sábado, 19 de noviembre de 2016

En todos los idiomas



Publicado el 2016/11/19 por AGN
Alberto Ordóñez Ortiz
No sé quien o quienes son los autores, sólo lo supongo, como todos, pero el país es un desastre -un largo desastre- que lo atraviesa con enardecido desdén y reconcentrada furia. ¡Sí¡ Un desastre del que solo quedan en pie las ruinas de lo que un día fue un coro plural de aves y colores, de minas rebosadas por la plata, el oro, el cobre y las demás que dan forma al arco iris de los metales, azuzada por su agua de manantial recién parido al mundo, por el verdor de las selvas, de los trigales y de todos los frutos de su tierra, bendecida por la fertilidad agitada por el viento y amorosamente ceñida por una luz destellante que sólo era suya a plenitud.
Pero me queda tu nombre, machetazo divisor de la tierra, Ecuador, calambre de cóndores en mi resuello, Patria mía, tiesto de música partido en dos, en volcanes repartida, en penachos de sales y espuma de eterna signatura. Tu olor a tierra mojada -bien lo recuerdo- salía a mi encuentro, un motín de cañaverales me restregaba los labios, todo se volvía miel, sonreía el río y te carcajeabas cuando ingresabas a su mar y su mar regresaba sólo por mojar los pies de las muchachas. Todo se llevaron en sacas: nuestros mapas estelares, hechura de nuestros ancestros astrónomos Cañarís, a eso sol que ponía a bailar sin parar a la cebada, y en un anzuelo amarillo pretenderían llevarse a las Galápagos, pateándose -ahora mismo- a todo lo que dan sus palmeras y sus rocas imbatibles.
Las ruinas de la Patria sollozan sobre una explanada de basalto oscuro. Se santiguan las garzas al pasar. Los negros pozos de la explotación del Yasuní lo confirman en todos los idiomas y en todo los idiomas condenan el extrañamiento de las tribus que lo habitaron, las miles de especies muertas e irrecuperables. Pienso en todas las trapacerías cometidas, -las que van saliendo a luz- y, las que permanecen ocultas y se van perfilando en el denso aire percudido y vuelto a percudir de la iniquidad. Y en medio de todo y tanto, queda al descubierto el sumidero de un espíritu o espíritus retorcidos, de espíritus que todo lo que tocan lo convierten en purulencia viral. La patria es un desaguadero, y a los desaguadores -bendito sea Dios- no les va quedando tiempo. Los relojes están en su contra. Nada es nuestro ahora, salvo las deudas contraídas con los chulqueros internacionales y la miseria que mata por hambre; pero fuiste una vez -Patria mía- mi cedacito nuevo, donde forjé mi temple, donde para que bañaras a la luna, sobre el último suspiro de la tarde, solté a nuestra mar océano.
Ahora soy -somos- intrusos en nuestra propia tierra, extraños entre los nuestros, Ecuador, mi patria hoy en desventura; Ecuador de las transnacionales, Ecuador de las mineras, Ecuador made in China. Y, entre tanto ajeno, en eso de ir con los brazos abiertos y la boca aguachentando besos, tus saqueadores se pusieron en medio e impidieron nuestro encuentro. Con el frío que baja de los cerros y el que no quiere salir de mí, con pies y manos hasta sangrar me aprieto, hoy que no hay más Pachamama que la que queda entre mis uñas. (O)

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