lunes, 2 de junio de 2025


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Vergonzoso la primera intervención de la correísta Carolina Jaramillo, como vocera del gobierno del Nuevo Ecuador. Empezamos mal.

EL OBSERVADOR

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Fiscalizar la institucionalidad cultural

Jun 2, 2025

Por Simón Zavala

Si, es absolutamente imprescindible fiscalizar exhaustivamente a la institucionalidad cultural de este país, tanto en el ámbito de la gestión cultural como en el manejo de los recursos económicos asignados y en la calidad y eficiencia del gasto público;  y sobre la responsabilidad de quienes han ejercido funciones burocráticas de distinto nivel por las cuales han percibido sueldos del erario nacional para contravenir deliberadamente, en unos casos, lo que la Constitución y las leyes obligan, o para simplemente omitir lo que estas mandan, con lo cual, se configura el delito de peculado, pues si a alguien como empleado público se le paga un sueldo para que cumpla lo que estos instrumentos legales mandan y hace todo lo contrario, está distrayendo o disponiendo arbitrariamente de dineros públicos en beneficio propio o de terceros, por una parte, y por otra, está apropiándose ilícita  e ilegalmente del dinero público que cobra mensualmente. Y, eso jurídicamente, está tipificado como peculado en el Código Orgánico Integral Penal. Y la institucionalidad cultural no está constituida únicamente por el Ministerio de Cultura, la Casa de la Cultura Ecuatoriana “Benjamín Carrión”,

las Secretarías de Cultura de Municipios y Consejos Provinciales, los departamentos o áreas de Patrimonio Cultural e Históricos de estos gobiernos seccionales descentralizados; sino también por las instituciones privadas o público-privadas que se han venido nutriendo de recursos públicos y que, no han rendido cuentas o han tenido la “habilidad” de conseguir “lavar” las apropiaciones de esos recursos o eludir la acción de la justicia comprando operadores públicos corruptos. Vean el Programa de TV Visión 360 dirigido por la periodista Tanía Tinoco, con investigación del periodista Hernán Higuera, sobre el Ballet Ecuatoriano de Cámara.

Y una Organización que debe rendir cuentas inmediatamente respecto de los millones de dólares que manejaba del Fondo Nacional de Cultura, FONCULTURA, del Ministerio de Cultura, y que a partir del 30 de diciembre de 2016 fecha de publicación de la Ley Orgánica de Cultura, a través de esta normatividad, se lo reemplazó por el Fondo de Fomento de las Artes, la Cultura y la Innovación, y que a esa fecha tenía cerca de treinta millones de dólares,  es el Banco del Estado llamado así hasta el 30 de diciembre del 2015 en que se le cambió de denominación a Banco de Desarrollo del Ecuador. Ese Fondo estaba destinado a conceder préstamos Reembolsables y préstamos No Reembolsables a escritores, artistas y gestores culturales. Nadie sabe quienes son los beneficiarios de dichos préstamos. Nadie sabe los montos de esos préstamos. Nadie sabe si se han pagado o no los Reembolsables. Nadie sabe si los que recibieron los No Reembolsables cumplieron el objetivo para el cual los pidieron. Calculen a cuánto asciende el monto de ese Fondo en estos momentos. Lo que si se conoce como secreto a voces es que algunos beneficiarios vinculados estrechamente al poder hasta diciembre del 2023, se agasajaron alborozados con una gran cantidad de préstamos y de ingentes sumas de dinero.

Por otra parte, es absolutamente necesario que la actual Ley Orgánica de Cultura, sea reformada dentro del menor tiempo posible, con la participación activa de las personas que conocen de la actividad cultural, que tienen experiencia en el campo de la administración y gestión cultural, que saben del significado de la cultura de un pueblo en ese proceso histórico de reconocerse a si mismo, de valorar su identidad y de saber que el desarrollo cultural eleva el pensamiento y la sensibilidad de la sociedad. Este país, no cuenta con un plan de desarrollo cultural, pese a que en el 2007 se estructuró

un Plan que fue catalogado como uno de los mejores planes realizados en América Latina y que altos expertos de organismos culturales de la región se lo llevaron como modelo. Y eso es una necesidad imperiosa que se debe impulsar.

Es necesario sacar de esa ley el capítulo que se refiere a la Casa de la Cultura Ecuatoriana “Benjamín Carrión”. Desde el 2012, se han venido realizando elecciones fraudulentas y un sinnúmero de vivarachos, (hay unas pocas excepciones en las Provincias) sin representatividad alguna en el campo cultural, ni experiencia en el campo de la administración pública, eso si, ávidos de manejar los recursos de distinta naturaleza para beneficio propio o de sus agrupaciones políticas, se tomaron la institución con los votos de vendedores de películas, de discos, de revistas y libros viejos, de artesanías que ni siquiera eran artísticas, a quienes se los ha hecho pasar, en el famoso RUAC como “gestores culturales”, con la complicidad de algunos Ministros y Ministras, que desde el 2017 pasaron a ser parte de la Junta Plenaria de la Casa y han tenido unos ojos panorámicos para hacerse de “la vista gorda”. Con ese capítulo, han destruido la Casa. Esta Institución tiene que ser fiscalizada a fondo, pues allí el peculado desde el 2012, ha sido el pan de cada día. Algunas de las “auditorías” efectuadas por controladores administrativos y ciertos operadores de justicia bien “aceitados”, poco menos que los han felicitado. Y esto, no puede continuar.

Otro de los problemas graves que existen en el campo cultural, es el que se refiere a las piezas de los museos. Aquí tiene que hacerse una investigación exhaustiva, porque se afirma por parte de muchos ex trabajadores de algunos museos del país, que una gran cantidad de piezas de museos del Ministerio de Cultura, de los de la Casa de la Cultura Ecuatoriana “Benjamín Carrión” y sus Núcleo Provinciales, y de otras instituciones públicas, se han sustraído, se han falsificado, y se han sacado del país; piezas valiosas del patrimonio nacional. Está bien que se quiera estructurar una red de museos y que se quiera construir un gran Museo para la capital de la República, como se ha ofrecido. Pero no puede dejarse de investigar lo ocurrido desde hace casi veinte años con los museos públicos de nuestro país, porque alguien tiene que parar este descomunal atraco que los anteriores gobiernos han dejado en la impunidad. Conozco que, algunos escritores, artistas y gestores culturales, se están agrupando en “veedurías culturales” a fin de accionar legalmente para que a través de los canales legales competentes y entre ellos la Secretaría General de la Integridad Pública se realicen las investigaciones correspondientes para que los responsables de la corrupción institucional cultural vayan a donde deber estar: en la cárcel. En buena hora.

 ZAMORA Y SUS ALZAMANOS, FUERON POR LANA PERO SALIERON TRASQUILADOS

“La gente no cambia, solo se quita la máscara con el tiempo”
Por Jaime Cedillo F.
Cuando se pierde el respeto de una comunidad, es mejor dar un paso al costado, antes que el desprecio siga creciendo como una bola de nieve, hasta volverse incontenible. Lo que ha vivido Cuenca, en las últimas semanas, por la irresponsabilidad del alcalde Cristian Zamora Matute y trece concejales, que han cumplido el papel de alcahuetes, pretendiendo hacer y deshacer a su antojo la administración municipal, ha colmado la paciencia de los ciudadanos.
Han sido dos años de actos de la peor calaña, encabezados por quien debía dar ejemplo de respeto y tolerancia, se convirtió en un capataz de hacienda, que ha mal gobernado la ciudad patrimonial a punta de agresiones verbales, para imponer su verdad, su capricho, y su ley.
Sus víctimas han recibido ofensas de grueso calibre, de su boca han salido toda clase de improperios, para los que han expresado no estar de acuerdo con su comportamiento, con su manera alegre de manejar los dineros del presupuesto municipal, derrochados a manos llenas en cosas banales como conciertos de música que han costado un ojo de la cara, sin que ninguna institución de control, haya podido poner freno, peor sancionar, para clausurar esta fanfarria.
El Observador ha dado a conocer con detalles (fechas y cifras) cada una de las denuncias que han salido a la luz pública, ya sea por investigación propia, o por el trabajo de dos concejales que han sabido representar a la ciudad con honestidad, cumpliendo a cabalidad sus obligaciones de legislar y fiscalizar: Xavier Bermúdez y Diana González. Ellos, a pesar de haber recibido amenazas, insultos del boquisuelto, en las sesiones amarradas del Concejo Cantonal, para imponer lo que le venga en gana, pisoteando leyes, ordenanzas, reglamentos; haciendo caso omiso a la voz del pueblo.
A espaldas del pueblo, sin la participación ciudadana, sin socialización, engañando y mintiendo, Zamora ordenó a sus alzamanos que aprueben las ordenanzas recaudatorias y confiscatorias, conocidas con las siglas: PDOT y PUGS. Y, anunció como “Sísifo de Opereta”, que se venían las multas, las demoliciones, los embargos, que eso es lo que dispone la ley, que se preparen porque la camada de cuervos harán su agosto, cueste lo que cueste y digan lo que digan.
Se deja constancia que los autores y cómplices del atraco que pretendían dar a los bolsillos de los habitantes de la ruralidad (especialmente), son los siguientes mimados, a los que se les paga los favores recibidos, con prebendas, halagos, y hasta aprovechando la ignorancia en materia de legislación, porque lo que natura no da, Salamanca no presta: Marisol Peñalosa, Manuel Alvarado, José Fajardo, Rocío Juca, Paul Pañi, Mónica Pesántez, Federico Guzmán, Gabriela Brito, Jimmy Flores, Jenny Bermeo, Román Carabajo, Gustavo Valencia e Iván Abril.
Pero con lo que no contaron los autores del desbarajuste, es que los perjudicados, dejaron a un lado sus herramientas de trabajo, con las que labran la tierra para alimentar a los de la ciudad, las amas de casa hicieron un pare en sus tareas domésticas, los ancianos le dieron una tregua a sus achaques, angustias y sufrimientos, y llegaron a la ciudad asaltada por los truhanes, y le hicieron retroceder al reyezuelo déspota, y los alzamanos pretendieron lavarse las manos, y con el rabo entre las piernas, se escondieron hasta que el pueblo enfurecido levantó la bandera del triunfo, dejando al capataz y a sus alcahuetes, un mensaje contundente: estaremos en pie de lucha las veces que sea necesario.
Quedó grabada en la conciencia y corazones de todos, las palabras de la anciana campesina, con megáfono en mano, en pleno parque Calderón, le dijo: OCIOSO, COBARDE, LÁRGATE.
“El periodismo es una trinchera de resistencia frente a la hostilidad, la autocensura, ataque a la libertad de expresión. El miedo no deber frenar el trabajo de los periodistas. No podemos callarnos para no incomodar”.
El Observador
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 La memoria selectiva del poder: voceros, megáfonos y fantasmas del pasado

Por César Ricaurte
El gobierno de Daniel Noboa recicla los manuales del correísmo más feroz en su estrategia de comunicación, mientras pretende venderse como modernidad sin pasado. Pero los tuits (y los fantasmas) no olvidan.
En la política ecuatoriana, como en las malas telenovelas, siempre hay personajes que uno juraba haber visto por última vez en el capítulo final de la temporada anterior. Pero no. La memoria es frágil y el poder es reincidente. Esta semana, el gobierno de Daniel Noboa nos obsequió un giro argumental digno de archivo: la designación de Carolina Jaramillo Garcés como nueva vocera oficial.
Una comunicadora que ha hecho carrera despotricando contra periodistas, calificando de “insecto” a uno, de “pendejo” a otro, y de “seudoperiodista extorsionador” a Fernando Villavicencio. Todo esto, mientras denunciaba un supuesto #ApagónMoral mediático —como si el único interruptor de la ética lo tuviera ella. Nada contra las opiniones fuertes.
Pero cuando la encargada de comunicar desde Carondelet ha demostrado, en su timeline, una beligerancia sistemática contra la prensa independiente, es lícito preguntarse si su designación no es una declaración de guerra. El pasado siempre cobra factura. Y aquí no estamos ante un desliz comunicacional sino ante un patrón.
Porque esta misma semana también se oficializó el fichaje de Marcela Holguín como figura clave del aparato mediático gubernamental. Holguín, recordemos, fue la voz militante del correísmo más agresivo contra la prensa. La misma que desde los micrófonos de la Asamblea, en los años de Rafael Correa, operaba como amplificador de esa maquinaria de propaganda que perseguía, deslegitimaba y empapelaba periodistas. Lo dijo con ironía Roberto Aguilar en Expreso: “Ya solo falta que vuelva Alvarado”.
Y no le falta razón. Porque lo que estamos viendo no es solo la incorporación de personajes reciclados, sino el retorno de una lógica de comunicación basada en el linchamiento moral, la demonización del periodismo crítico y la conversión del Estado en un laboratorio de propaganda. La memoria digital, a diferencia de la institucional, no sufre de Alzheimer.
Un rápido repaso por los tuits de Carolina Jaramillo revela una peligrosa tendencia a deslegitimar el trabajo periodístico cuando no encaja en sus narrativas. Su enfrentamiento con Carlos Vera pasó de lo personal a lo institucional, y su desprecio por el oficio —cuando no le acomoda— raya en lo sistemático. ¿Ese es el perfil de quien ahora debe representar al gobierno ante el país y ante el mundo? Todo esto en medio de un escenario nacional marcado por la violencia, la incertidumbre política y la falta de un relato coherente desde el poder.
En lugar de apostar por una vocería técnica, institucional, que restablezca puentes con la sociedad y con los medios, Noboa parece haber optado por un modelo de confrontación posmoderna y reciclaje ideológico. Un Frankenstein entre la arrogancia del viejo correísmo y el oportunismo del marketing de redes.
Y así llegamos a este déjà vu tropical: una vocera que tuitea como troll, una exasambleísta que retorna como operadora mediática, y un gobierno que jura ser del siglo XXI, pero cuyo manual de comunicación parece haber sido impreso en los sótanos de la SECOM, circa 2010.
Nadie pidió este remake. Pero aquí está. Y si algo nos enseña esta segunda temporada, es que el verdadero “apagón moral” ocurre cuando el poder recicla sus peores prácticas y las vende como innovación.