EL IRRESPETO Y LAS MALAS COSTUMBRES
Eso es justamente lo que vivió Cuenca en los últimos tres años, con la presencia en la alcaldía de un "personaje" tosco de nombre Cristian Zamora, hasta que una mujer valiente de nombre Diana González Arteaga, se cansó de las ofensas que, permanentemente, venía recibiendo del tosco, por cometer el "delito" de pedir cuentas por una serie de malos manejos con los recursos de la ciudad; pero ella no fue la única víctima del victimario, fueron muchas mujeres las ofendidas y humilladas públicamente.
Se mofaba diciendo: Quién esa González, y fue precisamente esa dama, representante de los ciudadanos en el Concejo Cantonal, la que tomó la decisión valiente y frontal, presentó la respectiva denuncia ante el Tribunal Contencioso Electoral por violencia política de género; mientras se procesaba en el organismo electoral el caso, el tosco seguía vociferando y atropellando la dignidad de las personas de bien, honestas, de buen comportamiento. Se creía imparable, intocable, el que estaba por encima del bien y el mal.
Hasta que le llegó la hora: el TCE le dijo basta, suspendió sus derechos políticos por seis meses, más multa y la obligación ineludible de realizar un curso sobre buenos modales. Al tosco se le acabo la fiesta, metió el rabo entre las piernas, y se fue a llorar su amargura en el rincón de la nostalgia.
Hoy, precisamente, se cumple un mes de la sentencia de seis. Cuenca vive un ambiente de paz, regresó el respeto y las buenas costumbres, el trato cortés. Se reorganiza la paupérrima administración con la renuncia de parte del "equipazo", de uno en uno van saliendo directores, gerentes y coordinadores.
Sabemos que no es sencillo sanear la administración corrupta de la noche a la mañana, pero vemos con buenos ojos las decisiones (esperemos que sean acertadas) que va tomando la alcaldeza sustituta, sin olvidar que también la señora Peñaloza fue parte del "equipazo", al igual que la mayoría de concejales a los que la ciudad los bautizó como los alzamanos, los del silencio cómplice, los que olvidaron sus deberes y obligaciones en el seno del Concejo Cantonal, los que se sumaron a la farra y el derroche.
"El sabio defiende a su país, el tonto defiende a su partido, y el corrupto defiende a su ladrón".
El Observador