miércoles, 27 de mayo de 2026

 EL COLAPSO TERMINAL: EL PUNTO DE NO RETORNO DE LA DINASTÍA CRIMINAL

Cuba no vive una crisis normal. Vive la agonía de un Estado mafioso.
Mientras el pueblo sobrevive entre apagones de hasta 20 horas, hambre, falta de agua, medicinas y hospitales destruidos, la casta que secuestró el país presume su “resistencia” desde Madrid, Miami y otras capitales del capitalismo que dicen odiar.
GAESA no es una empresa: es la caja fuerte militar de la dictadura. Es el motor que succiona los últimos recursos de Cuba mientras la familia real, sus herederos, testaferros y operadores viven con lujos pagados con el sacrificio de millones.
Ahí está Manuel Anido Cuesta, hijastro de Díaz-Canel, señalado por estudiar en una costosa universidad privada en Madrid y moverse en círculos de lujo mientras Cuba se apaga.
Ahí está Adys Lastres Morera, hermana de Ania Guillermina Lastres Morera, jefa de GAESA, detenida por ICE en Miami tras señalamientos de vínculos con el conglomerado militar cubano.
Ahí están los hijos del sistema: descendientes de altos funcionarios castristas que estudian, trabajan y prosperan en Estados Unidos, mientras sus padres condenan al cubano común a la miseria socialista.
El régimen le pide sacrificio al pueblo, pero sus hijos tienen plan B en el “imperio”.
El cubano de a pie no tiene electricidad, no tiene comida, no tiene medicinas y muchas veces no tiene ni agua. Pero la élite sí tiene propiedades, universidades privadas, viajes, negocios y refugios en el extranjero.
La máscara se cayó.
Esto ya no es ideología. Es saqueo.
Ya no es revolución. Es mafia.
Ya no es resistencia. Es una dinastía criminal protegiendo su botín.
El pueblo cubano no pide discursos: pide libertad. Y hoy mira hacia la presión internacional, hacia Estados Unidos, hacia Donald Trump y Marco Rubio, esperando que la presión final contra GAESA y contra la dictadura no se detenga.
Porque Cuba no necesita más promesas.
Cuba necesita recuperar su nación.


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