domingo, 21 de abril de 2019

21 años de la revista “El Observador”.



La revista El Observador aparece en abril de 1998, en medio de un panorama que en los últimos años ha sufrido alteraciones interesantes, ante la aparición de más voces con más soporte técnico en la lucha contra la hegemonía mediática de los poderosos. No solo dentro de un cambio en la correlación de fuerzas, sino de avances que permiten recuperar ‘musculatura’ en la pelea por la justicia social, en donde la gente, masiva y democráticamente tenga acceso a esa información.
-La historia de "El Observador", como lo señala su consigna: La libertad de expresión, ni se compra, ni se vende, ni se tranza”, no se remite a una cuestión corporativa sino que constituye un vehículo de información-comunicación usado para la defensa de los intereses de las grandes mayorías sociales. Para romper el cerco no hay que descartar ninguna forma que contribuya a lograr ese objetivo.
Muchos han sido los gobiernos e instituciones locales que han querido silenciar nuestra voz, pero hemos tenido la decisión de no ir nunca ciegos a ninguna batalla. Es un principio de autonomía que respeta a otros y exige, también, que se nos respete.
Estamos conscientes que ‘no hay democracia informativa sin democracia económica’. Esto, que algunos confunden con una consigna pasada de moda, es la respuesta a la mentira que se nos quiso imponer acerca del fin de la historia y de las ideologías. El mercado es una trituradora de carne humana en un mundo lleno de alienaciones tales como la explotación laboral esclavista de viejo y nuevo tipo, las fantasías casi patológicas de la sociedad de consumo y la dinámica de reproducción y uso irracional
En este contexto, revista “El Observador, bajo la dirección del destacado defensor de los derechos humanos, Lcdo. Jaime Cedillo Feijóo, no se calla, se mantiene viva en la lucha contra la corrupción, el fraude, nepotismo, defendiendo la persecución, amenazas, encarcelamiento de los periodistas que en Nicaragua, Venezuela, México, Ecuador, han ofrendado su vida en defensa de la libertad de expresión.
El fenómeno de la prensa independiente no es nuevo sino que bebe de la experiencia histórica de medios alternativos que nacieron (y la mayoría murieron) en coyunturas aún más difíciles y con estructuras mucho menos profesionales. Tengo el honor de haber colaborado en vida con medios alternativos en Centroamérica y Ecuador. Ahora siento
la obligación de hacerlo también con la revista “El Observador”, desde mi pequeña contribución como columnista, como lector, que es la mejor manera de asegurar la sostenibilidad de un proyecto alternativo.
Ya sabemos que “sin periodismo no hay democracia”, pero no deberíamos olvidar que su supervivencia es también nuestra responsabilidad.
Galo Muñoz Arce

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