Desde que comenzó la guerra hace tres años, más de 14 millones de personas se han visto obligadas a dejar su casa y la mitad de la población pasa hambre severa. Es la mayor crisis humanitaria del planeta, pero la comunidad internacional no ha estado a la altura y la ayuda humanitaria no llega a quienes tanto la necesitan.
Por eso las comunidades sudanesas han tejido sus propias redes.La ciudadanía se organizó para montar comedores comunitarios y consultorios médicos gestionados por voluntarios. También coordinaron la distribución de alimentos y productos de primera necesidad a familias enteras que huían de una violencia difícil de imaginar. En muchos lugares del país, estas iniciativas comunitarias, en las que participan vecinos, madres o médicos, han sido la única red de seguridad.
Por eso el apoyo de los miembros de Avaaz ha sido tan importante: porque ha puesto recursos directamente en manos de quienes se juegan la vida por ayudar a los demás.
Una imagen vale más que mil palabras. Esta mujer recibió ropa de cama y una tienda de campaña en uno de los puestos de atención comunitaria en Darfur Central, donde el hambre y los desplazamientos se han cobrado incontables vidas. Gracias al apoyo de los miembros de Avaaz, la ayuda ha llegado a 420 000 personas. Y seguimos en ello.
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