacios de práctica para no desconectarse de la profesión. "Uno puede leer artículos de salud, pero también se aprende viendo pacientes. Si no se practica, se pierden habilidades.
Igual ocurre con Antonio. Ocasionalmente le sale alguna consulta en El Coca y actualiza sus conocimientos. A veces, se acerca a una pequeña clínica y ofrece sus servicios pasadas las 18:00 luego de entregar el taxi. Algunas noches son buenas con bastantes pacientes. Otras, simplemente descansa y prepara sus cosas para volver a dar servicio de transporte al siguiente día.
Las malas noches, el cansancio y la incertidumbre en los pagos han consumido emocionalmente a David y Antonio, pero no han pensado en salir del Ecuador. Rita sí quiere hacerlo y ya comenzó los trámites de homologación de su título para irse a España. Apenas le salga una opción de trabajo en el viejo continente, se marchará con su familia y no tiene previsto regresar; solo quiere ejercer su profesión en condiciones dignas…
Los médicos menores de 40 años son los más afectados
El estudio llamado Desempleo y subempleo en médicos del Ecuador, 2023. Posibles causas y factores de riesgo fue levantado con información de 182 profesionales encuestados en territorio nacional. En ese año, alrededor del 60% de los médicos encuestados se encontraba desempleado al momento de levantar la información.
La mayoría corresponde a profesionales jóvenes de entre 30 y 31 años. Uno de los datos que más llama la atención es que existe una fuerte percepción de falta de transparencia en el acceso a plazas laborales. Piedra señala que un 85 % de los galenos consultados atribuyó el desempleo a factores como nepotismo, tráfico de influencias o irregularidades en los procesos de contratación.
¿Qué pasa en 2026? Si bien el estudio se realizó hace tres años, el investigador considera que la situación sigue igual o ha empeorado a escala nacional. A su juicio, una de las soluciones al problema es ordenar el sistema. Esto implica regular la apertura de facultades, transparentar concursos, mejorar la rotación laboral, remunerar adecuadamente a los residentes y fortalecer la especialización.
Si no se cumplen esos parámetros, miles de jóvenes profesionales de la salud seguirán con lo mismo y cada vez en mayor cantidad: estudiar durante años para salvar vidas, pero sin lugares dignos para desempeñarse profesionalmente.
Muchas gracias por visibilizar nuestra situación. La sociedad permanece impávida y hasta anestesiada ante esta realidad. Gracias por ser la voz de tantos que estamos bajo este yugo de abuso y precariedad.
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