sábado, 28 de marzo de 2026

 Editorial: "Valerie y Fausto: Silencio en la Oscuridad del Correísmo" Hay historias que duelen más que otras. No porque sean más trágicas, sino porque siguen vivas en su injusticia. Las muertes de Valerie de la Valdene y Fausto Valdiviezo no son hechos aislados ni accidentes del destino. Son heridas abiertas que ocurrieron bajo la sombra del poder —un poder con nombre y apellido: Rafael Correa Delgado, presidente del Ecuador entre 2007 y 2017. Valerie era una cineasta submarina, estadounidense, que amaba Galápagos. En 2014, fue encontrada muerta en su casa en Santa Cruz. Dijeron que fue suicidio. Pero había pólvora en la mano equivocada. Una caja fuerte abierta. Un desorden que gritaba otra versión. Lo más inquietante: rumores persistentes de que Valerie poseía videos comprometedores, presuntas orgías en las islas con altos funcionarios del régimen. Videos que, se dice, fueron entregados al periodista Fausto Valdiviezo. Fausto fue asesinado en 2013, justo cuando preparaba una denuncia explosiva sobre corrupción y redes de poder. Lo mataron en plena calle. En ese entonces, ya había advertido que lo querían silenciar. Y el silencio se impuso. No hubo justicia. No hubo verdad. Solo amenazas y miedo. Años más tarde, su propio hijo declaró haber visto ese material. Contó que Valerie y su padre estaban conectados por una verdad incómoda que apuntaba hacia las cúpulas del correísmo. Desde entonces, también ha sido amenazado. Esto no es una novela. Es Ecuador. Y lo que más indigna no es solo la posibilidad de un encubrimiento, sino la indiferencia institucional. ¿Quién dio la orden de callar a Fausto? ¿Por qué nunca se investigó a fondo la muerte de Valerie? ¿A quién protegía el poder? El correísmo no fue solo un proyecto político. Fue, para muchos, una maquinaria de persecución, represión y silencio. Periodistas acosados, medios cerrados, voces disidentes obligadas a exiliarse. En ese contexto, ¿de verdad alguien cree que estas muertes fueron casuales? Nombrar a Correa es necesario. Porque mientras no se lo nombre, mientras no se lo investigue con valentía, seguiremos viviendo en un país donde la impunidad tiene rostro y los crímenes tienen padrino. Valerie y Fausto no murieron. Los mataron. Y mientras no se diga todo, mientras no se exija justicia con nombre y apellido, seguirán matando. De a poco. En silencio. Con miedo. Correa fue un Dictador y daba orden de quien eliminar !


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