jueves, 9 de abril de 2026
Racismo en el fútbol: ¿cómo escapar del “retraso” del periodismo deportivo al cubrir un fenómeno antiguo y persistente?
En febrero pasado la prensa futbolera de España y Latinoamérica dejó por un instante de hablar de fútbol. En el partido que disputaban el Real Madrid y el Benfica en Lisboa como parte de las eliminatorias de la Liga de Campeones, aficionados y comentaristas se concentraron en un hecho que no ocurrió, como era común, en las gradas, sino en el campo de juego: Vinicius Júnior, delantero brasileño y uno de los mejores futbolistas actuales, recibió un presunto insulto racista por parte de un jugador rival, el argentino Gianluca Prestianni, que se cubrió la boca con la camiseta. El árbitro activó el protocolo antirracista de la UEFA, la asociación de fútbol europea, y el juego se detuvo unos minutos.
"Lo que he visto es muy claro: el número veinticinco ha dicho cinco veces a Vini ‘eres un mono’”, afirmó el francés Kylian Mbappe, el otro delantero estrella del Real Madrid. Posteriormente, en la cuenta de Instagram de su equipo, Prestianni negó haber emitido insultos racistas. Como consecuencia de los hechos, este 25 de marzo el Órgano de Control, Ética y Disciplina de la UEFA sancionó al estadio del Benfica con un cierre parcial el próximo año para competiciones europeas, y multó al club portugués por el “comportamiento racista y/o discriminatorio de sus aficionados”, quienes hicieron gestos simiescos en las gradas. El mismo órgano no ha determinado si hubo o no insulto racista por parte de Prestianni, que no jugó el partido de vuelta en Madrid por acumulación de tarjetas amarillas.
Ahora –y casi siempre–, un asunto apremiante que salta a la vista es la calidad del cubrimiento deportivo. Inclinado casi solo al entretenimiento, este periodismo ha sido cuestionado por su exceso de opinión y su escaso interés por desentrañar los desmanes de la industria deportiva. ¿Qué cabe esperar al ver el racismo en el campo de juego? La investigación ‘Racismo no es deporte’ –un análisis de 2025 sobre la cobertura periodística en el caso de racismo contra Vinicius en España y Brasil–, señala que en los medios ha habido un “tratamiento episódico”, que se limita al ámbito deportivo o personal y evita abordar el carácter estructural del racismo. Una de las conclusiones de las investigadoras Carla Felix Baiense (Universidad Federal Fluminense) y Antonia Olmos Alcaraz (Universidad de Granada) es que en los medios analizados de ambos países “el racismo es mostrado como un problema puntual y, sobre todo, un problema de ‘los otros’ (los otros violentos, los otros ideológicos, los del otro país/región, etc.). No hay un reconocimiento del racismo como una cuestión sistémica y, como consecuencia, no se reconoce la necesidad de combatir el racismo como una responsabilidad colectiva”.
Este tipo de cobertura tiende a repetirse con cada controversia. “Nuestra sensibilidad con respecto a temas como el racismo aumentó en los últimos años, pero una vez más el fútbol demuestra que llega tarde a todas las revoluciones”, escribió el exjugador y campeón mundial Jorge Valdano en su columna de El País a propósito del caso. Cabe preguntarse si el periodismo deportivo no está llegando también tarde a un fenómeno que lleva años ignorándose, abordándose de forma accidental o reduciéndose a sanciones ejemplarizantes. Después del partido del Real Madrid y Benfica, el exportero paraguayo José Luis Chilavert fue citado en múltiples medios por sus declaraciones en contra de Vinicius Jr. y Mbappé, a quien cuestionó por vivir “con un travesti”. Algunos medios desaprobaron sus críticas al tiempo que le daban resonancia a un discurso que podría sonar común en una tribuna de fútbol, no en una transmisión radial.
Análisis del cubrimiento deportivo: retraso, justificación de ataques racistas y olvido
En la Red Ética consultamos con tres periodistas especializados en periodismo deportivo o en el cubrimiento periodístico con enfoque antirracista. El periodista brasileño Pedro Borges, confundador y director de Alma Petra, un medio especializado en temas raciales, cree que Vinicius Júnior y otros jugadores han sido determinantes en “la mejora” de la cobertura del racismo en la prensa deportiva, pero existe todavía “un camino largo por recorrer”.
“El periodismo deportivo está retrasado”, agrega Borges. “La cobertura de la prensa deportiva ha mejorado en algunos aspectos de manera global, pero todavía está muy por debajo”. La cobertura cultural, política y de derechos humanos está por delante de la deportiva, dice. Esto se debe, en parte, a que la cobertura deportiva está ligada al entretenimiento y a su compromiso con las marcas.
Borges observa dos tipos de conductas en los medios de comunicación: por un lado, hay un periodismo que cubre los hechos de violencia, condena el racismo y ofrece una perspectiva basada en derechos humanos; por otro, algunos periodistas se enfocan en una celebración de gol de Vinicius Jr. y dicen que la hace para “provocar”.
Según Borges, así se elabora una especie de “justificación para los ataques racistas que recibe”, como si dijeran: “él tampoco es un santo”. ¿Acaso esperan que un jugador permanezca quieto tras anotar un gol?, se pregunta. “El gol es el momento cumbre” del fútbol, dice Borges. “Vinicius Júnior es un hombre negro brasileño, criado en Río de Janeiro, en una región que tiene una cultura marcada por el samba, que forma parte de la cultura negra brasileña. Entonces Vinicius Júnior va a sambar, a bailar, a danzar. No es una provocación, es una celebración”.
Según Karen Ariza, periodista deportiva colombiana y fundadora de Tribuna Krizol –una plataforma que busca documentar y conectar el deporte en Colombia–, en algunos programas de televisión deportivos se emplean “formatos parecidos al chisme del momento y se olvida fácilmente lo que se discutió la semana pasada”. En ellos “hay debates, pero únicamente sobre las tácticas del juego y el estilo de los jugadores”. Los “enfrentamientos a lo sistemático se evitan a propósito para no incomodar influencias poderosas”, añade. Ariza dice que “el deber de los medios es buscar referentes del tema que nos ayuden a entender mejor”. Y le llama la atención que en redes sociales la discusión se reduzca a especular sobre qué tan creíble es Vinicius, en “una paradoja sobre víctimas y victimarios” que remite a las reacciones sobre la violencia y el acoso a las mujeres. Al goleador brasileño “también lo llaman niña, llorón, histérico y exagerado constantemente”, dice Ariza.
¿Cómo replantear la cobertura deportiva y abordar el racismo?
Nombrar el racismo
El periodista y cronista colombiano Sinar Alvarado, que se ha enfocado en la cobertura del ciclismo para medios como The New York Times, dice que el periodismo tiene que “nombrar el problema sin buscar sucedáneos o eufemismos”. “Hay que hablar de racismo”, enfatiza. “Es un fenómeno antiguo y vigente en todas las sociedades de América Latina; lo sufren los mestizos, los negros, los marrones, los morenos o los pardos en muchas esferas”. Para esta población, existe un enorme desbalance en el acceso a la educación y al trabajo. Y por eso “son relativamente afortunados los negros que logran éxito deportivo, dinero, relevancia o poder”. Pero “el racismo es tan estructural y tan común que incluso estos privilegiados lo siguen padeciendo”.
Abordar el deporte como fenómeno, no solo el debate de la jugada
Alvarado dice que el periodismo de fútbol tiene “la tarea de alejarse de lo frívolo, el debate de la jugada o cuántos millones pagaron por fulano para pasarlo de un equipo a otro”. Debe analizar el fútbol como lo que es: “un fenómeno social, cultural, político, financiero, una industria global que tienen muchos tentáculos. Hay que contarlo y cubrirlo con ambición y no quedarse en lo anecdótico y superficial”. Y esto implica abordar “desde la corrupción que existe en el fútbol y está muy extendida en el mundo, hasta los problemas en los que los grandes jugadores, incluso los más privilegiados y famosos y millonarios, sufren maltratos o discriminación”.
Más reportajes y profundidad
Pedro Borges recomienda a los periodistas “huir de lo convencional y de lo que ya se hace”. La prensa deportiva “ha sido muy pobre, se ha dedicado casi exclusivamente a la cobertura de resultados de partidos”. Y el fútbol es un deporte popular y con capacidad de movilización: “Se utiliza en la política, está dentro del contexto social y político de todos los países”.
Para alejarlo del espectáculo y del entretenimiento, Borges tiene una alternativa concreta: los reportajes, que se han visto opacados por el predominio de la opinión. “Hemos visto cada vez más un periodismo que profundiza poco, hace una investigación como máximo de bastidores, de conversación con directivos y con atletas. Necesitamos profundizar en la cobertura deportiva”. Esto implica “producir más reportajes deportivos, no solo de grandes contextos de clubes, de partidos, de juegos o de torneos, sino que consigamos ver más allá de lo obvio del deporte, ver los negocios turbios y las violencias que atraviesan el deporte. Vale la pena que el periodismo deportivo se dedique cada vez más al reportaje, con una mayor profundidad”, insiste.
Hacer crónicas de los grandes eventos
En vísperas del mundial de fútbol en Estados Unidos, México y Canadá, Ariza dice que sigue “faltando investigación en el periodismo deportivo, sobre todo para descubrir cómo se mueven los acuerdos que no son públicos o del todo transparentes para el fanático. Nos hacen falta las crónicas de grandes eventos deportivos”, agrega.
Valorar la conexión del público con el deporte
“El deporte nos ayuda a conectar con sentimientos y emociones de todo tipo”, afirma Ariza. “Por ese carácter de descubrimiento y expansión, el periodismo deportivo debería enunciarse como un espacio que nos permita combatir la discriminación, recordar lo que es importante y ojalá aprender cosas nuevas”. Su premisa para un periodismo deportivo “es seguir pensando en los deportes como una manera de conectar con el mundo y de descubrir culturas ajenas y desconocidas”.
Ariza pone de ejemplo el Clásico Mundial de Béisbol que recientemente ganó Venezuela a Estados Unidos, en Miami. “El propio Donald Trump tuvo que admitir que Venezuela fue mejor que el poderoso equipo estadounidense, lleno de estrellas de la MLB. A su manera, insinuando que el país sudamericano debería ser el 51 estado de los Estados Unidos, Trump no deja de lado su visión imperialista. Pero ganar es ganar, y en un contexto profundamente xenofóbico en aquel país, el triunfazo venezolano es una cachetada al fascismo”, concluye.
El Observador.
Qué tal, lo veo pero no lo creo. Un Lucio Gutiérrez, vendiendo su partido político al mejor postor, con el cuento de una supuesta unidad, de que es hora de tender puentes, dejar a un lado los resentimientos, vengan todos, los que son y los que no son, los buenos, los malos y los feos, sean de derecha, centro o izquierda, en política todo vale, si hasta se ve tostar granizo.
IESS: entre la irresponsabilidad política y el riesgo sistémico de la seguridad social.