jueves, 22 de septiembre de 2022

Dra Alexandra Vallejo Inseguridad en la Función Judicial

 

José Manuel Castellano Gil

José Manuel Castellano Gil
Doctor en Historia por la Universidad de La Laguna (España) con la máxima calificación de CUM LAUDE y PREMIO EXTRAORDINARIO DE DOCTORADO. ExDirector de Museo y autor de casi medio centenar de libros históricos y más de un centenar de artículos, tanto en revistas especializadas como generalistas, coordinador de diversas publicaciones, ha impartido diversas conferencias, cursos especializados y ha participado en más de medio centenar de Congresos de carácter nacional e internacional. Ha obtenido diversos premios de investigación de rango nacional e internacional. Ha sido miembro de diversos proyectos de investigación financiados por el gobierno de la Comunidad Autónoma de Canarias, la Comisión Interministerial de Ciencia y Tecnología del gobierno de España y de la Unión Europea. La Asamblea del Poder Popular de la República de Cuba le otorgó la “Distinción por la Cultura Nacional cubana” (2000) por su contribución en temas históricos y culturales. Y ha formado parte del Programa Prometeo como investigador (2013-2014) y la Dirección Provincial de Cultura de El Oro (Ecuador) le concedió la "Presea Filantropía Cultural" en 2015 y en 2022 la Universidad Católica de Cuenca le otorga reconocimiento por su labor investigadora, académica, escritor, historiador y por su calidad humana. ExCoordinador de Investigación, Profesor Titular de la Universidad Nacional de Ecuador; profesor de posgrado en la Universidad Tecnológica Indoamérica; docente de la Universidad Católica de Cuenca; miembro de la Academia Nacional de Historia de Ecuador; miembro de la Casa de la Cultura Ecuatoriana Núcleo del Cañar; Editor de la Editorial Centro de Estudios Sociales de América Latina; Director de la Cátedra "Guadalupe Larriva González" de la Universidad Católica de Cuenca (Ecuador), Editor-Jefe de CES-AL y Director de la Tribuna Internacional La Clave.

 

Una sociedad plenamente descompuesta: Me duele Ecuador, me duele el mundo

A todas las víctimas y a sus familiares. 

Se puede comprender que en esta tercera década del siglo XXI pervivan todavía, tanto en los territorios centrales como en los periféricos, comportamientos criminales y antisociales anacrónicos propios de un pasado primitivo. Un salvajismo que es alentado desde los obscuros intereses de la propia estructura del poder dominante y espacios adyacentes, con sus cloacas y mercenarios de distintos tintes, rangos y ocupaciones. No es nada nuevo y nada nuevo hay.

Esa situación, sin duda, no es responsabilidad del fracaso de las políticas públicas por el simple hecho de que no es asunto prioritario, ni forma parte en sus agendas programas de acción, tan solo responden, exclusivamente, a un entretenimiento por promulgar literatura legislativa con letra “muerta”, un lavado de manos a un estilo más rancio que el de Poncio Pilato.

Un recurso decorativo, cuya principal finalidad no es otra que seguir engañando al cándido vulgo con el mensaje de que vivimos en el mejor de los mundos. Ese es un aparataje legislativo y discursivo alejado de las realidades sociales, que carece de acciones pragmáticas destinadas a una transformación de valores y principios, que impide cambios de comportamientos sociales, que no plantea una ruptura radical con las desigualdades y los desequilibrios, que no castiga abusos, atropellos, explotación, dominación, discriminación y maltrato en todos los órdenes de la vida y que cuenta, además, con el total respaldo silencioso, indiferente y cómplice de una ciudadanía, que en el mejor de los casos está fragmentada en luchas individualizadas, francotiradores de postín y poca monta, con un fuerte componente de desidia e insolidaridad generalizada o cuando no financiados desde los círculos de poder o de sus pretendientes. Seamos franco, la responsabilidad de lo que sucede hoy en día no es del gobierno sino que recae directamente en la soberanía popular, es decir, en todas y en todos.

Este es un sistema que está fundamentado en un engranaje de corruptelas que invade todos los espacios y clases sociales sin excepción: desde la escuela a la universidad; desde el ámbito familiar a la colectividad; desde las organizaciones no gubernamentales hasta las instituciones locales, provinciales, nacionales e internacionales; desde los sindicatos, gremios empresariales hasta los colectivos sociales; desde las adjudicaturas judiciales y cuerpos represivos a las industrias armamentísticas y farmacéuticas; desde el narcotráfico, la trata de personas hasta la venta de órganos; desde los medios de comunicación convencionales o digitales a las grandes empresas tecnológicas; desde los chulqueros a las entidades financieras; desde los falsos mendigos a las sectas y santas órdenes religiosas; desde la maquinaria de la guerra, el terrorismo de Estado a los ajustes de cuentas de organizaciones delictivas o individuales…

No vamos a comprender esta complejidad social a través de miradas miopes, individualizadas y egoístas, ni vamos a generar cambios de transformación general si no somos capaces de reivindicar y luchar colectivamente por los derechos de los demás.

José Manuel Castellano
Tenerife (Islas Canarias), septiembre 2022

 

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miércoles, 21 de septiembre de 2022

Dra Fabiola Gallardo Presidente de la Corte de Justicia del Guayas

 

“Mudocracia” en Cuenca

Leonard Durán

El ingenioso caricaturista del desaparecido diario Hoy, Asdrúbal de la Torre, cuando en Nicaragua ganó la presidencia doña Violeta de Chamorro (1990-1997) la dibujó puesta la banda presidencial con la leyenda. “Y ahora qué hago”.

Resulta que a veces los dados a políticos, los aprendices de la política, los politiqueros, se ganan la lotería accediendo a un cargo de representación popular “sin querer queriendo”.

Y cuando eso sucede, vale la ingeniosa frase de don Asdrúbal: “Y ahora qué hago”. Nos está pasando, ¿o no?

El marasmo político, “la calma chicha”, el “qué chucha” como dijo el entonces candidato, don Guillermo Lasso, invaden el país de cara a las elecciones de 2023.

Cuenca no es la excepción. En la mal llamada por exceso de halago “ciudad inteligente para votar” la actividad política es cero. Por ahí algunas escaramuzas verbales, que se revientan cual espuma de jabón, como sucede con lo que se comenta o se grafica en redes sociales, cuyo “impacto”, al ser vaciadas de contenido, duran lo que dura el canguil al reventar.

La ciudad vive el reino de la movimientocracia. Basta un “buen amigo”, un “careconocido” o un “care…verdelejos”, “un guapo alto y cejudo”, uno “que le haga al Tik toK”, al “Feice”, “un hablador de barrio”, un “chaplín”, mejor si tiene un masterado, un “peachi”, una pasantía, aunque sea donde no pasa nada, y listo el movimiento.

Y por eso la cantidad de candidatos. Ocho, diez, doce, quince. Y gana el menos pensado, que luego se “infla”.

Mientras, como si la ciudad no existiera; como si la falta de liderazgo no pesara; como si hacer política, tal como es, fuera un pecadillo; como si la ciudad no tuviera problemas de fondo sobre los que discutir, criticar, proponer, mover voluntades; como si todo estuviera bien…

Resurgen asuntos turbios sobre el tranvía, mudos; se discute el Plan de Ordenamiento Territorial, mudos; en materia de transporte la ciudad está aislada, mudos; denuncian que pocos contratistas, marido y mujer incluso, siempre son “suerteados” para hacerse de los contratos, mudos; se anuncian obras y nunca se hacen, mudos; se polariza la oposición a grandes proyectos, mudos; ante denuncias de los pocos “quijotes” periodistas de la vieja guardia, mudos.

Ah, pero ya saldrán de candidatos. Unos ya andan con asesores españoles. Será de oírlos. Tendrán soluciones para todo. Hay que pasarles por el “mudómetro”. (O)