viernes, 21 de agosto de 2026

 Felipe Durán Alemán

 
Editorial
¿Gobiernan los elegidos o los dueños de los partidos?
Cada proceso electoral revive la esperanza de que un nuevo alcalde, prefecto o presidente de junta parroquial llegue al poder con ideas renovadoras y el firme propósito de transformar la realidad de su comunidad. Sin embargo, esa esperanza suele estrellarse contra una verdad incómoda: muchos de los elegidos no gobiernan con plena libertad, sino sujetos a las órdenes e intereses de quienes controlan los partidos o movimientos políticos que los llevaron al poder.
La autonomía prometida en campaña desaparece cuando las decisiones más importantes deben ser consultadas o autorizadas por las cúpulas partidistas. En lugar de responder a las necesidades de los ciudadanos, algunos terminan obedeciendo consignas políticas, repartiendo cuotas de poder o privilegiando intereses ajenos al bienestar colectivo.
Esta práctica debilita la democracia. El voto ciudadano no se deposita en favor de un caudillo partidista oculto entre bastidores, sino de una persona que asumió el compromiso de gobernar con independencia, transparencia y responsabilidad. Cuando el mandatario se convierte en un simple ejecutor de órdenes, la voluntad popular queda secuestrada por estructuras políticas que nadie eligió para gobernar.
Los partidos políticos son indispensables para la democracia, pero no pueden convertirse en cadenas que inmovilicen a quienes fueron elegidos por el pueblo. Su función debe ser formar líderes, promover ideas y fortalecer las instituciones, no imponer decisiones desde la sombra.
Ha llegado el momento de exigir que quienes aspiren a un cargo de elección popular demuestren que su mayor lealtad será con los ciudadanos y no con los intereses de una organización política. Solo así podremos construir gobiernos locales verdaderamente autónomos, capaces de impulsar el desarrollo de sus ciudades, cantones, provincias y parroquias, sin presiones ni tutelas que traicionen el mandato popular.
Porque, al final, la pregunta sigue vigente: ¿quién gobierna realmente: el funcionario elegido por el pueblo o el dueño del partido que lo llevó al poder?

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