martes, 20 de octubre de 2026

 María Dolores Roura

 
Escuché algunas intervenciones que fueron parte de la sesión de Consejo de la U de Cuenca, convocada por el Rector para analizar y tomar decisiones sobre lo ocurrido el 7 de octubre, que derivó en el pedido de la ministra de Educación para que se despida a un profesor y sancione al presidente de la FEUE.
De esa sesión, entre otras cosas, me llamó la atención la intervención de una de las vicerrectoras que expresó tener miedo porque “las redes sociales están muy agresivas y tengo miedo de lo que nos puedan hacer los estudiantes”, luego, una docente intervino y se ratificó en el miedo y dijo algo así como “no debemos permitir que actores políticos utilicen a los estudiantes como instrumento para hacer proselitismo partidista”. Preocupa inmensamente la argumentación de las maestras que expresaron sus miedos como si se tratase de adolescentes inmaduras y temerosas.
Lo dicho por las dos señoras me llevaron a algunas reflexiones:
-La Universidad debe ser el espacio para la reflexión política por excelencia, porque la argumentación nace desde mentes reflexivas, analíticas y preparadas académicamente, solo así se elevará el nivel de la discusión y se desarrollará el respeto al que piensa diferente que también tiene sus argumentos; entonces, querer una Universidad apolítica es una aberración que distorsiona la razón del saber.
-Tampoco es muy acertado creer que los estudiantes son entes irracionales o imberbes que pueden ser manejados al antojo de cualquiera y, si creemos que están siendo manipulados, allí debería entrar la intención pedagógica para una formación política que plantee cuestiones, racionalice posturas, que haga preguntas y encuentren respuestas nacidas desde el razonamiento; como estrategia el debate; como requisito, el respeto a las conclusiones personales. La Universidad debería ser el semillero de líderes con ideología, honestidad, conciencia social y, sobre todo, con convicciones.
-La docente dijo también: “la universidad y los estudiantes son sagrados y debemos protegerlos de los intereses partidistas”. Pregunto ¿No es eso lo que debió hacer el Sr. Rector antes de abrir las puertas al presidente para que haga su campaña preelectoral, acompañado de candidatos locales por su partido, con el pretexto de poner la primera piedra, como quien entrega dádivas a cambio de votos? ¿O esa interferencia política si debía estar permitida? Los sagrados predios universitarios, ¿si podían ser vulnerados con la presencia de cientos de militares y enormes vallas que impedían el ingreso de los sagrados estudiantes a los que les tienen miedo? La doble moral y el doble rasero no deberían ser argumentos de un maestro.
-Con seguridad no faltará quien diga que también es doble moral, defender la reacción política de algunos estudiantes y profesores mientras se cuestiona la acción política del presidente y la benevolencia del rector, porque también tendrían el mismo derecho de expresarse políticamente; sobre esto vale establecer una diferencia, estudiantes y profesores actuaron como individuos, es decir como personas con derecho a la crítica y a la libre expresión, mientras que el presidente de la república y el rector de la universidad son autoridades que gobiernan y dirigen espacios por naturaleza inmensamente diversos, además, se les ha entregado un poder institucional que no lo deberían utilizar para representarse a sí mismos.
- Por último, el objetivo de la reunión no se cumplió porque en la sesión no se dio paso a la propuesta de un estudiante que mocionó votar por un respaldo de esa instancia, al profesor y al estudiante cuestionados, el Sr. rector no quiso llevarla a votación, y en vista de que los miedos son los argumentos, pregunto: ¿de qué tenía miedo? ¿de los resultados de esa votación o de qué dirá Roy?
Me haré eco de lo dicho por Xavier Zavala Egas en un artículo de prensa: “el gobierno vino a poner una primera piedra, pero… terminó arrojándola”.