martes, 11 de agosto de 2026

 Casi sesenta años separaron a dos hombres perdidos en el Sahara. Uno regresó para escribir algunas de las páginas más recordadas de la literatura francesa. El otro sobrevivió a una ultramaratón después de que una tormenta de arena borrara literalmente su camino.

El primero fue Antoine de Saint-Exupéry.
El 29 de diciembre de 1935 despegó de París acompañado por su mecánico y navegante André Prévot. Volaban en un Caudron Simoun e intentaban establecer un récord entre París y Saigón. Para cargar más combustible habían prescindido incluso de la radio.
Después de casi veinte horas de vuelo, mientras atravesaban el norte de África rumbo a El Cairo, el avión descendió en la oscuridad y golpeó violentamente una meseta del desierto. Ambos sobrevivieron.
El accidente era solo el comienzo.
Tenían cantidades mínimas de comida y bebida: algo de café, vino, fruta y pequeñas provisiones. No sabían con precisión dónde estaban. Durante los días siguientes caminaron tratando de encontrar alguna señal humana mientras la deshidratación comenzaba a alterar su percepción.
Saint-Exupéry escribiría después sobre espejismos y alucinaciones producidos durante aquella marcha. Cuando sus reservas se habían agotado y ambos estaban cerca del límite físico, una caravana beduina los encontró y les proporcionó ayuda.
La experiencia no desapareció cuando regresó a Francia.
Se convirtió en uno de los episodios centrales de Terre des hommes, publicado en 1939. Cuatro años después apareció El Principito, cuya primera situación resulta imposible separar de aquella experiencia: un aviador sufre una avería y queda aislado en medio del desierto. La propia historia editorial de Saint-Exupéry reconoce el accidente de 1935 como una de las experiencias fundamentales detrás de su obra.
En 1994, el Sahara produjo otra historia extraordinaria.
Mauro Prosperi era un policía italiano y antiguo pentatleta olímpico de 39 años cuando participó en el Marathon des Sables, una prueba de unos 250 kilómetros por el desierto marroquí.
Durante la cuarta etapa estaba entre los primeros cuando apareció una tormenta de arena.
Prosperi siguió avanzando.
Cuando el viento terminó horas después, las referencias del recorrido habían desaparecido y estaba caminando en la dirección equivocada. Un helicóptero de búsqueda llegó a pasar tan cerca que Prosperi pudo distinguir al piloto, pero nadie lo vio desde el aire.
Encontró después un marabú abandonado, una pequeña construcción religiosa que utilizó como refugio. Allí comió huevos de aves y, según su relato posterior, murciélagos crudos. Cuando se quedó sin agua recurrió también a su propia orina.
En aquel lugar ocurrió uno de los episodios más extremos de su relato.
Convencido de que probablemente moriría y preocupado porque su familia pudiera no recibir determinadas prestaciones si nunca encontraban su cuerpo, Prosperi intentó acabar allí con su vida. Años después contó que despertó a la mañana siguiente y descubrió que el sangrado se había detenido rápidamente. Él lo atribuyó a la extrema deshidratación y decidió interpretar que todavía debía seguir caminando.
Abandonó el refugio y avanzó hacia las nubes que veía en el horizonte.
Después encontró huellas, cabras y finalmente una comunidad bereber. Había permanecido perdido aproximadamente nueve días y medio y había terminado en Argelia, a más de 200 kilómetros de la ruta oficial. Cuando recibió atención médica pesaba alrededor de 43 kilos. La historia oficial del Marathon des Sables todavía registra su desaparición de 1994 como uno de los episodios más extraordinarios de la carrera.
Saint-Exupéry y Prosperi entraron al Sahara por razones completamente distintas y separados por casi seis décadas.
Uno buscaba un récord aéreo. El otro intentaba terminar una carrera.
Ambos terminaron descubriendo que, cuando desaparecen las rutas, el agua y cualquier certeza sobre dónde se encuentra uno, sobrevivir puede reducirse a continuar avanzando un poco más.


  Las investigaciones de la Fiscalía General del Estado mantienen bajo proceso a seis alcaldes de diferentes cantones del país por presuntos delitos que van desde peculado y enriquecimiento ilícito hasta delincuencia organizada, asociación ilícita y comercialización ilegal de combustibles. En conjunto, los casos investigan presuntos perjuicios económicos que, según las autoridades, alcanzarían cerca de USD 100 millones.

Aquiles Álvarez – Alcalde de Guayaquil
Es uno de los casos de mayor repercusión nacional. Enfrenta el caso Triple A, por la presunta comercialización ilegal de combustibles. Además, es investigado en el caso Goleada, por presunto lavado de activos, delincuencia organizada y defraudación tributaria. Recientemente fue condenado por incumplir una medida judicial al no portar el grillete electrónico que le fue impuesto mientras avanzaban las investigaciones.
René Castillo – Alcalde de El Tambo
Es el más reciente alcalde procesado. La Fiscalía lo investiga por un presunto peculado relacionado con un contrato municipal de USD 49.545. La defensa sostiene que el monto que no habría podido justificarse sería considerablemente menor y rechaza las acusaciones.
Vicko Villacís – Alcalde de Esmeraldas
Fue vinculado al denominado caso Blindaje, en el que la Fiscalía investiga un presunto esquema de lavado de activos y delincuencia organizada. La investigación busca determinar la existencia de una estructura para el movimiento y ocultamiento de recursos de origen ilícito.
Ángela Plúa – Alcaldesa de Simón Bolívar
La autoridad municipal enfrenta un proceso por el presunto delito de asociación ilícita. La Fiscalía investiga su posible participación en una estructura que habría cometido irregularidades en la administración pública. La causa continúa en etapa judicial.
Darío Macas – Alcalde de Machala
Fue detenido dentro de una investigación por presunto enriquecimiento ilícito. Según la Fiscalía, las primeras indagaciones apuntan a un incremento patrimonial que no guardaría relación con sus ingresos legalmente justificados, motivo por el cual se inició el proceso penal.
José Arroyo Cabrera – Alcalde de Pujilí
Es procesado por el presunto delito de peculado, debido a supuestas irregularidades en el manejo de recursos públicos y contratos municipales. La Fiscalía sostiene que existieron indicios de afectación económica al Estado, mientras el proceso continúa en la justicia.
Las investigaciones se encuentran en distintas etapas procesales y, conforme al ordenamiento jurídico ecuatoriano, todos los alcaldes mantienen la presunción de inocencia hasta que exista una sentencia ejecutoriada. Mientras tanto, la Fiscalía continúa recabando elementos para determinar posibles responsabilidades en cada uno de los casos.


 

"Puntos clave (actualizado el 10 de agosto de 2026 a las 22:23 UTC)
Se produjo un terremoto de magnitud 7,4 en el oeste de Colombia, dentro de la zona de subducción de América del Sur.

El USGS estima que existe una alta probabilidad de daños potencialmente generalizados y víctimas. Aproximadamente 10,5 millones de personas experimentaron sacudidas de intensidad fuerte (MMI VI) a muy fuerte (MMI VII).
Es posible que se produzcan réplicas tras este terremoto, algunas de las cuales podrían conllevar sacudidas intensas.
Resumen tectónico
El terremoto del 10 de agosto de 2026 en el oeste de Colombia se produjo principalmente como resultado de una falla de desplazamiento lateral (rumbo) a una profundidad de aproximadamente 110 km. Las soluciones del mecanismo focal para el evento indican que la ruptura ocurrió en una falla oblicua inversa y de desplazamiento lateral sinistral (izquierdo) con fuerte inclinación, o bien en una falla de desplazamiento lateral dextral (derecho) predominante con inclinación moderada. El sismo tuvo lugar en una región caracterizada por la subducción hacia el este de la placa de Nazca bajo la placa de América del Sur. Debido a su profundidad, es probable que el terremoto se haya originado dentro de la placa de Nazca en subducción.
Aunque comúnmente se representan como puntos en los mapas, los terremotos de esta magnitud se describen más adecuadamente como un desplazamiento a lo largo de un área de falla extensa. Los terremotos de desplazamiento lateral de la magnitud del evento del 10 de agosto de 2026 suelen tener unas dimensiones aproximadas de 105 km por 15 km (longitud por anchura).
Los terremotos con profundidades focales de entre 70 y 300 km, como este evento, se denominan comúnmente terremotos de "profundidad intermedia". Estos sismos representan deformaciones dentro de las placas subducidas, en lugar de ocurrir en la interfaz superficial entre la placa que subduce y la placa cabalgante. Debido a su profundidad, suelen provocar sacudidas menos intensas que los terremotos más superficiales de igual magnitud; no obstante, la sacudida puede ser fuerte y suele percibirse en una región más amplia. Los terremotos grandes de profundidad intermedia son frecuentes a lo largo de toda la zona de subducción de América del Sur. Por lo general, se atribuyen a fuerzas de flexión dentro de la placa subducida. El terremoto del 10 de agosto de 2026 ocurrió cerca del límite septentrional donde se registran terremotos de profundidad intermedia en la zona de subducción de América del Sur.
Desde 1950, se han registrado dos terremotos previos de magnitud 7 o superior." ...en un radio de 250 km de este terremoto; sin embargo, se localizaron cerca de la costa de Colombia. La región circundante al terremoto del 10 de agosto de 2026 ha experimentado históricamente sismos de menor magnitud, sin superar el grado 7. Entre los terremotos recientes que han causado daños en Colombia se incluyen sismos de subducción (en la zona de contacto entre placas) cerca de la costa y en el vecino Ecuador, así como sismos corticales superficiales ocurridos cerca de centros poblados del país.

lunes, 10 de agosto de 2026

 


 ¿Podría el próximo gran sismo ser en Ecuador?

El sismo de magnitud 7,4 que sacudió esta mañana el occidente de Colombia, con epicentro en San José del Palmar, Chocó, dejó decenas de muertos y cientos de heridos, y fue calificado como el de mayor magnitud registrado en el país en la última década. El movimiento se sintió con fuerza en Bogotá, Cali, Popayán, Manizales, Armenia, Pereira y Medellín, y también fue percibido en Ecuador y Panamá.
Ecuador y Colombia comparten la misma realidad geológica: ambos países están asentados sobre el Cinturón de Fuego del Pacífico, donde la placa de Nazca se hunde bajo la placa Sudamericana. Esa misma dinámica de subducción fue la que en 2016 provocó el terremoto de 7,8 grados en Pedernales, con más de 670 muertos.
Los sismólogos son claros en un punto: la actividad sísmica en un país vecino no "anticipa" ni "activa" un terremoto en otro. No existe forma de predecir cuándo ni dónde ocurrirá el próximo gran sismo. Lo que sí existe es un riesgo estructural permanente en toda la región andina, que exige preparación constante y no solo reacción tras la tragedia ajena.
Lo ocurrido hoy en Colombia es, sobre todo, un recordatorio: la pregunta no debería ser si un gran sismo puede repetirse en Ecuador, si el país está preparado para cuando ocurra.


 INAUDITO

Causa indignación estas escenas en el "Nuevo" Ecuador. Gente durmiendo en las veredas, en varias ciudades, en medio del frío que congela hasta los huesos, soportando lluvias, esperando que amanezca, para que la burocracia indolente y mediocre, abra las puertas de las oficinas de la Agencia Nacional de Tránsito, y poder tramitar la licencia, ya sea renovación o por primera vez.
Cómo es posible que esto suceda, es simplemente, inadmisible, imposible de aceptar en estos tiempos cuando la tecnología avanza a pasos agigantados; los ciudadanos, hombres, mujeres con sus hijos en brazos, de la tercera edad, tengan que sufrir las consecuencias de una falta de organización; mientras la propaganda que difunden en los medios y las redes, quieren hacernos creer que todo funciona de mil maravillas. Cuánto cinismo.
Como si fueran mendigos, se acomodan en las veredas, de uno en uno, con sus cobijas, cartones, plásticos para cubrirse, mientras la burocracia dorada descansa plácidamente en sus dormitorios, bajo techo, sin frío, sin hambre, los otros, los humillados sufren hasta lo indecible para obtener el "bendito" documento, que no es gratis, que cuesta. Y, cuando el desafortunado no tiene suerte, simplemente, tiene que esperar hasta que le toque la dicha de obtener un turno, que es como sacarse la lotería de la infamia.
"Lo falso se ha vuelto tan normal que la gente se ofende con la honestidad".
El Observador