LA RANA QUE QUISO SER RUNA
Por Jaime Cedillo F.
Cuando se pierde la dignidad, el respeto a uno mismo, a los principios éticos y a los valores morales, cuando el fin justifica los medios, sin nada de pudor y vergüenza se hacen cosas inimaginables por la ambición al poder. Ejemplos hay un montón, en este país de los camisetazos, de la venta y compra de conciencias, de movimientos y partidos políticos prostiuídos, de los pactos y acuerdos bajo la mesa, o como alguna vez dijo el corazón partío de Bucaram, pacto porque me da la regalada gana.
Esto, ha propósito del show politiquero que protagonizó, nada más y nada menos, que la ex candidata presidencial del correísmo, la desempleada, mejor dicho, la que nunca ha trabajado en nada, pero ha vivido como millonaria, Luisa González, ex mimada del prófugo de la justicia, Rafael Correa Delgado. Ella, un buen día se disfrazó de indígena y se dirigió hasta las oficinas del Consejo Nacional Electoral, para inscribirse como candidata del movimiento Pachakutik, ideológicamente el lado opuesto del correísmo en decadencia; para la Prefectura de Manabí.
Cómo, quién, la Lucha, la Mojigata, la que se tapaba la nariz cuando los pobres se le acercaban para saludar, la que odiaba a los de poncho y alpargatas, ella será nuestra candidata, rechazaban incrédulos las bases, los que no se venden, los que tienen dignidad, los que tienen memoria, los que fueron apaleados en las justas protestas en las calles por mejores días, los perseguidos, enjuiciados y hasta los asesinados dirigentes indígenas, desde sus tumbas, no lo podían creer.
Mientras el Consejo Nacional Electoral, revisaba la candidatura de la monstruosa metamorfosis, la Lucha hacía presencia en el escenario politiquero de Manabí, y con micrófono en mano decía: compañeritos yo soy la que siempre fui pero estuve de parranda, ahora vengo para reconciliarme con ustedes, hermanos queridos, somos la misma sangre, de la misma estirpe, del mismo tronco, para que me entiendan mejor.
Y, cuando el Consejo Nacional Electoral, rechazó la candidatura por no tener el tiempo de afiliación que exige el reglamento interno de los Pachakutik, apeló con el justificativo que ella desde hace dos años ya participaba de las pampas mesa, ya comía del mismo plato y bebía del mismo vaso, hasta bailaba con el poncho y las alpargatas. Nada de eso sirvió, el CNE eliminó definitivamente la candidatura. Colgó el poncho, se sacó las alpargatas, y se fue desconsolada por la calle de la amargura, en busca de sus camaradas correístas, que van quedando pocos, muy pocos, porque la mayoría están presos, otros prófugos de la justicia, de a poco se van reencontrando en la cárcel del Encuentro.
Colorín colorado que este cuento se ha terminado. Se baja el telón.
"La verdad no siempre es cómoda ni popular, pero es esencial para una sociedad informada".
El Observador
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