domingo, 25 de enero de 2026

 CAMILA: NO A LA MORDAZA

Por Jaime Cedillo F.
"El pensamiento y la expresión deben ser libres siempre".
Reprochable, por decir lo menos, que la asambleísta del Azuay (ADN), Camila León, haya declarado en una entrevista con un medio de comunicación de la ciudad de Guayaquil, que se hizo "famosa" cuando un periodista de la localidad le preguntó sobre los quintiles (población vulnerable que se categoriza por quintiles para determinar las prioridades de atención), sin saber qué responder, cuando se desempeñaba como delegada del Ministerio de Bienestar Social; que ha socializado con los gremios periodísticos sobre su pretendida reforma del artículo 396 numeral 1 del Código Orgánico Integral Penal, que dice: (Será sancionada con pena privativa de libertad de quince a treinta días: 1. La persona que, por cualquier medio, profiera expresiones en descrédito o deshonra en contra de otra.
La susodicha asambleísta pretende que se incluya: “La o el juzgador deberá verificar si las manifestaciones objeto del proceso corresponden al ejercicio legítimo del derecho a la libertad de expresión, respecto de asuntos de interés público o de críticas dirigidas a las servidoras o servidores públicos en el marco de sus funciones oficiales, aplicando los estándares constitucionales e interamericanos que reconocen una protección reforzada”.
Los gremios periodísticos como la Federación Nacional de Periodistas y la Unión Nacional de Periodistas, desmintieron a León, afirmando que en ningún momento se les ha consultado sobre semejante atentado a la Libertad de Expresión, mucho peor haber apoyado la malnochada propuesta que debe se desechada por la Asamblea Nacional.
Haber asegurado que la reforma fue socializada con periodistas constituye un delito de falsedad, que debe ser sancionado por el Consejo de Administración Legislativa de la Asamblea Nacional. porque no se debe permitir que la mentira se convierta en norma, sea reconocida, avalada por los "Padres de la Patria".
La Federación Nacional de Periodistas, inmediatamente hizo público su pronunciamiento con una carta dirigida al presidente de la república, Daniel Noboa, y al presidente de la Asamblea Nacional, Niels Olsen, para recordarles que la Declaración Universal de Derechos Humanos y la Convención Americana sobre Derechos Humanos, obligan a los Estados a respetar los derechos a la libertad de pensamiento, de opinión y de expresión.
Los periodistas ecuatorianos, tienen el deber de informar, bajo los principios de la ética, la objetividad, pluralismo e independencia, responsabilidad e imparcialidad.
QUÉ ES LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN.
La libertad de expresión en una democracia es un derecho fundamental e inalienable que permite buscar, recibir y difundir ideas e información sin censura previa, siendo el pilar para una sociedad informada, el debate público, la rendición de cuentas y la innovación. Incluye la libre opinión y el ejercicio periodístico, asumiendo responsabilidades posteriores fijadas por ley.
Pilar Democrático: Sin ella no existen la libertad de prensa ni el pluralismo ideológico, esenciales para la participación ciudadana y el control del poder.
Alcance Amplio: Protege toda clase de ideas, incluyendo las consideradas ofensivas o incómodas para el poder.
Dimensión Individual y Colectiva: No solo protege el derecho de quien habla, sino el derecho de la sociedad a recibir información diversa.
Límites Legítimos: Se puede restringir por ley solo cuando se viola el derecho de otros, o cuando se promueve el odio y la violencia, buscando siempre proteger el interés público.
Prohibición de Censura: Se opone a restricciones previas o al control estatal de los medios.
Su ejercicio es fundamental para la existencia de una sociedad libre y abierta.
Espero que cuando la asambleísta Camila León, reflexione sobre su intento de atentar en contra del más noble derecho que tenemos los seres humanos, pida disculpas a los gremios periodísticos, a medios de comunicación, periodistas en libre ejercicio, y a la opinión pública en general. De nuestra parte le decimos: perdónale Señor porque no sabe lo que hace...
El Observador


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